Mirada al País: Pobreza, desigualdad social y colonialismo

Por Denis Márquez Lebrón/Especial para CLARIDAD

Como parte de nuestras labores legislativas, constantemente recibimos distintas estadísticas e informes que plasman nuestras realidades económicas y sociales. Además, confirman la quiebra de la colonia y las nefastas consecuencias que sufren y las condiciones en que viven grandes sectores de la población. Una estadística constante es la baja participación laboral en Puerto Rico, que ronda por debajo del cincuenta por ciento, demostrando el grave problema de producción económica y por otro lado, de marginación social. Las estadísticas sobre la salud son aterradoras; cientos de miles de personas –en su mayoría jóvenes- no tienen plan médico. Peor aún son las estadísticas sobre seguridad alimentaria y enfermedades que van unidas de la mano. Las querellas por la negación de servicios por parte de los planes médicos, en especial los que son parte de “Reforma de Salud” del gobierno, que son marginados y se les imposibilita recibir servicios médicos. 

Como si esto fuera poco, añadimos los más de cien mil niños y niñas del Programa de Educación Especial del Departamento de Educación que las monitorias a dicho programa manifiestan una persistente violación a su derecho a la educación. La mutilación del presupuesto de la Universidad de Puerto Rico que la afecta en diversas formas, pero sobre todo en el acceso y permanencia de los estudiantes en todos sus recintos y las condiciones laborales de los docentes y no docentes. Los 4,645 muertos como consecuencia del paso del Huracán María y la ineptitud del gobierno de atender a las miles de familias que han perdido su hogar y sus escuelas como consecuencia de los recientes sismos. La emergencia nacional de violencia de género que arropa toda la isla. Podríamos continuar describiendo los múltiples problemas que cada día evidencian nuestro estancamiento económico y social, como consecuencia directa del régimen colonial. 

Recientemente llegaron a mis manos unas impactantes estadísticas que no solo retratan la situación de pobreza y desigualdad social, sino que demuestran la necesidad urgente de la reconstrucción de nuestra nación. El Instituto del Desarrollo de la Juventud publicó un estudio sobre la pobreza infantil en Puerto Rico, titulado “Un Futuro de Pobreza Infantil en Puerto Rico, Cuanto Nos Cuesta y Qué Podemos Hacer”, con desgarradoras estadísticas e información, entre ellas que:

– el 58% de los niños y niñas viven bajo el nivel de pobreza;

– el 37% vive en pobreza extrema con ingresos anuales rondando los $3,900;

– crecer en pobreza tiene consecuencias en la salud, en los ingresos y en la exposición y participación en actividades crimínales;

– cada niño o niña que vive la mayor parte de su vida en pobreza pierde un ingreso anual de $17,922;

– los gastos de salud por persona son 58% más altos y los de educación especial son casi el triple debido a la pobreza infantil;

– el 50% de los costos relacionados a la criminalidad en el país pueden ser atribuidos a la pobreza infantil;

– el costo de la pobreza infantil anual en Puerto Rico es $4,418 millones, o 4.3% del Producto Interno Bruto;

– el costo per cápita por cada niño o niña que vive en pobreza es de $11,536 anuales.

Estas estadísticas no solo nos brindan información impactante, sino que presentan un cuadro desolador de nuestra realidad social, de cómo la desigualdad social y la injusticia afecta a los más vulnerables de la población. Se unen a muchas otras que también nos revelan décadas de ineptitud gubernamental, de traición y negligencia constante de los que nos han gobernado, de impunidad para los responsables de esta crisis, y de que el modelo económico y social colonial lo que promueve, crea y reproduce es pobreza, marginación y la más profunda crisis nacional.

Estas estadísticas son más que números; están presentes en cada niña o niño que se le niegan servicios de educación especial; en los que no tienen donde estudiar porque su escuela se derrumbó por el sismo y la irresponsabilidad del gobierno; en los que duermen a la intemperie por no tener un techo seguro; los que el sistema criminaliza y la cárcel es su destino; los que los planes médicos ven como un simple costo y dependen de la generosidad de la gente para tener esperanza de vida ante la adversidad de una enfermedad grave; los que pasan hambre por pobreza; los que son víctimas de la violencia y abuso sexual; en fin, están presentes en todas y cada una de las expresiones constantes de violaciones a sus derechos humanos.

La agenda social y política tiene que estar encaminada a transformar esa nefasta realidad, con profundas y abarcadoras reformas y propuestas. La lucha por defender la escuela y la universidad pública tiene que ser consistente; hay que sustituir el modelo de lucro en los servicios de salud por un seguro universal con pagador único; proteger de los recursos naturales e implementar una planificación urbana real; acabar con el clientelismo y el inversionismo político; facilitar el acceso a la justicia y a una vivienda adecuada; el establecimiento de un modelo económico de producción local; fomentar el desarrollo económico y social para promover nuestro país; pero sobre todo, eliminar la desigualdad social y la brecha que hay entre las distintas clases sociales.

Para una real y revolucionaria transformación es imperativo acabar con el colonialismo, las medidas abusivas de la Junta de Control Fiscal que tanto afectan a nuestra niñez son posibles por que dicha Junta es una imposición del gobierno de norteamericano para proteger sus intereses económicos. En el mundo, no existen colonias prósperas y nuestra quiebra está estrechamente atada a nuestra incapacidad política de insertarnos en el mundo, unido a los gobiernos coloniales corruptos. El modelo colonial ha sido uno de explotación humana y económica en favor de los grandes intereses y emporios extranjeros.

Tenemos que acabar de una vez y por todas con la colonia, la cual ya perdió su disfraz y su mentiroso y patético discurso de prosperidad. Es necesario la construcción de una patria nueva basada en la democracia y la justicia social. Para ello, es imperativa nuestra independencia, porque es la única opción para comenzar nuevos caminos, se lo debemos a nuestras niñas y niños.