No me quitan lo baila’o: El Último Baile

 

Por Elga Castro Ramos/Especial para CLARiDAD

 

A Papi, que me llevó hasta Portland a ver a Jordan en vivo

Desde hace algunos meses la cadena de deportes estadounidense ESPN había anunciado que en junio sacaría un documental de diez partes sobre la última temporada juntos de los Bulls de Chicago en la cualganaron su sexto campeonato. A su vez sería obviamente un documental sobre Michael Jordan, con pietaje inédito y un sinnúmero de entrevistas. Para los que somos aficionados de Jordan y de esta era del baloncesto, esto era sumamente emocionante. Cuando debido a la pandemia del COVID 19 se detuvo toda la actividad deportiva, se comenzó una campaña solicitándole a ESPN que lo adelantara, a la cual la cadena accedió. Así, en medio de la cuarentena, los fanáticos del baloncesto y del deporte recibimos el bálsamo que significó la dosis doble semanal de “The Last Dance” por cinco domingos.

“El más grande”

Hay debates que me parecen futiles, y el de quien es “el más grande” o “el mejor de la historia” es uno de ellos. Como aficionada del deporte estoy acostumbrada a la eterna discusión si Pelé o Maradona, que si Babe Ruth, que si Ali y en baloncesto si Jordan es el mejor baloncelista de la historia. Por lo que no me gustan es porque me parecen discusiones sin fin y que son imposibles de resolver, además que sin sentido. Lo único que me gusta es que usualmente, sobre todo si no es una discusión de borrachos, aprendo mucho pues se tiran muchas estadísticas e información interesante. Obviamente es algo muy subjetivo y para mi no hay duda de que Jordan es el mejor (igual que pienso que Maradona es el mejor, y esta es una opinión casi completamente emocional). Lo de Jordan tiene que ver con una cuestión generacional, no soy de la época de Chamberlain ni de la de LeBron, pero también hay otros motivos. Por ejemplo, el efecto que él tuvo en el deporte, cuando un jugador transforma un deporte y lo globaliza, eso añade a su grandeza. Y, bueno, además de todas las estadísticas individuales y colectivas, hay muchos motivos estéticos, su belleza en la cancha es como los goles de Messi, y como decía que esta discusión es subjetiva, pues para mi es como recordar esa sensación que sentí la primera vez que lo vi volar en una competencia de donqueo o la imagen de ese tiro final, lo que recuerdo además de la imagen, es lo que sentí, y eso tiene mucho peso.

Personalidad

Desde pequeña mi Mamá me enseñó a no juzgar a artistas y deportistas que admiraba de acuerdo a su personalidad, que supiera distinguir ambas cosas. Así, mis ídolos no necesariamente son los atletas y artistas que admiro, aunque hay algunos que son admirables dentro y fuera de la cancha o escenario. Pues Jordan es probablemente el ejemplo perfecto, un atleta sublime en la cancha y un ser humano lejos de ser un modelo a seguir fuera de ella. Evidentemente afirmo esto en cuanto a lo que valoro en una persona: candidez, empatía, solidaridad, conciencia política, entre otros y Jordan carece de todas estas cualidades. Siempre se mostró como una persona arrogante, distante con la prensa, sus compañeros de equipo, los aficionados y su comunidad, y con mucha ambición económica, realmente su sensibilidad solo afloraba cuando se veía con su padre o madre. Y el documental confirma todas estas impresiones. Lo que es curioso es que este documental fue aprobado por él, o sea, o esta es la visión “nice” de él o simplemente no le importa que lo vean tal cual.

Durante todo el documental salen a relucir algunos de los momentos controversiales de su carrera, como su relación con el Gerente General, Jerry Krause, o el famoso juego del “flu”, o su cita para justificar su no endoso al aspirante a senador afroamericano Harvey Gantt contra el conservador republicano Jesse Helms, cuando dijo “los republicanos también compran tenis”. Además de las entrevistas a todas las personas alrededor de Jordan en su carrera, el hilo conductor es él mismo, así, que la historia en realidad la cuenta él en primera persona y pocas veces se le contradice con alguna imagen o testimonio. Así el documental aclara que no fue un flu, sino una indigestión a una pizza, que realmente el GM fue el villano por no solo haber destruido el grupo y haber establecido que la temporada del 1997-98 iba a ser la última de Phil Jackson, sino que también por insinuar que el equipo era ganador por cómo se manejaba desde la oficina principal. En cuanto a la famosa frase sobre los Republicanos, pues Jordan dice que fue un comentario liviano y dicho en la intimidad, pero que realmente él lo que quería era concentrar su energía en la cancha y en ser un mejor baloncelista. La falta de compromiso político y social de Jordan ha sido uno de los aspectos más criticados. Nunca ha participado de alguna campaña a favor de los derechos de los afroamericanos ni otros grupos marginados. Aún en el momento de escribir este artículo, su declaración condenando el asesinato de George Floyd a manos de la policía fue tibia.

Tirano

Otra de las cualidades que resaltan del documental es su característica autoritaria con sus compañeros. Unos lo llaman “ética del trabajo”, otros “tiranía”. Sin duda Jordan fue un trabajador incansable y estando en un deporte colectivo era inevitable que se sintiera que necesitaba que los que lo rodeaban estuvieran a la altura de lo que él estimaba necesario, el problema eran sus métodos, que rayaban en el “bullying”, exigiéndole sin importar la manera de cómo lo hacía a sus compañeros. Lo interesante para mi fue ver cómo éstos, incluso cuando se quejaban, lo hacían de una manera tímida o a veces asumiendo como cierto el discurso de que “él lo hacía porque él trabajaba igual de fuerte o más” o “era necesario para ganar todos esos campeonatos”.

Capitalista

Michael Jordan es de los atletas que más dinero ha generado en la historia, con una ganancia neta valorada aproximadamente en 2.1 billones de dólares. Como la mayoría de estos atletas multimillonarios, su riqueza mayormente se generó en auspicios, o sea, fuera de la cancha. La imagen del Jordan mega capitalista, el símbolo de Nike, se magnifica en el documental. Cuando se narra la anécdota de la ceremonia de premiación de los Juegos Olímpicos de Barcelona cuando se tapó la insignia de Reebok por sus compromisos con Nike, o cuando se muestra cómo en los momentos en que está tratando de regresar a su forma luego del retiro, no se detuvo en sus compromisos de firmar a la vez una película animada.

“Mi baile”

Tengo muchísimas cosas más que decir sobre el documental: su relación con Phil Jackson, la importancia de Scottie Pippen, su relación con Magic Johnson y Larry Bird y luego cómo fue similar a la que él tuvo con Kobe, cómo me prende que siquiera osen sugerir que LeBron es mejor que Jordan, entre muchas otras. Al fin y al cabo, son 10 horas de documental y muchos años de carrera. Para mi, este documental me recordó lo bello que es el deporte y por qué me gusta tanto y por qué es parte de quien soy. Me acordó a la niña que se amanecía con su Papá hablando de baloncesto porque no tenía ninguna amiga con quien compartir su pasión, me acordó la niña que suplicaba que la llevaran por los distintos pueblos de la Isla en vivo para ver este deporte que le fascinaba. Me acordó la pre adolescente que suspiraba por los donqueos de Jordan y se maravillaba por verlo jugar. Me acordó a la adolescente que por poco muere de la emoción cuando su Papá le dio la noticia que podía ir con él a Portland, Oregon a ver a Jordan en vivo en el debut del Dream Team en el Preolímpico del 1992. Me acordó de los mejores veranos de mi vida al poder ver 40 juegos de baloncesto y estar de cerca de mi ídolo. Me acordó lo mucho que disfrutaba el baloncesto en los años 90. Algunos visuales del documental me sacaron las lágrimas, no solo porque fue recordar el primer amor, sino porque eran bellos, estéticamente sublimes, y estas cosas me dan ganas de llorar. Y me alegré de haber tenido la dicha de haber visto a mi ídolo en persona, en el 92 y luego en el 2003, en su último juego en el Madison Square Garden con Washington. Y aunque es triste cuando se acaba un baile que uno se está gozando, pues “no me quitan lo bailao’”.