Mirada al País Con Haití en nuestro corazón

 

Especial para CLARIDAD

 El pasado jueves 8 de julio me dio un vuelco el corazón cuando, cosa rara, la estación de radio que escuchaba anunció una noticia de última hora sobre Haití, bien temprano en la mañana. Me dije a mi misma “Otra vez no, por favor”, pensando en las múltiples desgracias que el vecino y hermano Pueblo ha enfrentado y de las cuales se han levantado por la valentía y voluntad férrea que tienen. Se trataba del asesinato del presidente Jovenel Moise. Son múltiples y muy acomodadas las versiones que circulan sobre quienes lo ejecutaron en su propia cama, a pesar de que se supone estuviera rodeado de seguridad. Aunque inicialmente dijeron que la primera dama estaba grave, e inclusive que había fallecido, la trasladaron a Florida, al parecer cortesía de la embajada de Estados Unidos. Durante el fin de semana ofreció un mensaje sobre lo sucedido, hablando de su esposo como si fuera un mártir e instando al pueblo haitiano a luchar por “los sueños” que tenía el empresario y presidente ilegítimo. La verdad monda y lironda es que quería perpetuarse en el poder.

Precisamente el Comité de Solidaridad con el Pueblo de Haití se había reunido el lunes antes del magnicidio para hablar sobre las necesidades de mantenimiento de la escuela que construimos en Leogane, pero sobre todo, para analizar la grave situación de violencia, asesinatos, secuestros que están ocurriendo en Haití y las violaciones constitucionales que estaba cometiendo el presidente Moise. Este había abolido organismos gubernamentales, encarcelado jueces, destituido alcaldes y estaba gobernando por decreto; en lenguaje coloquial, por sus pantalones. En la reunión trazamos un modesto plan para mantener el tema de Haití en la discusión pública boricua, conscientes de que la prensa comercial no mira hacia esa parte de La Española, a menos que haya fenómenos naturales y tragedias que muevan la solidaridad para la cual siempre está dispuesta nuestra gente.

Lo cierto es que a partir de las elecciones en las que resultó electo Moise, prácticamente escogido de dedo por el presidente anterior, Michel Martelly, su mandato fue cuestionado, entre otras cosas, por la escasa participación que hubo. Solamente el 21 por ciento de las personas hábiles para votar acudió a las urnas. Las controvertibles decisiones tomadas por el asesinado presidente y su pretensión de mantenerse en el poder mediante una enmienda constitucional que le permitiría ser reelecto, reavivaron las protestas en las calles que no cesaron durante meses. Los temas enarbolados como banderas eran las acusaciones de corrupción, incluyendo el escándalo de Petro Caribe mediante el cual el Programa de incentivos del gobierno venezolano no llegó a las manos del empobrecido Pueblo, sino a las de empresarios, incluyendo a Moise, quien nunca dejó de velar por sus propios intereses. También el cada vez más dramático empobrecimiento de la gente, el abandono de la reconstrucción del país, luego del terremoto de 2010. La ayuda humanitaria que llegó de todas partes del mundo se hizo sal y agua. Además, se ha mantenido en cuestionamiento la ingobernabilidad del país manifestada en la violencia ejercida por las pandillas que secuestran, asesinan y siembran el terror en las comunidades, ante la inacción del gobierno cuya Policía reprime sin piedad a quienes protestan en las calles, pero parecen cómplices de los que perpetúan el terror. El narcotráfico es otro de los componentes que sirve de combustible a la crisis haitiana.

El 29 de junio, pocos días antes del inusual asesinato del presidente, 15 personas fueron asesinadas en la oscuridad de la noche, incluyendo el destacado periodista Diego Charles cuando la activista feminista del partido de oposición Matris Liberasyon, Antoinette Duclair, lo dejaba en su casa. La también periodista de 33 años que tenía entre sus luchas la erradicación de la violencia contra las mujeres y la rendición de cuentas, corrió la misma suerte. Además del alto número de periodistas y defensores de los derechos humanos que han perdido la vida a manos de las bandas y de la Policía que reprime las manifestaciones y se lleva por delante a quienes informan sobre ellas, recordamos al presidente del Colegio de Abogados de Haití, Me Monferrier Dorsal. EL Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico emitió declaraciones condenando esa infamia.

El panorama político de lo que ocurrirá en la primera república negra del mundo y segundo país en América en obtener su independencia es incierto. Claude Joseph quien fue nombrado de forma ilegítima, a dedo, como primer ministro por Moise, saltó al escenario para tratar de asumir el control del país y declaró el estado de sitio. Sin embargo, su mandato vencía el 9 de junio pues el asesinado presidente había usado el dedo nuevamente para nombrar a Ariel Henry, aunque éste no llegó a ser investido. El gobierno de Estados Unidos reconoció a Claude Joseph al igual que la Organización de las Naciones Unidas y respaldaron su decisión. Colombia, de donde se dice proviene la mayor parte del Comando al que se le adjudica el asalto a la residencia de Moise y su asesinato, ha metido la cuchara y están en Haití investigando, o tal vez encubriendo, lo sucedido. El gobierno de Biden enviará al FBI con el mismo propósito. En una acción paralela, el Senado haitiano, que no tiene quórum, nombró como presidente provisional a Joseph Lambert, quien dirige ese cuerpo legislativo, acción que aparentemente es respaldada por partidos de oposición y organizaciones de la sociedad civil. En una resolución de consenso plantearon la creación de un consejo electoral tmbién provisional y que se encamine el país hacia las elecciones.

Voces del exterior y del interior del país, que tienen que ver con sus propios intereses y no con el bienestar del sufrido, pero valiente pueblo haitiano, han comenzado a clamar por la intervención extranjera para “traer orden y establecer la paz”. Sin embargo el sector progresista del país y las organizaciones en lucha contra la corrupción, la defensa de la soberanía nacional y el derecho del pueblo haitiano a su libre determinación están opuestos a esa inherencia extranjera. En ocasiones anteriores en que la isla hermana ha sido ocupada por Estados Unidos o las fuerzas “de paz” de la ONU ( MINUSTAH o Cascos Azules), la llamada “paz” no cambió el empobrecimiento y la desigualdad, pero sí trajo el cólera propagada por las tropas intervencionistas, así como agresiones sexuales contra las mujeres y niñas, entre otros males.

Desde Puerto Rico debemos mantener los ojos puestos en la Haití, “tierra de montañas” y el pueblo que persevera ante la adversidad, la pobreza en su máxima expresión, las dictaduras y malos gobiernos y la indiferencia de las grandes potencias que pretenden utilizarla como pieza de sus propios juegos políticos. La historia revelará quienes fueron los perpetradores políticos del asesinato del presidente Moise, más allá de sus ejecutores y cuáles fueron las causas. Mientras tanto, nos corresponde apoyar la no intervención extranjera, que es la voluntad de las organizaciones haitianas en lucha. A pesar de la distorsionada imagen de que son incapaces de gobernarse a sí mismos, se trata de un pueblo inteligente, valiente, que venció a la potencia francesa para emanciparse de la esclavitud y del coloniaje, que no es poca cosa. Tengo la esperanza de que podrán levantarse nuevamente y sin duda podremos contribuir a ello, manteniéndoles presentes en nuestros corazones caribeños y en nuestras acciones de solidaridad.

 

 

 

 

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