Poemas y recuerdos: RAFAEL CANCEL MIRANDA

 

 

La bandera nacionalista. Así la llamaban en los años aquellos en que fue declarada subversiva por el imperio yanqui y sus lacayos. Con esa bandera, creada por don Antonio Vélez Alvarado el 11 de junio de 1892 en la ciudad de Nueva York y cuya casa en Manatí yo visitaba de niño, fue que José Maldonado, conocido como Águila Blanca, confrontó a la soldadesca yanqui cuando invadieron nuestra patria. 

Fue esa bandera la que un 16 de abril de 1932 políticos pitiyanquis intentaron degradar en el Capitolio declarándola enseña de la colonia. Albizu Campos y otros nacionalistas invadieron el Capitolio e hicieron correr a los politiqueros. En esa acción murió el joven nacionalista Manuel Rafael Suárez Díaz, tío de Gilberto Concepción Suárez.

El 21 de marzo de 1937, durante la Masacre de Ponce, al caer herida la abanderada, Dominga de la Cruz Becerril se tiró entre las balas para que la bandera no cayera al piso, sino sobre su cuerpo. Así sucedió. 

Fue esa bandera la que desplegó en Jayuya nuestra heroína nacionalista Blanca Canales al proclamar la República de Puerto Rico durante la Insurrección de 1950. 

Y es esa bandera la que Lolita Lebrón, acompañada por Andrés Figueroa Cordero, Irvin Flores Rodríguez y yo, desplegamos en nombre de nuestro pueblo en el Capitolio yanqui en 1954. 

Y es esa bandera la que flota orgullosamente libre en la tumba de mi padre y en el corazón de miles de patriotas puertorriqueñas y puertorriqueños.

Rafael Cancel Miranda, 21 de diciembre de 2019

 

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En Mayagüez, Juan Mari Brás había organizado y dirigía en 1943 el Capítulo de Agregados Pro-Independencia. Más tarde se divide en la Juventud Independentista presidida por Juan Mari Brás y la Juventud Revolucionaria dirigida por Rafael Cancel Miranda, entre otros, y siendo consejeros Santiago Mari Ramos y Rafael Cancel Rodríguez. Así fue como en una tertulia que sostenía la Juventud Revolucionaria en el 1946 en la Plaza Colón de Mayagüez, Irvin se acercó como un curioso y quedó preso en la arenga patriótica para siempre. 

Quien habla en ese momento era Rafael Cancel Miranda. A partir de ese instante Irvin se convierte en uno de los más militantes de aquel grupo de jóvenes revolucionarios.” En septiembre de 1991, tú mismo narraste a Claridad cómo fue tu encuentro con don Pedro Albizu Campos.

“El 15 de diciembre de 1947, el Maestro regresa a la Patria del exilio forzoso que le impusiera el imperio, luego de cumplir una condena de 10 años de prisión en una cárcel federal. El Cuerpo de Cadetes se prepara a cumplir deberes superiores y va a recibir como héroe a su comandante en jefe, a su comandante supremo.

Yo me sentía el joven más orgulloso de todo Puerto Rico al ser cadete de ese cuerpo militar y presto a ir a rendirle honores al jefe supremo, al Maestro, al hombre más grande y ejemplar que ha dado la historia de lucha y sacrificio por la independencia de Puerto Rico.

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La idea de saludar y estrechar la mano del Maestro siempre la tuve conmigo desde su regreso a la Patria. La ocasión anhelada se me presentó cuando me invitaron a ser parte de una delegación de la Junta Nacionalista de Mayagüez para ir a visitar a don Pedro en el Hotel Normandie, lugar donde se hospedaba. Componía la delegación don Rafael Cancel Rodríguez, don Jacinto Rivera Pérez, Emilio A. Torres, Juan Ramón Martínez, Reynaldo Trilla Martínez, Rafael Cancel Miranda y yo. Para mí fue uno de los momentos más grandes y emotivos de mi vida dentro de la lucha patriótica.”

Recuerdo, Irvin, que tuvimos programas radiales patrióticos y publicamos boletines, combatimos la marinería yanqui cuando se metieron en Mayagüez. Tú participaste en la acción armada durante la Insurrección Nacionalista de 1950. El “don Flor” que buscaba la policía por los montes de Puerto Rico no era otro que tú. No bien pasados dos años de nuestro regreso a la patria estuviste dispuesto a poner tu vida en la línea de fuego por Vieques, tal como lo hiciste aquel 1 de marzo de 1954. Desde que empezaste tu lucha, jamás hiciste pausa.

Te diste de lleno y para siempre. Eras un hombre de valor sereno y seguro de la causa por la cual luchabas. No muere quien después de la muerte sigue dándole vida a su pueblo. ¡Gracias, Irvin!

—19 de marzo de 2017

 

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Mi gente,

Hoy recordé que cuando adolescente, allá para los años ’40, para ir de la casa a la escuela o al almacén de provisiones de mi padre, cruzaba por el viejo cuartel español ubicado en la calle Defilló de Mayagüez, en cuyo solar más tarde construyeron la Escuela Eugenio María de Hostos. Allí, entre escombros, dormía gente que no tenía hogar, entre ellos, un viejito y un niño. En mi caminata mañanera acostumbraba llevarle al viejito y al niño frutas y alimentos que tomaba del almacén de mi padre, con su permiso.

En una ocasión en que cruzaba por el viejo cuartel escuché unos lamentos. Me acerqué y era el viejito. Me bajé, lo tomé en mis brazos y así murió. Al rato llegaron las “autoridades”. Echaron el cuerpo del viejito en un saco y se lo llevaron.

A él, al niño y a mis amigos y amigas que saludo en las luces de los semáforos de nuestro país quiero dedicar este poema que escribí en la Prisión de Leavenworth, Kansas, en 1970.

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El niño enjuto*

Rafael Cancel Miranda

Son las ocho de la noche, 

y al hospital de beneficencia

van un niño enjuto y un hombre pobre

llevando en los brazos

una niña casi muerta.

Reclaman atención para la niña, 

pero los echan del lugar

diciendo que no había cabida

para ella en el hospital.

De allí salen desesperados

y llevan a la niña moribunda

al hospital de los acaudalados

donde esperan con fe profunda

la ayuda de un doctor privado.

-¿Cuánto puede pagar? fue la pregunta,

y el hombre pobre dice al contestar,

-Con la vida si usted quiere,

pero nada más podemos dar.

-Lo sentimos, responde el médico,

pero si no pueden pagar

llévensela a otro hospital.

Y el hombre pobre y el niño enjuto

se fueron a mendigar

a las casas palaciegas

de los ricos de la ciudad.

Y a los pobres de allí los corrían,

tirándoles puertas al rostro

y algunos hasta los maldecían

por interrumpirles el ocio.

Llegó las doce de la noche,

y tronó un boletín por la radio

de que una ganga de jóvenes,

liderada por un niño enjuto,

había forzado a unos doctores

a tratar una niña en estado moribundo.

Luego preguntaban periodistas a doctores

si habían logrado salvar a la niña,

y los doctores contestaban

que fue muy tarde para la medicina.

Que media hora fue la diferencia,

que por tan solo esa media hora

¡yacía la niña muerta!

Buscaba afanosa la policía

al niño enjuto que asaltó el hospital,

había roto las leyes, decían, 

y a la cárcel iría por criminal.

Pasado el tiempo llegó la Navidad

y los ricachos clamaban protección

diciendo que una ganga criminal

comandada por un niño enjuto

les robaba juguetes de Navidad

para repartirlos en los “barrios sucios”.

Siguieron corriendo los años

y brotó una revolución social

donde se dice que un joven enjuto

llevaba las de ganar.

Y ofrecen dólares por su cabeza

los que una vez tiraron puertas en su rostro,

y ofrecen arreglos y componendas

los que le maldijeron por sacarles del ocio.

Pero ya se les hizo tarde,

media hora tarde como a la niña aquella

pues el niño enjuto viene a cobrarles

en nombre de todos los sufridos de la tierra.

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*Poema escrito el 11 de noviembre de 1970 en la prisión de Leavenworth, Kansas. Publicado por Rafael Cancel Rodríguez en: Cancel Miranda, Rafael. “Lucha e ideario de un puertorriqueño”. Edición privada: Mayagüez, 1971.

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Conmemoración del Grito de Lares 2019

Mi gente,

No sé si saben que después de los 80 me han atacado más de dos o tres achaques. Perdí un riñón (suerte que fue el derecho), me pusieron una malla en una arteria, me operaron un pequeño tumor en la nariz y en días recientes me dio bronquitis y asma. Tengo problemas con la vista, pero como en mente y corazón estoy 20/20, hubiese ido a Lares este 23 de septiembre. Lares honra la Patria, así como el Grito de Jayuya, pues fueron gritos de libertad. Estar presente en la conmemoración de ambos eventos patrióticos es un gran honor. Desde jovencito asistía al Grito de Lares, al principio con mi padre y ya más grandecito iba por mi cuenta. Comparto con ustedes un poema dedicado al Grito de Lares que publiqué en 1998. Que Lares y Jayuya nos unan en la lucha por la Patria.

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Vengo del parto de Lares

Rafael Cancel Miranda

Nunca he dudado ser yo,

ni cargo carimbo conmigo,

no ha podido el opresor,

marcarme con su apellido.

Siempre he sido boricua,

ciudadano puertorriqueño,

eso no me lo quita,

fuerza alguna del imperio.

Nací en el Grito de Lares,

y me reafirmé en Jayuya,

no me parió la Ley Foraker,

ni soy aborto de la luna.

Yo nací del alma de Betances,

a sangre y fuego surgió mi alma,

yo nací en el parto de Lares,

soy hijo del vientre de Mariana.

Que yo soy, he sido y seré,

un pitirre puertorriqueño,

no porque lo diga un papel,

ni ley alguna del imperio.

Simplemente soy quien soy,

nunca he dejado de ser,

lo que fui ayer soy hoy,

y lo que hoy soy seré después.

Que no hay poderes ni fuerzas,

ni retórica de vitrina,

que hagan que jure bandera,

 otra bandera que la mía.

Que yo nací puertorriqueño,

de alma y corazón adentro,

y antes que dejar de serlo,

¡me voy directo al infierno!

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Publicado en: Cancel Miranda, Rafael. Sembrando Patria y verdades. Edición privada: San Juan, 1998.