Mirada al País: A cuchillo de palo

 

Especial para CLARIDAD

Hace poco se cumplieron 100 días desde que Pedro Pierluisi juramentó como gobernador de Puerto Rico. Está fresco en nuestra mente como, según su campaña eleccionaria, todos los problemas en el país se resolverían si él lograba la gobernación. Independientemente de lo ilusorio o demagógico de su discurso o del poco tiempo que lleva en la gobernación, lo cierto es que Pierluisi no ha satisfecho las expectativas de un gran sector de la población y ha resultado ser un fiasco para muchos otros. Solo un puñado de fanáticos puede sentirse complacido con las ejecutorias de un gobernador que ha demostrado tener muy poca profundidad y empatía hacia el país.

En su carrera política, Pierluisi había logrado lucir relativamente bien como Comisionado Residente, escudado en el trabajo congresional en Washington, evitando entrar en controversias con los gobiernos de su partido y proyectándose como una figura ecuánime y conciliadora. Logró mantenerse al margen de los escándalos que protagonizaba su partido cuando alcanzaba el poder, sin que pudiera vinculársele directamente con los cada vez más frecuentes y descarados actos de corrupción. Amparándose en esa proyección y a pesar del papel lastimoso que jugó luego de la expulsión de Ricardo Rosello al proclamarse gobernador, actuación que fuera rechazada unánimemente por el Tribunal Supremo de Puerto Rico, insistió en aspirar a esa candidatura en las elecciones del 2020, logrando la victoria con un escaso 33%. Cabe decir que, si en Puerto Rico hubiera existido la segunda vuelta, muy probablemente Pierluisi hubiera perdido la elección. Mas, el deficiente sistema electoral que ha prevalecido en nuestro país, nos ha condenado a sufrir los desmanes de un bipartidismo abusivo y rancio del que Pierluisi, cómodamente, ha formado parte toda su vida. Gracias a ello logró una de sus grandes aspiraciones: ser gobernador de Puerto Rico.

Durante su vida política, Pierluisi se ha alineado con los grandes intereses y gracias a ello su haber patrimonial ha crecido exponencialmente. Es harto conocido que Pierluisi favoreció la aprobación de la Ley Promesa, que a su vez nos impuso la Junta de Control Fiscal, organismo al que asesoró en varias instancias como miembro del bufete O ‘Neill & Borges al que perteneció antes de ser nombrado Secretario de Estado por Ricardo Roselló. De ahí que haya determinado ser él, personalmente, el representante del gobierno ante la Junta, entidad con la que ha confraternizado plácidamente, a pesar de las decisiones draconianas que ese ente continúa tomando en contra de los mejores intereses del pueblo. Muchos creyeron que su proceder pausado y cortés, venía acompañado de la humildad y la honradez que muchos(as) ansían y consideran indispensable en un buen gobernante. Sin embargo, no bien juramentó, dejó ver sus verdaderos colores, comenzó a defraudar sus promesas y demostró ser un politiquero más. Aun cuando en su mensaje de Estado dijo que no vino al gobierno a pelear, lo cierto es que Pierluisi nos mata a cuchillo de palo.

A pesar de todos los problemas que reconoció existen en el país, los cuales ofreció atender con premura y determinación, Pierluisi ha centrado toda su atención en la llegada de fondos federales y en promover la estadidad. A pesar de que muchos compatriotas padecen penurias tales como la falta de acceso a un trabajo, a vivienda digna, a buenos servicios de salud, a transportación pública eficiente, a una educación accesible y de calidad, así como carencia de alimentos, inseguridad y salarios injustos, Pierluisi ha puesto su empeño en despilfarrar millones de dólares en la elección de seis cabilderos por la estadidad. Ello demuestra su deslealtad hacia el pueblo que gobierna y su desapego de la realidad cotidiana de grandes sectores de puertorriqueños y puertorriqueñas, para quienes la vida es una lucha incesante y desesperanzadora. Su prédica en favor de más fondos federales, más ayudas y más dependencia, va de la mano con su obsesivo afán por alcanzar la anexión de nuestra nación a otra que hoy se resquebraja con la violencia que emana del germen de la desigualdad y el racismo. Pierluisi desconoce a las instituciones que afirman nuestra identidad como pueblo latinoamericano y caribeño, pueblo del que él no se siente parte. Pierluisi no tiene un proyecto de País porque no nos considera país, sino ciudadanos americanos que vivimos en un territorio. De ahí que sabotee toda posibilidad de empoderamiento y desarrollo de nuestras comunidades, lo que les permitiría reconocer el valor del esfuerzo propio y el perjuicio que para ellas entraña la cultura de la subordinación y el sometimiento que, por décadas, los gobiernos de turno han promovido. De ahí que Pierluisi promueva entregar nuestro país a los intereses privados, sofocando nuestras oportunidades de crecimiento económico mientras le da la espalda a los legítimos reclamos de los sectores que luchan contra proyectos nefastos, tales como el contrato de Luma Energy, la privatización de la transportación marítima entre Vieques y Culebra y la Isla Grande, el recorte a las pensiones de retiro y los efectos que tiene sobre nuestro país la implantación de la ley 22. Por eso calla ante la propuesta de privatización de los peajes, los continuos recortes al presupuesto de la UPR, el monopolio de los muelles, los abusos de las aseguradoras, la continua amenaza a nuestros recursos naturales y el acelerado empobrecimiento del país.

Ante la crisis que vivimos, Pierluisi se pasea impávido sobre las aguas turbulentas en las que se ahoga el pueblo y, tranquilamente, toma un avión para comparecer a las vistas congresionales sobre proyectos de estatus, mientras en Puerto Rico se vive una alerta roja por el repunte desmedido de los contagios del covid-19 y la violencia es la orden del día. A solo 100 días de su juramentación, el gobierno de Pierluisi augura un cuatrienio sombrío y desalentador que nos exigirá asumir grandes riesgos y forjar nuevas luchas para salvar el País.

AL autora es presidenta del Movimiento Unión Soberanista (MUS).

 

 

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