Mirada al País:La responsabilidad de la prensa y el público ante la incompetencia gubernamental

Por Federico Subervi Vélez

Columnista invitado

Ante los estragos que la pandemia del coronavirus está causando en Puerto Rico, lamentablemente la incompetencia del gobierno de turno se repite. Esta vez se hace más evidente con la otorgación de contratos corruptos y las mentiras al respecto, los titubeos y contradicciones en las órdenes de los toques de queda, la incapacidad de recopilar y transmitir al público información completa y acertada sobre los contagios y muertes, y en estos últimos días con los obstáculos que le ponen a la labor de la prensa.

A la prensa le corresponde informar sobre la magnitud y peligros del virus, sobre medidas de seguridad para evitar contagios, cómo y dónde obtener alimentos y medicinas, y de todo lo demás que se necesita para superar la crisis.  Pero la prensa también tiene la tarea de dar a conocer los malos manejos gubernamentales que amenazan la seguridad y bienestar del público.  Por eso la interferencia con la labor periodística es un atentado contra esa seguridad y bienestar de todos.

Otra labor de la prensa es contrarrestar los rumores, la desinformación, las noticias falsas que no son otra cosa que propaganda siniestra de quienes la diseminan. Los obstáculos del gobierno también dificultan esa labor periodística y por ende además atentan contra la seguridad y bienestar público.

De frente a la incompetencia gubernamental, la responsabilidad de la prensa es cada vez mayor, pero también la del público.

Para la prensa la responsabilidad informativa se incrementa según se va conociendo—con documentación y evidencia científica—las características particulares tan nefastas del Covid-19.  Por ejemplo, se debe actualizar la información de cuán contagioso es ese virus, cómo se propaga y cómo se combate con aislamiento y prácticas de higiene.  De igual forma la prensa tiene que exponer y contrarrestar con prontitud los rumores y cualquier otro tipo de desinformación que se propaga a velocidad instantánea por el Internet y redes sociales. Esa desinformación tiene muchas caras que varían desde las “ingenuas” sugerencias de supuestos remedios caseros que en realidad pueden ser más letales que el propio virus, hasta las conspiraciones del origen del virus o de los “propósitos políticos” del mismo.

Para cumplir con su responsabilidad informativa, la prensa—en realidad los y las periodistas y sus editores que toman las decisiones finales de qué se publica o no y cómo—tienen que ser los primeros en saber discernir entre la verdad y el rumor, lo cierto y las mentiras, la documentación acertada y confiable y la propaganda venga de donde provenga.

Los códigos de ética periodística, pero en particular los de bioética y las guías de comunicación en situaciones de emergencia, son materiales de valor y hasta indispensables para orientar en las decisiones de qué cubrir, cómo y cuando.(1) Algunos de esos códigos y guías incluyen ejemplos de cómo se confrontaron y superaron éticamente crisis anteriores y además orientan sobre fuentes informativas expertas y confiables. Cuando los periodistas aplican las pautas de esos códigos y guías, la información que le transmiten al público se redacta más responsablemente y por lo tanto se le imparte a los lectores y audiencia con mayor confianza.  Ese público, por su parte, queda mejor informado y más tranquilo ante la crisis.

Todas las personas que dirigen las oficinas de prensa o comunicación de cada una de las ramas y oficinas gubernamentales deben tener como tarea indispensable y primaria la lectura y aplicación de esos códigos y guías.  Si no pueden o quieren, deben considerar renunciar a ese puesto que exige—casi por definición—ética, transparencia y honestidad.

La renuncia del director de prensa del Departamento de Salud, Eric Periloni, es un ejemplo claro de transgresiones éticas.  No sabemos cuántos más de esos empleados públicos han fallado en su responsabilidad ética de transparencia y honestidad.  Pero la crisis de credibilidad por encima de la crisis de salud exigen que se ponga la seguridad y bienestar del público por encima de los caprichos partidistas.

Ante un gobierno incompetente que falla en sus obligaciones de honradez y transparencia, la prensa debe ser una fuente de confianza para el público.  Y para que lo sea tiene que tener condiciones de trabajo que lo permita.

Cuando el gobierno lleva a cabo conferencias de prensa y le ofrece acceso a solamente algunos periodistas, se crean dudas de la veracidad de esos periodistas y se atenta contra la libertad de toda la prensa.

Cuando el gobierno lleva a cabo vistas públicas y se restringe o prohíbe la entrada y movimiento de los medios noticiosos para cubrir plenamente el evento, se atenta contra el derecho a la información pública.

Cuando las pautas del gobierno son causa de que los periodistas tengan que trabajar apiñados en condiciones que hacen imposible el distanciamiento social, ese gobierno se hace cómplice de provocar más contaminaciones del virus y de posibles muertes colaterales.

Aún con las limitaciones y escollos que imponga un gobierno, es responsabilidad de los medios noticiosos hacer investigación a fondo de todo lo concerniente a contratos, nombramientos y pautas gubernamentales.  En tiempos de crisis, la responsabilidad de la labor investigativa se hace más urgente, indispensable y preponderante.  Sin periodismo investigativo, predominarían, más de lo que ya sucede, la corrupción, los fraudes, malversaciones de fondos, el nepotismo y otros favoritismos político-partidistas—todos los cuales atentan contra la seguridad y bienestar del pueblo de Puerto Rico.

Ante todas esas restricciones que impiden que los medios noticiosos trabajen responsablemente, le toca al público protestar junto a los miembros de la prensa y demandar su derecho a la información confiable, verídica y a tiempo.

El público tiene otras responsabilidades también.  La primera es la de no creer ni pasar pa’lante a por voz y menos por las redes sociales rumores, insinuaciones, ni “noticias” que parezcan alarmantes; tampoco las que aparenten ser demasiado buenas para poder ser verdad.  Ya circula por todos lados información sin verificación, sin base confiable; propaganda diseñada para crear dudas aún de fuentes científicas con bases en documentación.

Otra responsabilidad de todo el público es la de desarrollar la capacidad de lectura crítica de las noticiosas.  A esa lectura crítica se le conoce por otros nombres, por ejemplo, alfabetización mediática, y hoy día también alfabetización digital.  En inglés, es común hablar de news literacy, media literacyy digital media literacy.  Sea el nombre que se use, implica tener la capacidad de por lo menos evaluar con suspicacia las noticias e información que se consume a cotidiano.  Esa capacidad es muy fácil de desarrollar y hay varias opciones para adquirirla.  Los talleres que ofrece en Puerto Rico Anette Sofía Ruiz (ComunicARTE) son punto de partida excelente.(2)

En mis clases, le enseñaba a los alumnos tres preguntas claves de pensamiento crítico, a saber: ¿Quién tomó o quienes tomaron la decisión que sea (especialmente en asuntos gubernamentales): un individuo, un comité, un “band of brothers”…?  Esto implica descifrar con nombre y apellido los nombres, puestos, y los enlaces político-económicos de quien o quienes toman decisiones.  Segundo, ¿Cómo se tomaron esas decisiones: dónde, cuándo, con o sin consultas con quién o quienes…? Tercero y lo más importante, ¿Quién o quienes se beneficiaron y quién o quienes se perjudicaron de esas decisiones?

Para gobiernos no corruptos, las contestaciones a estas preguntas son carta abierta; parte de la transparencia y honestidad cotidiana, especialmente sobre asuntos de salud y más aún en tiempos de pandemias.  Ante el gobierno colonial de Puerto Rico, le corresponde a la prensa la responsabilidad de ofrecerle al público respuestas a estas y otras preguntas, de contrarrestar rumores, noticias falsas y propaganda de todo tipo, y de difundir éticamente noticias e información documentada, verídica y confiable. Al público le toca hacer su parte también porque la seguridad y bienestar del pueblo de Puerto Rico está en manos, boca y redes sociales de todos.

El autor es, investigador académico y catedrático retirado.

 

Notas:

(1). Vea, por ejemplo, Sandra Fabregas Troche y Francisco Leon. (Coordinadores). La Comunicación y Bioética en Voces de las Tres Américas. Centro de Bioetica, UCEN y CELABIH. En Prensa (2020).

(2). Vea http://comunicarte.bisitme.com