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Mirada al País: El Vaso: hielos y espacios

 

Especial para CLARIDAD

Hace ya muchos años un viejo profesor solía comparar al sistema económico con un vaso lleno de cubos de hielo. Parece lleno, pero no lo está. El espacio vacante entre los cubos de hielo es considerable, tanto que cuando al fin se derriten se advierte que a duras penas llenan la mitad del vaso. Con esta analogía el profesor quería demostrar que si el sistema se compone de una o pocas formas empresariales, o carece de una base poco diversa en la provisión de artículos y servicios, quedarán muchos espacios vacíos. Tarde o temprano, como cuando los cubos de hielo se derriten, el sistema colapsa. Para evitarlo hay que mantener ocupados los espacios.

El papel de los hielos del vaso en la economía de Puerto Rico corresponde a las grandes empresas de inversión directa externa y al gobierno. Los espacios los intentan llenar numerosas pequeñas y medianas empresas locales que se desempeñan en la agricultura, en cierta modesta manufactura y en un sinfín de servicios, desde la construcción hasta la plomería y la electricidad, desde la cocina hasta el mantenimiento, desde la educación hasta la salud, desde la barbería hasta el salón de belleza, desde el colmado hasta el restaurante y el chinchorro… No se deben pasar por alto, también llenando espacios, las empresas cooperativas y las diversas gestiones comunales.

Los hielos tienen la mala costumbre de derretirse. Entonces se sustituyen. Así, la inversión directa externa en la manufactura pasó del enclave textil a las petroquímicas y de éstas a las farmacéuticas, ahora en aguas calientes debido a cambios tributarios – derogación de la sección 936 y alteraciones en las disposiciones contributivas que cobijan a las corporaciones foráneas controladas –, a vencimiento de patentes y a la competencia internacional. Por su parte, el bloque de hielo gubernamental también se derrite ante el calor de la insuficiencia fiscal, la deuda y las dificultades operacionales.

Si por un lado los hielos se derriten, por otro lado los ocupantes de los espacios han estado sometidos a un intenso proceso de evaporación que amenaza su existencia. El embate del Covid-19, y los cierres parciales o totales que ha provocado, ya ha esfumado a los más vulnerables.

Otros, sobre todo en el campo de los hielos, han resultado favorecidos, como, por ejemplo, las llamadas mega-tiendas y los que venden en línea. También se debe tomar nota del creciente dominio de estructuras de oligopolio en el mercado de Puerto Rico,  particularmente en el comercio, las finanzas, la transportación marítima y las comunicaciones.

Desde antes de los huracanes, los sismos y la pandemia las tendencias no eran buenas: pobre promoción de la inversión directa externa, bancarrota fiscal y dominio de la ideología privatizadora – derretimiento del hielo – conjuntamente con cierres y evaporación de empresas locales. Huelga recalcar que tales tendencias se han intensificado. Lo peor es que, ante la crisis económica, no existe una política pública coherente enfocada en superarla.

El Departamento de Desarrollo Económico se ha convertido en un cementerio. Bajo sus lápidas yacen la Junta de Planificación, la Compañía de Fomento Industrial, la Compañía de Comercio y Exportación y la Compañía de Turismo. Todas inutilizadas. La promoción industrial y turística está en mano de dos entidades privadas solventadas con fondos públicos – Invest Puerto Rico y Discover Puerto Rico – que no son otra cosa que artilugios enajenados que sirven, si es que sirven, para muy poco.

Mientras tanto no se le presta mayor atención, excepto con retórica vana, a iniciativas que podrían ocupar los espacios, desde empresas cooperativas y comunales hasta empresas de capital conjunto en campos como el farmacéutico – medicamentos genéricos – y el agroalimentario. Hace unos días el presidente de la Junta de Directores del Banco Popular señaló en una entrevista que no había insuficiencia de liquidez en las instituciones financieras sino falta de préstamos. Esto puede interpretarse como ausencia de oportunidades de inversiones productivas. Hay que potenciarlas. Hay que comenzar a llenar el vaso.

Para mucha gente el trabajo se ha convertido en un medio precario para lograr su seguridad material. El acceso a las  “ayudas” parece ser la única respuesta oficial. Pero la ayuda bien diseñada – aquí dista de estarlo – es la que se torna innecesaria. Para ello es imperativa la ampliación de la base productiva.

El trabajo no es únicamente el medio para proveer “ropa, zapato, casa y comida para Pedro, Pablo, Chucho, Jacinto y José” como dice el estribillo de una vieja canción popular que, por cierto, olvidó a María, Rita, Lola, Rosa y Pepa. El trabajo ayuda a estructurar los días y la vida. Es fragua de identidad. Ofrece la oportunidad de la profunda realización personal que nace de ser útil y de sentir que se colabora con otros. Es parte fundamental del pegamento social. Por todo esto y mucho más hay que darle prioridad al esfuerzo para llenar el vaso y, si el esfuerzo resulta infructuoso, hay que preguntarse por qué no se puede llenar. Lo importante es no temerle a la respuesta…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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