Official Secrets / Secretos de estado: El engaño estatal, el compromiso y conciencia de sus ciudadanos

Por María Cristina/En Rojo

Director: Gavin Hood; guionistas: Gregory Bernstein, Sara Bernstein y Gavin Hood; autores: Maricia Mitchell y Thomas Mitchell; cinematógrafo: Florian Hoffmeister; elenco: Keira Knightley, Matt Smith, Mathew Goode, Rhys Ifans, Ralph Fiennes, Conleth Hill, Adam Bakri, Ray Panthaki, MyAnna Buring, Tamsin Greig, Monica Dolan.

Usando como referente All the President’s Men (Alan J. Pakula 1976), la historia verídica de Katherine Harwood Gun se ubica en un momento muy preciso: febrero y marzo de 2002 cuando el miedo a ser acusado de antipatriótico forzó al Congreso de los Estados Unidos a autorizar la guerra contra Irak (solo dos senadores votaron en contra; uno de ellos fue Bernie Sanders) y cuando el gobierno de George W. Bush (Cheney, Rumsfeld, Powell, Rice) utiliza cualquier medio/táctica para conseguir el apoyo y endoso de otros países como el Reino Unido (UK) y las Naciones Unidas (ONU). Al igual que Edward Snowden y Reality Winner, quienes eran traductores y analistas de información recibida por las redes del Government  Communications Headquarters (GCHQ) en el caso de Gun, y el National Security Agency (NSA) los segundos, todxs son perseguidos como traidores y espías a pesar de que la Ley de Espionaje de 1917 de los Estados Unidos se redactó para los tiempos críticos de guerra cuando la seguridad nacional estuviera en peligro. Es esa ley la que vergonzosamente  invocan en los casos de Eugene V. Debs (1918), Julius y Ethel Rosenberg (1950), Daniel Ellsberg (1971), Chelsea Manning (2013) y Edward Snowden (2013). Winner, después de mucha negociación, escoge declararse culpable de divulgación no autorizada de documentos confidenciales, y cumplir cinco años y tres meses en cárcel federal y no exponerse a una condena mayor y a otras acusaciones como querían los fiscales que llevaron el caso.

Utilizo este preámbulo para enfocar en un caso, que se enlaza con todas estas filtraciones de documentos, para desenmascarar el engaño sostenido de los gobiernos y así justificar la intervención militar en países soberanos. El caso de Katherine Gun, que recoge el excelente filme Official Secrets, es una mirada intensa a la vida de una persona de principios que no puede cruzarse de brazos y permitir que los líderes de su país mientan descaradamente para justificar una guerra que resultará en miles de muertes por la mera codicia de estos gobernantes. Keira Knightley interpreta a Katherine como una joven traductora que trabaja para una agencia gubernamental y que disfruta lo que hace ,y se siente lo suficientemente relajada como para poder hacer chistes y chismear y no aburrirse en algo tan tedioso como traducir documentos de poca importancia del mandarín al inglés. En su vida personal está casada con un refugiado turco, Yasar, que tiene en varios empleos mientras espera pacientemente que su pedido de asilo sea revisado. Katherine es muy vocal en sus creencias antibélicas y se enfurece cuando oye a políticos supuestamente liberales, como Tony Blair, 1er Ministro del Partido Laboral, repetir las mismas mentiras que el gobierno de George Bush sobre Irak. La vemos reaccionar con gran pasión ante estas posiciones y nos recuerda cuando nosotrxs peleamos con figuras similares ante la pantalla televisiva.

Su decisión de copiar y llevar con ella un documento que prueba la hipocresía del gobierno británico al no denunciar las manipulaciones ilegales que pretende llevar a cabo el gobierno estadounidense es una reacción al sentirse impotente de detener esta guerra. Katherine quiere gritarle al mundo las falsedades que nos rodean y, por eso, no piensa en las consecuencias a corto y largo alcance. Si lo hubiera hecho, entonces nada pasaría. Paralelamente a esta historia, está el dime y direte dentro de la redacción del periódico The Observer con Martin Bright, a quien le llega el documento, Ed Vulliamy, corresponsal en Washington, D.C. y listo para tirarse de pecho con la noticia, y los jefes de redacción—que como sucedió en All the President’s Men y The Post (Steven Spielberg 2017)—son muy cautelosos de no enfurecer a gobernantes y personas en el poder por la repercusión que pudiera tener en su periódico.

De igual intensidad se da en 2003 el proceso de arresto y acusación de Katherine Gun por filtración de documentos oficiales según la Ley de Secretos de Estado (Official Secrets Act) de 1989. Su caso llegará a la corte casi un año después,y estará representada por el grupo Liberty de defensa de los derechos humanos. Ella será víctima de acoso y persecución por defender sus creencias de oponerse a una guerra basada en la mentira y que resultará en la muerte de miles de iraquíes, estadounidenses, británicos y soldados de otros países cuyos gobernantes accedieron ser parte de esta farsa ideada por el gobierno de Bush.

Recientemente volví a ver Fair Game (Doug Liman 2010) sobre la persecución y el desprestigio que sufrió Valerie Plame, agente encubierta de la C.I.A., como castigo por su marido, Joe Wilson, dar a conocer su conclusión sobre la no existencia de armas de destrucción en masa que Estados Unidos utilizó para justificar la invasión de Irak. Vice (Adam McKay 2018), utilizando la sátira política, también cubre el mismo periodo con enfoque en el funcionario más poderoso de la administración Bush, Dick Cheney. La serie de Showtime, “The Loudest Voice” (2019) sobre Roger Ailes y Fox News presenta las alianzas entre gobiernos corruptos y mentirosos para distorsionar la verdad y venderla a una población que no desafía la oficialidad. Official Secrets es otro filme político importante que abre ventanas al conocimiento e información que “oficialmente” quedan escondidos en archivos cerrados a la población general.