Mirada al País: Estadidad ¿SI o NO?

 

Por Rafael Bernabe/ Especial para CLARIDAD

 

El Movimiento Victoria Ciudadana, al cual pertenezco y del cual soy candidato al Senado por acumulación está compuesto por personas que defienden distintas opciones de estatus. Esto no quiere decir que el MVC no tenga posición ante el status. El MVC considera que Puerto Rico es una colonia. Considera que la descolonización es una tarea urgente. Está comprometido a iniciarla convocando una Asamblea constitucional de Estatus. En ese sentido, considera que consultas como la que se realizará en noviembre no resuelven el problema, como no lo han resuelto los cinco plebiscitos que ya se han realizado. Es decir, es otro malgasto de fondos, en momentos que no estamos para tales lujos. Sin embargo, incluso este tipo de consulta puede tener un impacto político y es legítimo que los defensores de distintas opciones de status decidan participar, a pesar de las deficiencias del proceso. Por tanto, el MVC dejó en libertad a sus integrantes de votar o no votar en la consulta, según les dicte su análisis y conciencia.

Como se sabe, la consulta de noviembre, a diferencia de las anteriores, no nos plantea escoger entre distintas opciones de status. La pregunta es más sencilla: se solicita que nos definamos ante una opción de status en particular. La pregunta es: estadidad ¿SI o NO? Como independentista pienso votar NO en la consulta de noviembre. Quisiera explicar rápidamente por qué rechazo la estadidad, enfatizando el aspecto económico del problema. Mis ideas, debo señalarlo, coinciden con la posición asumida por el grupo Democracia Socialista, que puede consultarse en su página (https://democraciasocialista.net/plebiscito2020/)

La situación colonial no solo implica subordinación política. Tiene una dimensión económica. Repesemos algunos aspectos de esa economía colonial. Desde principios del siglo XX la economía de Puerto Rico ha estado controlada por el capital norteamericano y se ha desarrollado bajo la presión de su competencia irrestricta. Esto ha tenido como consecuencia: la especialización unilateral de nuestra economía en sus distintas etapas (del monocultivo azucarero a la época de la farmacéuticas, pasando por la manufactura liviana en la época de Manos a la Obra); la discontinuidad de nuestro de desarrollo (según se salta de un eje de crecimiento a otro); el flujo fuera del país (es decir, la no reinversión en el país) de buena parte del excedente o de las ganancias que aquí se generan; como consecuencia de lo anterior (de la unilateralidad y no reinversión de ganancias), la incapacidad de la economía colonial de generar empleo suficiente para nuestra fuerza laboral (por tanto, las altas tasas de desempleo y las bajas tasas de participación laboral); la persistencia, por tanto, de bajos salarios, baja ingreso per cápita y altas niveles de pobreza comparados con Estados Unidos; la consiguiente necesidad de miles de personas de emigrar en búsqueda del empleo que no logran encontrar en Puerto Rico y la elegibilidad de muchos en Puerto Rico para programas de asistencia social cubiertos con fondos federales. Durante los años de expansión económica de postguerra (entre 1950 y 1970, aproximadamente) el ingreso per cápita aumentó y los niveles de pobreza cayeron significativamente en Puerto Rico. Puerto Rico alcanzó la mitad del ingreso per cápita del estado más pobre (Mississippi). Pero desde entonces (es decir, hace medio siglo) esa posición relativa no ha cambiado: la tasa de desempleo y de pobreza siguen siendo tres veces la de Estados Unidos y el ingreso per cápita sigue siendo la mitad de la del estado más pobre.

¿Qué herramientas nos daría la estadidad para superar esta situación? La estadidad, se plantea, nos asegura la unión permanente con Estados Unidos y todas las ventajas que esto supone incluyendo el libre movimiento de mercancías dinero y capital entre Puerto Rico y Estados Unidos. Pero todo esto existe desde hace más de un siglo. La estadidad no es necesaria para obtenerlo. Y estas condiciones son precisamente las que subyacen nuestra economía colonial, con todas las características que hemos señalado: la estadidad perpetúa las relaciones cuyos resultados queremos superar. ¿Por qué pensar que el famoso libre movimiento de mercancías, dinero y capital van a tener ahora resultados distintos a los que han tenido durante el pasado medio siglo, o durante un siglo, si se quiere ir más atrás?

Los defensores de la estadidad señalarán que la estadidad traerá un aumento en las transferencias federales a la isla. Pero Puerto Rico ya recibe una cantidad sustancial de fondos federales, esto fondos son necesarios para mitigar los efectos de una raquítica y desangrada economía colonial, pero no permiten superar esa economía colonial y lo que necesitamos es precisamente superarla, no colocarle un parcho, ni siquiera un parcho más grande.

Todo lo que hemos señalado nos obliga a concluir que debemos votar NO en la consulta de noviembre. Y quizás bastaría con eso, pues la pregunta que se nos hace es esa: estadidad ¿SI o NO? Pero añadamos que Puerto Rico necesita diversificar su economía, que tiene que planificarla de acuerdo con sus necesidades, que debe convertirse en dueño de una parte creciente de esa economía, que necesita reinvertir aquí una parte mayor del excedente que aquí se genera y que su situación económica, cultural, geográfica, ecológica es suficientemente distinta, específica y particular para justificar que sus habitantes, para lograr esos objetivos, se organicen como una república independiente.

Por supuesto, para votar NO, no hay que ser independentista. También pueden y deben hacerlo los defensores de la libre asociación e incluso del ELA. Entre nosotros y nosotras pueden existir diferencias (diferencias muy grandes con los últimos), pero este plebiscito nos ha colocado a todos en el mismo lado de la papeleta. Los líderes estadistas han promovido en Estados Unidos la idea de que en Puerto Rico hay un mandato por la estadidad. No hay tal cosa y este plebiscito nos permite refutar ese argumento. Por otro lado, siempre es útil explicar al pueblo estadista las limitaciones de la estadidad como mecanismo para enfrentar nuestros problemas como país.

Esta perspectiva no implica dar la espalda a Estados Unidos. Eso no podemos, ni tenemos, ni debemos hacerlo. Para empezar, como resultado de un pasado y presente que no puede borrarse hay millones de puertorriqueños y puertorriqueñas que residen en Estados Unidos. Ni el gobierno de Estados Unidos ni el de una futura república puertorriqueña puede ignorar este hecho. Es justo y es necesario que la independencia incluya disposiciones de movimiento de personas entre los dos territorios que tomen en cuenta esa realidad. De igual forma, el Congreso de Estados Unidos no puede desentenderse del descalabro de la economía de Puerto Rico, como si dicho descalabro no tuviese que ver con las estructuras impuestas y las acciones tomadas por el Congreso a lo largo de décadas de tutela colonial. Tenemos derecho y debemos exigir acciones que compensen o reparen ese legado de la subordinación colonial, algo parecido a las reparaciones por el legado de la esclavitud que desde hace años reclaman sectores de la población negra en Estados Unidos. Por lo mismo, nuestra lucha por la independencia debe vincularse a las luchas democráticas, antirracistas, obreras y populares en Estados Unidos. Nuestra exigencia de autodeterminación y apoyo para una transición justa a la independencia es cónsona con su reclamo de justicia racial y económica y su demanda de redistribución de la riqueza del gran capital y Wall Street al pueblo trabajador.

No rechazo la estadidad, por tanto, como hacen algunos, porque piense que Estados Unidos es un país racista o porque piense que por esa razón la estadidad es imposible. Estados Unidos es un país racista y antirracista, repleto de contradicciones internas, como todos los países del mundo. Rechazo la estadidad porque considero que no atiende nuestras necesidades. Y la rechazo no porque las luchas antirracistas y progresistas en Estados Unido estén condenadas al fracaso. Al contrario, considero que esas luchas tienen la capacidad de transformar muchos aspectos de la sociedad norteamericana en una dirección progresista, lo cual es esencial para mejorar la situación de los puertorriqueños y puertorriqueñas que residen en Estados Unidos y también es fundamental para lograr la independencia bajo las relaciones más favorables de colaboración con ese país. Desde esa perspectiva internacionalista es que seguiré luchando y que les invito a seguir luchando por la independencia y, por tanto, a votar NO en la consulta de noviembre.

 

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