No puedo respirar

 

Por Eduardo A. Lugo Hernández/Especial para En Rojo

 

No puedo respirar. El colonialismo sigue su marcha asesina y no me deja respirar con su rodilla en mi cuello. Son más de 500 años que en estos días los vivimos como 9 minutos. No puedo respirar. Porque en cada esquina encuentro heridas en mi cuerpo en mi alma de la colonialidad. Recuerdo cuando de pequeño me llamaba Kunta Kinte y yo decía que me llama Toby…todos reían. Todos reían sin entender, sin realizar que Toby era el símbolo de desprenderme de mi negritud, de mis ancestros, de aquellos que todavía al día de hoy trato de tocar con mi ser.

Recuerdo ver mis ojos contra la luz del sol para que se vieran más claros.

 Recuerdo pensar sobre mi pelo del cual todos hablaban como duro, feo, difícil de peinar. Recuerdo que las imágenes que veía de niñez “hermosa” en los medios no se parecían a mí. Recuerdo tener una abuela panameña de la cual yo mismo hablaba de su pelo con palabras que ahora se eran despectivas. El dolor de pensarla me consume. De no haber NUNCA hablado con ella del dolor del racismo que se llevaba en su interior. Recuerdo la maldita palabra negrito. NO soy negrito. Soy Negro, Afrodescendiente, Panameño, Puertorriqueño, latinoamericano, colonizado….Las lágrimas. Las lágrimas de entender que desde que nací mi color fue causa de burla. Fue razón de medir mi belleza. La rabia y el dolor no es hacia los que lo hicieron, porque ellos están atravesados por esa misma colonialidad que no los deja entender que el racismo nos penetra como el logro más significativo del hombre blanco.

 No puedo respirar, porque mientras en EU la gente está en la calle manifestando como siente, rabia, dolor, desesperanza, hastío por las muertes de innumerables hombres y mujeres en manos de la policía, mecanismo de represión de un Estado diseñado para favorecer al Blanco, en PR solo hacemos memes y tratamos de entender la expresión de esa rabia porque somos la joya del experimento colonial, aquella que destruye la conciencia y que nos pone a luchar en contra de nosotros mismos y no contra el que tiene la rodilla sobre nuestros cuellos. Rabia, dolor, vergüenza, porque necesitamos ver que físicamente asesinan a los/as nuestros/as para reaccionar, y no entendemos que el Estado colonial nos asesina TODOS los días.

La pobreza que ha creado este sistema, la corrupción de los pocos privilegiados, racista en el archipiélago no nos deja respirar. ¿Necesitamos ver que pongan la rodilla en nuestro cuello para reaccionar? ¿No entendemos que esa rodilla la vemos en la Ley Jones, en el Grito de Lares, en la Masacre de Ponce, en la intentona de Yauco, en la Ley de la Mordaza en el Cerro Maravilla, en el Toque de Queda del Verano 2019, en la destrucción de nuestro sistema de educación, en los macanazos y el “pepper” cuando defendemos la UPR, criatura educativa-cultural en peligro de extinción, en la pobreza rampante de nuestra niñez, en la insuficiencia alimenticia, en nuestra incapacidad de tener un sistema democrático, en la maldita deuda que es impagable y que ellos mismos crearon y ahora administran a cuesta de nuestro sufrimiento, la destrucción de nuestro plan de retiro lo cual nos lleva al deterioro de nuestra salud mental, a una muerte más temprana, al dolor insoportable de nuestros viejos y viejas, en la migración de nuestra gente, la cual nos han convencido es una traición….ya, paro porque no puedo respirar.

 ¿Qué otras rodillas necesitamos? ¿Qué más necesitamos para quitarnos estas cadenas y al fin poder volar en un vuelo que sea nuestro y que nos permita rodearnos de aire puro, que nos deje respirar? ¿Qué más necesitamos para entender que esta rodilla nos ahoga? Nos dicen que somos una mezcla de razas que incluyen al Negro, al Taino y al Español, pero en la mayoría de nosotros lo que veo es el dolor y trauma de los primeros dos. No puedo respirar porque mis hijos heredan esta rodilla que pesa sobre mi cuello. Paro porque no puedo respirar….

 

El autor es Catedrático Asociado, Departamento de Psicología de Universidad de Puerto Rico en  Mayagüe.z