Mirada al País:El líquido más preciado

 

Por Francisco(Pancho) Moscoso/Columnista invitado

El agua, sin dudas y evidente para todo el mundo, es el líquido más preciado de toda sociedad. La vida humana y la de todos los organismos depende  de ella. Se le atribuye al filósofo griego Empédocles (aprox. 484-424 a.C.) la identificación del agua (junto al aire, la tierra y el fuego) entre  los elementos básicos de la Naturaleza (Francisco L. Cardona, ed., Textos presocráticos, 1969). Por interesante que resulte,  no es de filosofía que vamos a tratar aquí.

En el artículo “Insostenible el manejo del agua en Puerto Rico” (El Nuevo Día, domingo, 28 de junio de 2020, pp. 4-5) el periodista Gerardo E. Alvarado León nos presenta un reportaje magníficio, muy informativo, con observaciones de profesionales y académicos, y abarcando diversas dimensiones que confronta el país sobre ello. En el mismo se establece una premisa general y se identifican al menos siete soluciones. Cada una de ellas a su vez vienen entrelazadas con problemas. Lo planteado en el artículo, ciertamente, promueve más discusión y suscita interrogantes y sugerencias adicionales.

La premisa sobre la cual aparentemente hay consenso es que el problema del abasto y suministro del agua en Puerto Rico no es el de su escasez o la falta de ella. La atención está centrada en el mal manejo profesional y administrativo, combinado con una infraestructura hidráulica general deficiente y/o anticuada. Si ese combo es la raíz del problema (lo que también se puede cuestionar), podemos preguntar cómo un país que se jacta de poseer unos índices de los más elevados de educación superior y universitaria sigue reproduciendo este problema desde hace décadas. Habría que examinar la composición social de los altos ejecutivos manejadores y qué intereses (sociales o privados) defienden. Por otra parte, ¿será que también no hacen falta especialistas, por ejemplo, en ingeniería hidráulica? La Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, tiene una especialidad en ingeniería eléctrica  y prepara buenos profesionales  (que incluso  exporta): está en la hora de ampliar el currículo y ofrecer una subespecialidad (sino completa) en torno a la necesidad imperiosa hidráulica.

Se señala que debido a la falta de lluvia donde se requiere y por la sequía, las interrupciones y el racionamiento del agua serán necesarios por zonas, regiones o a nivel isla. Hemos escuchado estas advertencias  tantas veces en el pasado; y lo seguimos padeciendo. Al mismo tiempo, estamos ante la paradoja ser un país tropical rodeado de agua y donde llueve casi todo el año. Mas aun, en la primera mitad de este año se registró un record de más lluvia caída en enero y se destaca a febrero como el mes “más lluvioso en la historia climatológica del pais”.

Cuando llueve mucho nos quejamos y cuando falta la lluvia nos agobiamos. Esto nos lleva a cuestionar uno de los puntos de vista citados, de que “no podemos depender de la lluvia para tener agua; eso es inaceptable desde el punto de vista de la ingeniería”. Estamos en desacuerdo con lo primero, en sintonía con lo segundo. El problema no es la lluvia, que nos cae del cielo, y muchas veces somos agraciados con cantidades astronómicas. El problema es que en muchos lugares donde cae la vemos correr por el suelo y se desvanece sin aprovecharla. Desperdiciamos mucha lluvia que nos viene  gratis Por supuesto que necesitamos y dependemos muchísimo de la bendita lluvia. ¿Qué hacemos y dejamos de hacer con la lluvia? ¿Con qué ingeniería manejamos la lluvia?

Entre las soluciones indicadas están: (1) Recoger el agua de lluvia en aljibes. Traduzcase en proyectos concretos de cómo recogerla en las casas y edificios, con arreglo a usos específicos incluyendo el agua potable; (2) Desalinizar el agua, que se dice es costoso. ¿Por qué cuesta tanto y qué hace falta hacer para viabilizarlo?; (3) Emplear energía solar con relación a la desalinización. Vengan  las ideas y diseños; (4) Reutilizar las aguas tratadas (se da de ejemplo su uso en riego agrícola). Identifíquese de qué aguas estamos hablando, dónde, cómo tratarlas y démosle uso; (5) Corregir las pérdidas de salideros, desbordes y roturas de tuberías (a lo que añado alcantarillados tapados). Asígnense brigadas para identificar dónde ocurren, levanten inventarios, e instrumenten las reparaciones; (6) Identificar los hurtos del agua. No es tan sencillo. Hay que examinar las circunstancias en que ocurre (a lo mejor son pobres marginados y desatendidos por años),  e ir caso a caso; (7) Reforestar las cuencas de los lagos y embalses y efectuar los dragados frecuentes o contínuos. ¿Qué están esperando? Basta de ‘debemos hacer esto’ o ‘debemos de hacer lo otro’ en abstracto. ¡Hágase!

Por otra parte, si conocemos los patrones de lluvia y sus áreas regulares de precipitación, ¿no es posible construir acueductos o canales y embalses intermedios para conducir agua a las zonas carentes? Roma antigua es famosa por los monumentales acueductos que suplían agua a las ciudades. En Egipto e Ifriquiya (Túnez) antiguos  construyeron las birka y mawájil, o reservas de agua que variaban de tamaño según lo requerido. En Valencia y Andalucía hispanomusulmana se emplearon técnicas hidráulicas como los qanats(pozos horizontales con respiraderos para conducir agua por gravedad), cimbras(trincheras de agua cubiertas), alcavons(túneles con respiraderos para redireccionar agua de los ríos a las acequias) y acequias(canales de riego tomando agua de manantiales o ríos). En  la Hacienda La Buena Vista en el Barrio Magueyes de Ponce hay un ejemplo de lo último. Cristóbal Colón documentó que hasta los taínos idearon acequias rudimentarias para regar los conucos en zonas más áridas. Tenemos el pasado y el presente de ejemplos como los de Singapur, Israel y otros países citados en el artículo para aprender. Estudiemos y comparemos, y traigamos lo aplicable a nuestro caso.

Por último, se señala que el pueblo tiene una responsabilidad colectiva de usar prudentemente el agua y no desperdiciarla. Completamente de acuerdo, pero a la vez implementando los siete puntos para empezar. Que el Estado no le eche la culpa a la gente por sus negligencias,  incapacidades y directrices desacertadas. Hay que tener el ojo puesto, al mismo tiempo, en la corrupción y asegurar que se procese judicialmente, con las penas correspondientes.  Podemos visualizar en todo lo expuesto múltiples tareas, muchos empleos en diversos niveles, instalaciones acordes e interrelaciones con otros ramos de la economía.

Para atender todo esto, en mi opinión, el Estado (cualquier estado) tiene el deber de garantizar el acopio, sumistro y servicio del agua como interés social y público, principalmente. Lo mismo aplica en todos los demás renglones básicos de la sociedad como la alimentación, salud, educación, energía, vivienda y transportación. Si el sector privado ha de tener espacio, no lo tenga mayoritaria y mucho menos enteramente. Pues, inevitablemente, los intereses sociales y los de la ganancia privada individual son complicados de compajinar. Y esas son otras aguas sobre lo que igualmente hay que dialogar.

 

El autor es Historiador. Comentarios a: fmoscoso48@gmail.com.