POEMAS DE CARLOS ALBERTY

Mis ojos creen

que han visto el paraíso,

No les creo,

desconfío,

(aunque es conmigo la cosa y ahí queda).

Prefiero pensar

o creerme pedido

(en un sueño, una selva,

un bosque de fuero).

(No dejo de preguntarme:

¿A qué viene esta negación? ¿Por qué?)

Parpadeo para ellos.

Que se alivien. Que lo vean todo de nuevo.

Pero no les importa.

Ellos saben lo que han visto.

Yo acá

me quedo (siempre)

algo más lento,

conmigo.

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Acabas de ver

lo que dejó de existir.

Y allí está el espacio,

como si nada hubiera ocurrido,

como si los actos,

los vuelos,

los juegos,

no hubieran trepado

(con frágiles extremidades todavía)

por ese gran cuerpo,

ahora perdido,

plantado sólo en tu memoria,

erguido como gran espejo invisible

que te recuerda a ti

mirando aquellas criaturas

que subían cuidadosas,

en aquel delicado equilibrio,

ahora parecido al sueño.

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Una vez habité en una región

¿cómo decirlo?

¿más fría que el olvido?

Aprendí.

Vi cómo el espacio era puente y victimario.

Así,

la distancia recorrida

quería hacerme ciudadano

de otro tiempo, en otra tierra,

donde sólo mi pasado era real.

Pero pasó.

Hace tiempo habita en el recuerdo.

Ahora conviven

una parte del pasado con la otra.

Sin embargo, a veces,

todo me parece

doble

mente

irreal.

¿Por qué la ilusión,

el truco del tiempo?

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Llueve.

Las gotas corren

cristal abajo

por el parabrisas.

Las sombras de las gotas se deslizan

dentro del carro,

sobre el asiento del pasajero,

sobre el conductor

solo 

que observa, oye detenido

y acoge jubiloso el progreso

a su alrededor

de un pequeño diluvio

interior,

en seco.

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Abrazados,

en su propio jardín,

se reconocen.

Recuperan la memoria:

cada uno es 

fruto del otro,

cada uno

come del otro.

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Reconocer la verdad

como una lanza fiel,

relámpago enterrado en el pecho.

Sentir la herida sapiencial

y descubrir

dónde guarda la luz

su voz secreta,

¿cómo un tesoro puro de cendra?

Es tan cierto como la tierra.

Es duro abrir los ojos

al linaje

de este dolor de paraíso. 

Tomados de su poemario Topografía, como llamaba su columna en En Rojo,  estos textos son la voz íntima, sosegada de un poeta.  Durante los próximos días seguiremos rindiendo homenaje a la vida y a la creación de este compañero.