Nunca seremos olvido*

Por Reinaldo Pérez Ramírez/Especial para CLARIDAD 

…“no le sirvió para nada asomarse a la ventana y mirar a la calle.

Una lona [azul] se mantenía inmóvil encima de un coche aparcado”.

—El miedo del portero al penalti, Peter Handke

En un texto próximo a publicarse, sentido desde su ser puertorriqueño, Rafael Torres Velázquez rescata en los tiempos de un país roto la corriente subterránea de una nación que sobrevive y palpita, a pesar de los hechos que preceden su actual predicamento vital. El colorido del contenido de esta memoria, pincelada con figuras camufladas en una narrativa deliberadamente coloquial, esconde la metáfora lúcida de lo que somos como gentes. En un deliberado esfuerzo del autor/sujeto observador del entramado histórico de su [nuestro] país, se pretende hacernos creer que el texto es sólo eso: una memoria. Pero la verdad subyace oculta en el sustrato profundo de una identidad aquí narrada en pedazos de tiempo, con personajes e imágenes. El relato es tan denso como los desplazamientos verticales y horizontales de las placas tectónicas de la Falla de la Montalva, al Sur de la Isla, desde donde  -en el mismo centro telúrico del temblor- comienza a narrarse a sí mismo este texto singular.

El autor nos conduce como una guía -no quiero decir cultural; no quiero decir historiador, mucho menos turístico. No quiero ahora decirles nada más. Sólo diré que todos temblamos al abrazarnos, piel con piel, sin importar las tonalidades de nuestro irrepetible mestizaje. Temblamos cuando nos acucia el sentido de búsqueda al interior del enigma de lo que realmente somos. 

Aunque nos resistimos a reconocerlo, la empatía de la solidaridad escudriñada desde un prostíbulo legendario, cuyos espacios, tiempo y personajes se rescatan en el texto, semeja la escenografía de la convivencia cotidiana en la colonia amable que nos enmarca. 

Las viñetas de la música y sus protagonistas, el Radio Bar, la masacre de Ponce, son temblores que nos conducen al centro en un viaje inconcluso a saber dónde. La historia real de un chico asesinado debido a su camisa negra, torpemente camuflada, nos acerca a lo que somos hoy: un remedo del torpe montaje del coloniaje muñocista, oportuna y lucidamente llamado “farda” en sus orígenes por uno de los originales asociados a Muñoz, hoy reivindicado por los hechos.

Esa verdad no la pueden ocultar los colores grises y sin filtro de una historia triunfalista, superficial, evidentemente fallida, que hoy nos coloca en el umbral de lun futuro incierto. El autor la documenta al contárnosla. Pero como muchas veces ocurre -y como nos demuestra esta aproximación de la memoria desde su recuerdo- la verdadera historia de cualquier pueblo/país permanece agazapada en los intersticios de lo cotidiano. El drama de Puerto Rico apenas comienza.

El colorido y la desfachatez de este texto que con desparpajo nos describe, nos hace más fuertes, nos protege, nos representa como mural en la pared de un expreso vial. Podrá perder la brillantez de sus tonalidades, así como generar porosidad en el acrílico de sus colores, pero nunca será borrado por la lluvia, así como esta Patria jamás será borrada, gracias a narrativas tan ricas como ésta.

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*Nota del autor: Este Con-Textos reseña el libro próximo a publicarse de Rafael (Rafy) Torres Velázquez, cuyo título es ‘De lo poco que recuerdo’.