Pa’ la Isla

 

Por Alana V. Álvarez Valle/Especial para CLARIDAD

Abrí los ojos antes de que sonara la alarma del despertador. Tenía miles de cosas que hacer. Antes de que me diera ansiedad, un pensamiento me consoló: mañana abriría los ojos en la Patria, respiraría salitre y miraría el cielo azul más hermoso del mundo. 

Cuando eres parte de la diáspora, viajar a tu hogar a ver a tu gente, es indispensable. Si faltan meses de larga espera, pues se añora y pena. Pero cuando la fecha de regreso se acerca, pisar el terruño se convierte en una necesidad. 

El playlist cambia y de repente me encuentro tarareando la canción que está pegá de Pedro Capó “vamos pa’ la playa pa’ curarte el alma, cierra la pantalla, abre la medalla…”. Se me van los dedos y abro los vídeos de mi barrio –el Viejo San Juan–, de la playa, del campo y me regodeo en el encanto de mi Isla. 

De vuelta a la cotidianidad, fui a trabajar como de costumbre, haciéndole saber a todos y todas que me iba de vacaciones y no nos veríamos en algunos días. 

—“¿Vas a viajar?” 

—“Sí, me voy a mi país. Me voy a Puerto Rico”. 

—“Ay que bien, me gustaría ir”.

—“Pues deberías ir. Es el lugar más bello del mundo, y sí estoy prejuiciada”. 

—“¿Cuántas horas son de viaje; cuántas escalas?”

—“Solo tres horas y media y hay vuelos directos”. 

—“De verdad? Ah no sabía. Pensaba que eran como 10 horas”. 

La falta de información que posee el estadounidense promedio sobre Puerto Rico es abrumadora.

—“Ah pero no tengo pasaporte”.

—“No necesitas pasaporte para ir”.

— Ah claro es que Puerto Rico es…” 

—“(Interrumpiendo) Puerto Rico no es un estado. Somos un territorio, una colonia de los Estados Unidos”. 

—“Ah ok”, con la cara en blanco de no tener idea de que estoy hablando y de no interesarle averiguar tampoco. 

Esta conversación que parece tan simple, es una muestra de que en su gran mayoría, los estadounidenses no saben nada sobre Puerto Rico como Nación, ni mucho menos sobre su relación con los Estados Unidos. 

Estos comentarios y preguntas ignorantes vienen de gente educada, profesional, clase media, que viven y trabajan en Connecticut, un estado con la sexta población más grande de boricuas. También es el tercer estado de mayor migración boricua después del Huracán María (septiembre de 2017) y tiene como capital la quinta ciudad de mayor de puertorriqueños y puertorriqueñas en Estados Unidos.

Esta migración de boricuas no comenzó ayer, ocurre desde la década de los ‘50, después de la Segunda Guerra Mundial. Como si eso fuera poco, Hartford, CT además fue el escenario del memorable robo al camión de la Wells Fargo, el Operativo Águila Blanca, por parte del Ejército Popular Boricua, Los Macheteros en 1983. 

No obstante, los mal llamados ‘americanos’ solo saben que los Puerto Ricans hablamos español y comemos arroz con habichuelas.

Cuando ocurrió el Huracán María y se hicieron los reclamos públicos al Congreso y al Presidente para que atendieran la crisis, los comentarios ignorantes de la ‘gente de a pie’ estaban choretos. No saben que somos ciudadanos americanos. Muchísimo menos conocen que dicha ciudadanía fue otorgada como parte del juego de tronos, para ‘comprar’ soldados para la Primera Guerra Mundial (1914-1918), mano de obra diestra y barata, y obviamente no saben que la hemos pagado con sangre, sudor, lágrimas y grandes sacrificios. 

–“¿Que vas dos semanas? Wao, que mucho tiempo”.

Claro, no entienden, que cuando una es migrante y tienes a toda la familia en la Isla, dos semanas se van en tomar café con tu mamá, comer fricasé de pollo en casa de tu abuelita, darte una fría con los panas y ver el atardecer en el mar cálido. Te faltó ver al resto de la familia, ir a comer fritanga en Piñones, echar la bailaíta en el callejón de La Tanca, ir a El Yunque y montones de cosas más que tenías en la lista que hiciste el año pasado titulada “Los must en PR”.

—“Ay, pero es que en mis vacaciones me gustaría ir a un lugar que sea más que playa”, me dijo un atrevido. 

—“Puerto Rico tiene de las playas más hermosas del mundo. Pero Puerto Rico es mucho, mucho más que playas”. 

Y es que no entienden nada. Porque nadie puede decir que la Playa Flamenco en Culebra, la Playa Caracas (antes Red Beach) en Vieques, El Escambrón en Puerta de Tierra y muchas más, son de las playas más bellas del mundo. Sin embargo, no podemos reducir todos los ofrecimientos, los paisajes, la gastronomía, la cultura y el arte, a un País solo de playa.

Solo tres personas en todo mi centro de trabajo sabían a la perfección como me sentía… obviamente los tres son inmigrantes: un bosnio, un dominicano y un boricua. 

—“Nena, que goces mucho y come mucha vianda y frutas frescas, que las de aquí no saben a na’ ”, me recomendó el boricua. 

—“Llénate del calor tropical, báñate en nuestro mar y abraza a los tuyos”, expresó el dominicano. 

—“Yo también me voy para mi país, así que entiendo tu contentura. Nos veremos y compararemos fotos al regreso”, aseguró el bosnio. 

Les aseguré que les tomaría la palabra a todos. 

—“¡Que tengas buen clima”!, me deseó una compañera, a lo que ni corta ni perezosa le respondí:

—“¡Gracias! Pero sabes qué, no importa porque aunque llueva y truene y venteé, estaré en mi país. Y eso es lo más importante”.  

Al despedirme, prometí traer café, panetela de guayaba, dulces del país y me fui feliz camino al aeropuerto cantando a toda voz “Soy boricua, tú lo sabes”.