Miel que me das: “Esto pudo haber sido distinto” – Eurípides

Esto pudo haber sido distinto

 

Hermes, el hijo de Zeus y Maya, 

Inició muchos males

Cuando vino al valle de Ida

Guiando el carro de las triples diosas

Con una pelea odiosa por cargo 

A cerca de la belleza,

Hasta la casa de Paris, el pastor,

Hasta el pastor joven, ni muy astuto, 

Ni muy viajado,

Hasta el guardián de una casa desierta.

 

Las diosas, después de ir al bosque repleto de árboles

En medio de la montaña, a bañar 

Sus cuerpos brillantes en las corrientes

Del riachuelo, fueron al hijo de Príamo,

Lo engatusaron con hipérboles deshonestas,

Y fue Afrodita quien lo atrapó 

Con sus palabras mañosas,

Dulces al oído,

Pero amarga destrucción de la vida 

Para la ciudad de los frigios,

La infeliz ciudadela de Troya. 

 

Ojalá lo hubiera tirado 

Por encima de su cabeza, a este mal,

La madre que lo parió, 

A esta maldición, antes de que hubiese 

Vivido en el monte rocoso de Ida,

Antes, cuando Casandra, 

Junto al altar de los laureles gritó 

Mátenlo,

A esta catástrofe de la ciudad de Príamo.

¿A cuántos ancianos no fue a rogarles

Que abortaran al feto?

 

El yugo de la esclavitud no hubiese 

Caído sobre Troya

Y tú, mujer, vivirías en casa de reyes,

Le habría ahorrado a Grecia los dolores

Que por diez años sufrieron sus jóvenes, 

Sosteniendo la guerra con sus lanzas en Troya

Y las camas no estarían desiertas

Y los viejos no serían huérfanos. 

 

Coro de la Andrómaca de Eurípides (ll. 274-308) en traducción de Cristina Pérez Díaz

Dibujo original en tinta sobre papel de Emanuel Torres

 

Nota de la traductora

El coro que presento aquí en traducción presupone en el público el conocimiento del mito que explica los orígenes de la Guerra de Troya. Es un lamento por lo que pudo haber sido distinto: la guerra que se pudo haber evitado, el presente que podría ser menos terrible. Lo canta un grupo de mujeres, a mi entender esclavas. 

La historia va así: A Eris, la diosa de la discordia, no la invitaron a la boda de Tetis y Peleo (una diosa con un mortal, futuros padres de Aquiles), pero ella igual se apareció en la fiesta, arrojó una manzana diciendo “para la más bella”, y las diosas Hera, Afrodita y Atenea la quisieron coger, pero Eris no dijo para quién era. Se formó una pelea. Zeus decide que la cuestión se llevaría a juicio y que el juez sería Paris, un hijo del rey troyano Príamo que vivía alejado del palacio como un pastor de ovejas en la falda del monte Ida. Hasta allí llegaron las tres diosas en un carruaje guiado por Hermes, el dios mensajero. Cada una trató de persuadir a Paris prometiéndole sus dotes correspondientes, y al final ganó Afrodita, quien le prometió a Helena, la mujer más bella. Este es el origen mitológico de la mitológica guerra de los Aqueos contra Troya. Sucede que Afrodita prometió a Helena sin importarle que ella ya estaba casada con el rey micénico Menelao, quien junto a su hermano Agamenón organizó una flota para ir a recobrar a su esposa, lo cual resultó en una guerra de diez años, la muerte de miles de hombres de ambos bandos, la quema y saqueo de la ciudad de Troya, el asesinato de los hombres y niños troyanos, y la violación y esclavización de las mujeres vencidas. 

Varias tragedias se centran en los estragos de esta guerra. La Andrómaca de Eurípides se enfoca en la experiencia de la princesa que da título a la obra, quien fue esposa de Héctor, el guerrero más importante del lado de los troyanos, a quien Aquiles mató y cuyo cadáver desacralizó, arrastrándolo al rededor del campamento amarrado a un carro. Años después, al caer la ciudad, cuando Aquiles ya había muerto, su hijo Neoptólemo arrojó al niño Astyanax desde el tope de una de las torres de la ciudadela—Astyanax, el pequeño hijo de Andrómaca y Héctor que aparece en la escena más tierna de la Iliada, asustado al ver a su padre en armadura cuando este, a punto de regresar al campo de batalla, se despide en el canto VI de su hijo y esposa por última vez. Tras el asesinato del niño, Neoptólemo escogió a Andrómaca como su botín, y se la llevó a su casa para que fuera su esclava y concubina.

La tragedia de Eurípides comienza aquí, con Andrómaca esclavizada en la casa de Neoptólemo. Aún está en duelo por su esposo Héctor y su hijo Astyanax, y ahora es madre de un hijo de Neoptólemo. Es una situación paradójica, pues en ese hijo se reúnen el dolor y el odio contra el asesino de su hijo anterior, a la vez que representa su seguridad, pues como madre de un hijo del amo goza de un cierto privilegio dentro de su esclavitud. Esa seguridad ahora se ve amenazada cuando Neoptólemo sale de viaje y deja la casa a cargo de su nueva esposa, la princesa espartana Hermíone, la hija de Menelao y Helena que, como Neoptólemo, creció durante la guerra. Hermíone es estéril y se siente amenazada por la esclava que ha dado a luz a un hijo varón (posible heredero de la propiedad), y tiene planes para matarlos mientras su esposo está ausente. 

Melodrama aparte, la tragedia puede leerse como una reflexión en torno a los estragos de la guerra en los cuerpos de las mujeres: Andrómaca, convertida en una esclava sexual y forzada a refugiarse en un hijo que no puede ser sino el sustituto macabro de su hijo asesinado; Hermíone, abandonada por sus dos padres durante los diez años de la guerra, ahora entregada como esposa a uno de los hijos más crueles que la guerra crió, y puesta en una posición precaria al no poder producir un hijo heredero para ese esposo con las manos sangrientas.

*En marzo del 2020, estaba montando mi traducción al inglés de esta obra en Columbia University cuando estalló la pandemia y tuvimos que cancelar. Durante meses había estado colaborando con el músico Alejandro Kauderer, quien creó piezas que serían mezcladas en vivo en las funciones. Tras cancelar la obra, él hizo un EP con partes de la música que puedes escuchar siguiendo este link: Música para la Andrómaca de Eurípides (Alejandro Kauderer)

Artículo anteriorPerspectiva de género necesaria e imperativa
Artículo siguiente“La historia de Uma o Vishvarupa (capaz de rememorar vidas venideras)”