Mirada al País: El pactote colonial

 

Por Eduardo Lalo/ Especial para CLARIDAD

La mañana del domingo 26 de julio fue como cualquier otra. Me levanté más tarde de lo usual, me preparé un café y fui a mi escritorio a leer la prensa en línea y pasear la vista distraídamente por Facebook. Vi caricaturas de Trump, referencias a artículos y estadísticas sobre la pandemia de COVID 19, comentarios de gente conocida y desconocida y en el medio de todo ello me topé con esta comunicación, por lo que parece hecha originalmente en Twitter: “Hoy celebramos el único instrumento efectivo de cambio social en nuestra historia. Antes del ELA éramos el país más pobre del hemisferio. Luego somos uno de los más prósperos y de más libertades ciudadanas. ¿Así o más claro?” El que firmaba al pie de estas líneas que hilvanaban conclusiones fantasiosas y sin probar que se han repetido por generaciones era Alejandro García Padilla.

Para la mayor parte de mis lectores esta explicación es ociosa, pero quiero hacerla desde la realidad más cruda y cotidiana, sin recurrir como los creyentes en la teoría de la tierra plana del ELA a las cortinas de humo de un leguleyismo colorado y ponceño. El Estado Libre Asociado no existió nunca y por lo tanto no existe ahora ni lo hará en el futuro. Ni siquiera Muñoz Marín pudo insistir en que se le llamara en la otra banda “Free Associated State” y metió por enésima vez más el rabo entre las patas frente a “los americanos”. En la jurisprudencia estadounidense no hay “autonomía” y el ELA fue la estrategia, inscrita en lógicas geopolíticas de la Guerra Fría, para convertir a Puerto Rico en un bastión militar (13% de nuestro territorio llegó a estar ocupado por bases militares) y posteriormente en una vitrina de propaganda anticomunista. El caso de Sánchez Valle, la junta PROMESA y tantas otras cosas han derrumbado cualquier ilusión, pero el asunto es mucho más básico, pedestre y patético. Algo existe cuando alguien lo reconoce. Sabemos si Alejandro García Padilla es una persona y no una idea sin contenido, cuando luego de haberlo conocido, se da caso de encontrarlo en un espacio real y no imaginario u onírico. Entonces nuestro sistema cognitivo pone en marcha un proceso de re‑conocimiento mediante el cual determina que Alejandro García Padilla es efectivamente un ser humano real y no una fisionomía hipotética. El ELA, a pesar de casi 7 décadas ininterrumpidas de gloria constante y sonante en mentes incapacitadas por el colonialismo, no ha podido producir esta primerísima etapa de incursión en la realidad. Ningún francés, chino, ruso, alemán, turco, ni ninguno de sus respectivos países considera a Puerto Rico y re‑conoce, es decir valida nuevamente lo que ya daba por un hecho, el Estado Libre Asociado.

Debo confesar que la ingratitud de la mañana del domingo fue, desgraciadamente, en aumento. Pronto hallé en la pantalla un anuncio de la campaña primarista de Eduardo Bhatia, con un texto que me conmovió a tal punto que tuve que reconsiderar la bajeza a la que hay que ser capaz de llegar para alcanzar esta megainfrazona de irresponsabilidad intelectual: “¡Arriba Puerto Rico! Hoy celebramos nuestra Constitución y el Estado Libre Asociado. Soy estadolibrista, siempre he defendido el ELA y creo en el desarrollo de la asociación con los Estados Unidos.” En el anuncio aparece luego un vídeo en el que Bhatia participa en una vista en el Congreso quejándose de que en la relación de Puerto Rico con Estados Unidos el segundo tiene explícitamente el derecho de vender, regalar o hacer lo que quiera su reverenda gana con el primero. Hay gente que se cree extraterrestre o “Jesucristo el hombre”. Eduardo Bhatia se cree “estadolibrista”, pero como García Padilla, su homólogo en juegos de policías y ladrones y vaqueros e indios, “creerse estadolibrista” como toda creencia, como toda ficción, no es de ninguna manera real para una comunidad que no comparta sus desvaríos. Ahora mismo, cada vez que escribo “estadolibrista” el auto corrector de la computadora lo subraya en rojo. Literalmente, el término no existe.

Pero en esta sarta de patetismos no acabó la cosa. Unos mensajes más abajo, apareció el otro candidato popular a la primaria a la gobernación. Siento no poder informar cómo se llama. Sin embargo, sé que recientemente se compró un carro lujosísimo y que fue ungido, no por la Wanda gobernante sino por una Wanda mesiánica y cuatrera de candidatos dispuestos, como los aquí mentados, a cualquier indignidad con tal de llegar al corte del bacalao presupuestario. El lema de este hombre bien trajeado es “¡Hacia la segunda transformación!”, que es como decir directo al enésimo paquete. Además, el candidato propone en el futuro próximo, cuando llegue a ser gobernador, que tratará de “concertar un pacto verdadero” con Estados Unidos. Así que, según el chófer del carro lujoso y candidato, el ELA como universalmente no se re‑conoce en los cuatro puntos cardinales fue y es un pacto paquete, es decir un pactote imaginario. Supongo, que este candidato determinará, además, camino a la segunda transformación de lo inexistente, en el juego de roles entre manipuladores y falsarios, cuáles fueron los papeles predilectos de Muñoz y Hernández Colón.

Estos candidatos imaginarios de un pacto imaginario de un partido imaginario deberían salir a las calles y abrir los ojos. A la vista está su obra. Muy reales ruinas, la bancarrota y la deuda impagable, la emigración sin pausa, el empobrecimiento y precarización de toda la población excepto los que como ellos compran autos lujosísimos y viven en mansiones. El pactote del ELA, la ley no del silencio sino de la mentira de un partido político que década a década observa como todo se hunde mientras mantiene viva una retórica triunfalista carente de relaciones con la realidad, en una demostración de una irresponsabilidad intelectual que de tan mayúscula resulta casi inconcebible.

Ayer, 25 de julio, cuando estos figurones escribieron sus mensajes fulgurantes, nadie celebró el elagíaco pacto paquete, el pactote colonial de los ridículos.

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