Mirada al País:Nuestros muertos resucitaron al pueblo

 

Por María Dolores(Tati) Fernós/Columnista invitada

Junto a varias compañeras participé el pasado año en una investigación sobre los efectos del huracán María en las comunidades, particularmente en las mujeres. El proyecto interesaba conocer cómo evaluaban las comunidades las respuestas de los gobiernos (municipal, estatal, federal) frente a las necesidades urgentes surgidas tras la devastación. Concluyeron que en general estas habían sido desastrosas. Ante esto las comunidades tomaron acción y actuaron en su propia defensa: cocinas comunitarias, atención a los viejos y enfermos, repartición de medicamentos, limpieza de carreteras, arreglos de casas afectadas, (en ocasiones realizadas por familiares o por desconocidos) y hasta enterrar a sus muertos.

Este accionar unió a vecinos así como a comunidades enteras que desarrollaron fuertes vínculos de solidaridad. Individual y colectivamente comprobaron que, contrario a lo pensado por muchos sectores, tenían la capacidad de resolverse problemas comunes que les afectaban. Surgió entonces desde sus techos, ventanas y balcones la bandera puertorriqueña en señal de que estábamos vivos y luchando.

Esta experiencia les hizo muy claro también que sus vicisitudes no le interesaban en lo más mínimo al gobierno, sobre todo al gobierno central, el cual les había claramente abandonado a su suerte. 
Los miles de muertos marcaron indeleblemente a todo el país y, pese a que por casi dos años siguió trabajando, no olvidó. Entonces se rompió el dique de la indignación. Las acusaciones a funcionarios gubernamentales por robo a fondos públicos hace poco más de un mes, pero más importante aún, el desprecio al pueblo que surgió de forma tan evidente en el infame chat del gobernador Rosselló y sus “brothers”, fueron la chispa que indignó al pueblo y lo llevó a la calle exigiendo la renuncia del Gobernador en unas manifestaciones nunca antes vividas en nuestra historia.

La indignación mostrada fue el resultado precisamente de las injurias y los agravios, de las penurias y los sacrificios así como de las desigualdades y los desprecios que surgieron tan visiblemente tras María… y del recuerdo de nuestros muertos.

Las experiencias vividas en este verano y los abandonos de décadas trascendieron el plano individual, se ampliaron e impactaron el ámbito político. Todo se ha transformado. Estamos ahora ante un pueblo empoderado, alerta, inconforme, que reclama el fin a las claques corruptas, a la ineptitud, a las desigualdades y los privilegios, al abuso de poder, al robo de fondos públicos. 
Este despertar del pueblo a su propio poder vino acompañado de un reclamo de participación activa en la gobernanza del país. Ya se percibe que no es aceptable para el pueblo que su participación en las decisiones gubernamentales se restrinja a votar cada cuatro años. Exige más, mucho más. Esta transformación, así como la nueva visión democrática que ha surgido, se evidencia en las Asambleas de Pueblo que se multiplican diariamente y que impactarán grandemente las elecciones del año entrante así como la composición de la próxima asamblea legislativa, las alcaldías y los procesos oficiales.

El pueblo gritó con fuerza en las calles y vigila de cerca cada decisión que se toma. Está vivo y dispuesto a tomar acción. 
Los muertos de María han resucitado en un pueblo entero que se ha levantado ondeando con fuerza su bandera exigiendo respeto y justicia.