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Miel que me das: “Piropo” – Corinna

Piropo

Por ti Hermes se va a los puños con Ares. 

 

Fragmento 666 (Page) de Corinna en traducción de Cristina Pérez Díaz
Dibujo en tinta sobre papel de Emanuel Torres

 

Nota de la traductora

Ares es el dios de la guerra; Hermes, el dios mensajero, encargado de la palabra y de la persuasión. En este fragmento, Hermes deja de lado la palabra para ponerse los guantes y pelear en un terreno en el que, podríamos especular, lleva las de perder. Pero Ares no sería el primer dios con quien Hermes entrara en una batalla asimétrica. Cuenta el himno dedicado a él que el mismo día en que nació, el pequeño dios le robó cincuenta vacas a Apolo. De ese robo al dios, cuyo epíteto dice que hiere desde lejos, salió victorioso. Eventualmente, Apolo mismo le enseñó el arte de la adivinación. No por nada en el himno se describe a Hermes como “el príncipe del truco.” Es un dios muy cercano a la poesía. Recién nacido, antes del robo del ganado apolíneo, se encontró en el camino una tortuga, cuyo caparazón utilizó para inventar inmediatamente la lira y echarse a cantar una canción. Pan, el famoso dios de Arcadia, la región más poética, es su hijo, y fue Hermes también quien inventó la flauta que el dios arcadio toca, la siringa (en inglés, “panpipes”). Que Zeus confiaba en él como mensajero queda claro por las tareas que le asignó, entre ellas ser su corresponsal en el caso de Prometeo, cuando el titán estaba amarrado a la roca, sus tripas perpetuamente devoradas por el águila, y aún así no quería rendirse a las demandas del dios del rayo en el Olimpo. Y fue también Hermes quien medió las palabras eróticas con las que Zeus, enamorado, seducía a Ganimedes. Mediador por excelencia, Hermes es el dios de los mensajes: ya sea del mensaje directo o sus reversos: la poesía, la magia, el engaño. Verlo aquí, en este fragmento de Corinna, dejando de lado sus atributos para ponerse a boxear, nada más y nada menos que con el dios de la guerra, es lo que menos sorprendente. 

¿Quién será ese “tú” al que se dirige el poema, tan anómalo que tiene el poder de desarmonizar el orden de los dioses, quitándole la palabra a la divinidad misma que la tiene a su cargo, de tornar las cuerdas musicales en golpes pugilísticos? 

Imaginemos que aquí, como en otros fragmentos, Corinna se habla a sí misma y es ella la destinataria del poema. El verso sería entonces una poética en miniatura: la pelea entre Ares y Hermes indicaría una elección de género, pues Ares, siendo el dios de la guerra, simboliza el género de la poesía épica, mientras que Hermes, inventor de la lira y la siringa, padre de Pan, está claramente ligado a la poesía lírica y bucólica. Que Hermes se vaya a los guantes con Ares, en un nivel alusivo metapoético, significaría no tanto el abandono de la palabra en favor de la pelea, sino la intromisión de la lírica con la épica. Una técnica mixta. Dado que se trata de un enfrentamiento, quizás quiera decir, no que Hermes abandona su género de poesía propio, sino más bien que asume ciertos modos pertenecientes a ese otro género, se vuelve un tanto bélico. Ovidio, quien tomaría de la Corinna histórica el nombre para nombrar metapoéticamente a su objeto amoroso en el libro Amores, hará algo similar, usando motivos e imágenes de la guerra para hablar del amor en poemas híper conscientes de su estatus lírico. El famoso poema con que abre el libro declara que el poeta se disponía a escribir una épica en hexámetros cuando Cupido, siempre truquero, le robó un pie métrico a la segunda línea, convirtiendo así el dístico en uno elegiaco, cambiando el género del poema, que ya no sería épico. Luego lo hirió con su arco y así le dio, de paso, el tema del poema que viste el libro en el título mismo: amores. Con ello Ovidio señala que el metro del libro está vinculado con la temática: en vez de un poema sobre la guerra en hexámetro dactílico, se trata de poemas amorosos escritos en dísticos elegiacos—la elegía en la antigüedad grecorromana no tenía el sentido moderno de poema sobre la muerte, sino que podía ser de cualquier tema, y entre los poetas Romanos se convirtió en el metro por excelencia de la llamada “poesía amorosa.” Es una excusa elegante y deshonesta con la que Ovidio aparenta asumir como un juego impuesto por los dioses la elección de un género poético y una temática de menor prestigio que las batallas heroicas y el metro serio y decoroso de la épica. Volviendo a Corinna y a su poética en miniatura, llevada a cabo alusivamente mediante los puños entre Hermes y Ares, es una especulación probable, pues a Corinna se la ha caracterizado como una poeta muy consciente del género en el que escribe; de hecho, Clayman ha dicho que se trata del primer caso de conciencia emergente de género en Occidente, y Lamour ha argumentado que sus poemas son una forma de crítica literaria antes de que esta existiera. En todo caso, que si esto es, como invento en el título, un piropo, un piropo que implica toda una poética, no se trataría de decir que por una mujer dos hombres se pelearon, sino de la producción triangular de un poema siempre más complejo y más sutil.

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