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Poesía de Carlos Eduardo Silva

 

Nació en Ponce en 1993. Estudia Lingüística en la UPRRP. Su primer libro, Urban feels (2016), fue ganador del Premio de Poesía del Ateneo Puertorriqueño.

 

Blind spots

 

En los pedales de aquella bicicleta

dejé rincones sin descubrir,

sonrisas sin devolver

y destellos que quise abandonar.

Cuando sus cintas giran en mi cabeza,

simulan luces cruzando ventanas,

recortan a cierta conveniencia

los robles arrojando su llanto al suelo

para esconder el tamaño del barrio.

La piedra que nunca pudimos sacar

de la esquina dos calles más abajo

es gato negro pisando, suave, las persianas.

 

El tiro que me ofrecieron

en forma de diamante

enmoheció en la piscina que puso mi abuela.

 

Todavía me caigo bajando por la cuesta prohibida.

Resucito sin mi piel cuando asomo la cabeza.

 

 

(inédito)

Humedad

 

Si existen los ojos

supongo

que existen peces de titanio

para navegarlos:

peces con aletas quemadas

y un color específico

para cada pestañeo.

Hospedarlos

es la primera función del lagrimal.

Enviarlos al mundo,

la segunda.

Se caen y se doblan,

pero regresan

halando en sus colas

pedazos de Sol para el iris.

(inédito)

 

Seco

 Contando alfileres,

dibujo pequeños círculos

alrededor de mis yemas.

Consigo un ventrilocuo

y lo contrato

Lo programo para que haga bailar los alfileres

hasta que la carne se despegue.

Necesito quedar

expuesto al mundo

hecho fibra, nervio y hueso

para que el sol endurezca

cada músculo.

(inédito)

 

La piel en capas

 Cuando abandoné la aridez de mi rostro,

nadie pensó tres veces en voltearse

a decirme que la vida abunda

pero que no debería abundar en mi cara.

Todo pareció un calco,

no aparecía libertad para mis dientes.

Tanteando mapas y señales,

viví muchos años bajo el hierro,

afilando cuernos para deshacerme

y correr bajo la tierra.

Ahora que llegó el acero a mis manos,

la boca no abre de la misma manera,

la sangre no tiene comisura

para derramar carreteras nuevas.

Cierro un ojo y me reviso:

al mango de esta espada todavía le queda árbol.

(inédito)

Bozal

 Me voy conociendo

mediante la duración de mis chistes:

cuánto tiempo abandono

cuando me rasco los impulsos.

A mi alrededor se ríen

quienes quiero que se rían,

pero un bozal aprieta.

 

Huelo fuertemente el cuero.

 

Desmayado inhalo

la duración de los gritos.

Detengo enunciados posibles

y regreso al lugar de siempre.

Todos me miran

con ganas de reírse.

Intento complacerlos

pero ya el reloj está cerrado.

(inédito)

Esmalte

Me convenzo

todos los días

de un odio que no llega.

Mis tenis apenas tienen tierra

y el lago no queda tan lejos.

Pero yo me muero

y pido venganza por la herida

que me ha dejado la calle.

Insisto y debato

para asegurarme de que bebo

agua limpia de todas las mangueras,

pero algunos saben que no,

que las tuberías tierrean,

que las tuberías sangran

y esa sangre nunca ha estado limpia.

Yo me convenzo

todos los días

de que un filtro es suficiente

y tomo atajos por el parque

para llegar al río.

Trago todas las fechas del monte,

huelo todo el dolor de las fiestas,

aspiro el clamor de mis venas

y vuelvo y derrito mi piel,

diciéndome al fin

que definitivamente

algo anda

demasiado bien.

(inédito)

Estados de la quietud

No estoy construido para este mundo,

me dieron la piel muy fina,

vulnerable a las espinas de las trinitarias,

y tengo los ojos demasiado abiertos;

me doy cuenta de lo que hacen los demás

mientras estoy ausente,

me doy cuenta de cómo guardan

entre sus huesos

los pedazos puntiagudos de sus días,

me doy cuenta de cómo asumen

que por mis venas corren vidrios similares.

 

Pero no.

 

Mis venas van llenas de aire

y se corroen con cada palabra que suelto a oídos abiertos.

Yo sé lo que estoy diciendo

y aún así lo digo,

les dejo de souvenir citas sin contexto,

nubecitas grises que desenrosco de mi pelo,

y cuando regreso del grito que me sostiene la suerte,

caigo de costado sobre un puente que cuelga.

Quedo.

Quieto.

Mirando pasar las nubes y reconociéndolas.

de Frente frío (inédito)

Tiempo

Me pregunto

qué te habrán dicho las tortugas

cuando las viste ayer de lejos.

Si te habrán hablado de sus vidas

destinadas a la eternidad

o del sencillo aleteo

suficiente para sus maromas.

 

La perspectiva que te dieron,

desde qué ángulo la agarraste,

si de la sal, la arena, el mangle, el mar

o sus caparazones.

 

Hoy que me miras con los ojos tan enormes

como si no quisieras nunca

cerrar las cortinas

no pienso quejarme

de lo que te dijeron ayer las tortugas.

(inédito)

bartaco

Harta extrañeza usar QR codes para el menú

mientras te miro a los ojos después de un año y medio,

pero vine solo y lo único que quiero

es verte comer tacos ante la esperanza

de dormirnos abrazados entre la saciedad.

El recuerdo de lo desconocido no es dulce,

sino que pica como la salsa que rodea a estos camarones;

pero mientras más largo el camino,

más piadosa la leche que nos recoge en las aceras.

 

Ya me lo dijiste, con la vista clavada a la mía,

“qué extraño tener tu rostro sobre estos árboles”.

 

Parecería que el viento todo lo mezcla.

 

Pedir más tacos, planear un helado sin mencionar tu pecho.

No tomar agua inmediatamente.

Dejar que las manos se dibujen poco a poco

como si nosotros no nos diéramos cuenta.

 

de Seaport (inédito)

Eterno retorno

 

“Le metiste mucho voltaje al dedo índice”

 – Daddy Yankee

Papito, hay que aguantarse

cuando te miran mal en la carretera.

Los tiempos no están

pa’ acumular más sangre.

Ya parece que la tierra sí es plana

porque todo me llega a los tobillos

y ya no aplica decirle a alguien

que no te llega a los talones.

Lo que puedes es ganarte un tiro

y seguir tapando las alcantarillas.

 

Cuando un huracán llegue de verdad

se te va a joder el cuerpo,

va a llegar a la puerta que fue tuya

y todos recordaremos

que estos ríos

nunca han estado limpios.

de Fireworks (2015)

 

 

 

 

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