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Mi primer LP

José (Pepe)Liboy Erba

Mis padres adoptivos se iban a separar, pero no encontraban cómo dejarme con mi nueva pareja de padres. La casa en la que iba a vivir también era otra, aunque mi primer papá me había llevado al terraplen donde la iban a levantar y ya sabía dónde iban a construirla. Era un baldío fangoso. Todavía, no habían hecho la urbanización. La primera casa donde viví me causaba frecuentes ataques de asma, y sólo por eso le habían recomendado a mi madre biológica, no solamente el cambio de casa sino de entorno habitable. Mis nuevos papás iban a seguir llamándose igual, para que no le diéramos una mala impresión a la comunidad. Incluso se iban a parecer físicamente a los primeros dos. En vista de ello, mi primer papá, para que no lo olvidara, me llevó al Gran Café de Arecibo, lo que en aquel entonces era un regalo extraordinario para un niño como yo. Después, me llevaron a Orlando y un primo de mi padre biológico supervisó la ceremonia de intercambio en un hotel. Aunque era una situación confusa y dolorosa, la presencia del primo de mi padre biológico me animó.

Lo primero que se le ocurrió hacer a mi nuevo papá fue adquirir un remolque, cosa que en su país no era rara, pues muchos en Florida viven en trailers. Entonces consiguió un tocadiscos portátil y el disco de todos los sencillos en ingles del 1976, que todavía conservo, y que tiene dos canciones alusivas a un momento histórico: el intercambio de prisioneros chinos y vietnamitas por prisioneros americanos. Eso fue en el año 1975, y el disco es de un año más tarde. Recuerdo especialmente dos canciones, la de 10ccy la de Captain and Tenille, que cualquiera puede oír en Spotify. Hablan las dos del amor. Una del amor que impedirá la separación, y la otra del que no quiere reconocer que ama a una persona.

Mi antiguo padre era empresario. Me llevó a ver el terraplén donde iba a vivir el resto de mi vida, y también otro terraplén en Fajardo que se iba a desarrollar. Decían que le pertenecía a la familia del primo que supervisó el famoso intercambio con mis nuevos progenitores.

Gil Boneta, que quedó a cargo de nosotros, era un destacado cuentista oral utuadeño, y fue esa creativa persona quien nos llevaba de un lado para otro en el remolque. Cuando me mandaron a Utuado a entrevistar a un tal Gil Boneta, conocedor de la historia familiar, todavía no estaba conciente de que el tan mentado Gil estaba conmigo en el terraplén. No obstante, porque tenía como 25 años más que todos, padres míos o no padres míos, murió hace quince años con un certificado de difunto que le quitaba por lo menos 10 años. En esa ocasión, también estuvo presente para animarme el doctor González Liboy, que sin duda es el primo de mi verdadero padre, pues como yo es portador del paludismo, el famoso sexto dedo en la mano derecha que, en la mano de mi hijo, no me deja duda de ser quien soy.

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