Puertorriqueños en Chicago: se repiten las historias de lucha y sobrevivencia (1)

Por Justin Agrelo, Katie Rice,  Martha Bayne y Kari Lydersen 

Centro de Periodismo Investigativo 

Las 10 botellas de licor vacías son del color de las algas y el fango. Alguna vez fueron basura en las calles del vecindario de East Garfield Park en Chicago. Pero ahora, limpias y resplandecientes, están en exhibición a unas 2,000 millas de distancia en el Museo de Arte de Puerto Rico, parte de una obra de la artista Edra Soto.

Conchas marinas hechas de yeso rodean las bases de las botellas, recordando las playas arenosas de Puerto Rico, donde ella creció. Como si formara un altar, esta ecléctica combinación de objetos marca el tránsito de la artista desde la isla hasta la Ciudad de los Vientos, y su conexión continua con ambos lugares.

El trabajo de Soto forma parte de la exhibición “Repatriación” que destaca a artistas puertorriqueños radicados en Chicago. Hace 20 años Soto vino a Chicago a la escuela graduada del School of the Art Institute y no ha regresado a vivir a Puerto Rico, donde aún vive su madre.

“Mi familia está aquí y mi vida está aquí”, dice la artista sobre Chicago. “Así que no me puedo ir. Pero eso es muy difícil para mi”. Uno de sus trabajos recientes en Chicago explora esta fragmentación de su identidad a través de imágenes de rejas y quiebrasoles.

La exhibición del MAPR es coauspiciada por el Museo Nacional de Arte y Cultura Puertorriqueña de Chicago, una de muchas organizaciones boricuas en esta ciudad, que sirven de anfitriones en eventos culturales, proveen servicios sociales y participan en asuntos políticos relacionados a la Isla y a la diáspora puertorriqueña. Ese trabajo se ha tornado más crucial a partir de la crisis de la deuda de la Isla y los efectos de los huracanes Irma y María, que han causado un aumento en la emigración hacia EE. UU..

Los puertorriqueños en Chicago y en otras ciudades de los Estados Unidos tienen índices más altos de ingreso y empleo, así como menores tasas de pobreza que los de la Isla, según números del Censo federal y el Hunter College, los cuales fueron analizados por el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) y Northwestern University.

Los puertorriqueños en Chicago además, tienen índices de ingreso y empleo más altos y menores tasas de pobreza que los puertorriqueños en el resto de los Estados Unidos.

Pero vivir en una ciudad como Chicago – que tiene escasez de vivienda asequible, escuelas públicas en problemas, una infame segregación e inviernos terribles – presenta nuevos retos para aquellos que vienen de la Isla. Los puertorriqueños en Chicago son menos propensos a conseguir empleos que personas nacidas en Chicago, y la mediana del ingreso del hogar para puertorriqueños recién llegados es menor que el de las personas nacidas en Chicago. 

En la mayoría de los indicadores, los puertorriqueños en Chicago resultaron similares a aquellos en la zona metropolitana de Orlando y en la ciudad de Nueva York, pero la tasa de pobreza en Nueva York es mucho más alta y el índice de titularidad de propiedades más bajo, probablemente porque la vivienda citadina es aún menos asequible en Nueva York que en Chicago.

Las luchas que enfrentan los puertorriqueños que recientemente han llegado a Chicago no son nuevas para la comunidad de la diáspora, que por más de 50 años han enfrentado obstáculos y disparidades en la llamada Ciudad de los Vientos. Y año y medio después de los huracanes los puertorriqueños residentes en Chicago y las instituciones comunitarias todavía están ayudando a los últimos que llegaron después de Irma y María para que rehagan sus vidas y contribuyan – a corto o largo plazo – al futuro de la ciudad.

Una historia de resistencia

Chicago es el hogar de una de las comunidades de puertorriqueños más grandes y organizadas en los Estados Unidos. Con casi 97,000 residentes puertorriqueños, es más pequeña que la de Nueva York, Filadelfia y Orlando. En la ola de migración a los Estados, que siguió al huracán María, Illinois fue el décimo destino más popular, de acuerdo con un estudio del 2018.

Chicago tiene una presencia cultural y política significativa y una profunda historia que puede trazarse hasta la transformación de Puerto Rico a mitad del siglo 20.

En los años cincuenta, unos 450,000 puertorriqueños salieron de la Isla huyendo del desempleo y como resultado de los esfuerzos de industrialización de la Operación manos a la obra. Además, iniciaron programas que incentivaban el mudarse a los Estados. Muchos se fueron a Chicago, que entonces era un centro de empleos en fábricas, industrias y servicios. Para los años sesenta, ya Chicago era el hogar de más de 32,000 puertorriqueños.

Ahí los puertorriqueños encontraron una ciudad racialmente segregada, plagada con los mismos problemas sociales de los cuales habían huido. Igual a otras minorías, los puertorriqueños enfrentaron pobres condiciones de vivienda, brutalidad policiaca, educación desigual, cuidado de salud ineficaz, condiciones de trabajo inhumanas y otros problemas sociales. El racismo sistemático en Chicago unido a los movimientos estadounidenses de derechos humanos de los años 60 llevó a los puertorriqueños a organizarse políticamente. Por tener la ciudadanía americana, los puertorriqueños que se mudaron a Chicago podían votar en las elecciones y, de esa forma, ejercer una fuerza política que desde Puerto Rico no tenían.

Un momento crucial en la historia de la comunidad ocurrió el 12 de junio de 1966, después de la primera Parada Puertorriqueña de Chicago, cuando un oficial de la policía de la ciudad le disparó en una pierna al puertorriqueño Aracelis Cruz. El incidente provocó la indignación de la comunidad y causó un levantamiento en el vecindario de West Town en Chicago, que se extendió durante tres días. Esto, a su vez, llevó a la creación de importantes organizaciones comunitarias como el Puerto Rican Cultural Center y los Young Lords Organization, quienes pasaron de ser una ganga callejera de puertorriqueños a un grupo de base por los derechos civiles, moldeada al estilo de los Black Panthers.

Ralph Cintrón es un profesor asociado de estudios latinos y latinoamericanos en la Universidad de Illinois en Chicago, donde ha estudiado a la comunidad puertorriqueña. Cintrón dice que desde finales de los años sesenta, la comunidad puertorriqueña de Chicago se ha “organizado tremendamente”.

“La fuerza organizativa viene del liderato puertorriqueño de la ciudad, que está muy orientado hacia una especie de renacer cultural, una afirmación cultural, independencia política para la Isla, y así por el estilo”, dijo.

Cintrón describe la organización de la comunidad puertorriqueña en Chicago como “excepcional”. Dice que el liderato del Puerto Rican Cultural Center unido a varias instituciones de servicio social y de agencias de vivienda asequible han creado “una concentración de esfuerzo y devoción hacia la propia comunidad que es completamente inusual, especial. No se parece a nada que hayas visto en Nueva York, Miami, Orlando” o en ningún otro sitio en el país.

De acuerdo a Cintrón, los puertorriqueños de Chicago lograron su forma tan excepcional de organización debido a que comparten una misma visión de mundo en cuanto a la independencia de Puerto Rico.

“Los puertorriqueños de Nueva York, históricamente han sido muy disímiles en términos de sus orientaciones políticas”, dice. “Pero Chicago ha estado muy específica e ideológicamente orientada hacia el movimiento independentista y hacia ciertos programas de justicia social, tanto locales como en la Isla”. Los puertorriqueños en Chicago han tenido sus propias experiencias con la marginación y el desplazamiento de las comunidades y, por muchos años, han sido muy articulados en su análisis del régimen colonial de Estados Unidos sobre Puerto Rico, dijo Cintrón, quien asegura que ese sentimiento incluye el manejo de la reciente crisis financiera y el huracán María.

“Si uno añade a todo esto el hecho de que la comunidad puertorriqueña es más pequeña en Chicago y no está tan dispersa como en la costa este, entonces se entiende la concentración del activismo político durante tanto tiempo”, dijo.

Para finales del siglo 20 y después de haber sido obligados a salir de varios otros vecindarios por causa de una renovación y desarrollo urbano, los puertorriqueños se organizaron mayormente en el vecindario de Humboldt Park, en el lado oeste, determinados a preservar su comunidad. Aunque los puertorriqueños viven en toda la ciudad y los suburbios circundantes, Humboldt Park se mantiene como el centro cultural y simbólico de los puertorriqueños en la región del medio oeste estadounidense. Negocios, artes, centros comunitarios, organizaciones sin fines de lucro, escuelas, música y banderas puertorriqueñas, todo esto está presente en el vecindario, especialmente en el sector de la calle Division conocido como Paseo Boricua.

En años recientes, la comunidad ha sido instrumental en mantener en el radar de los administradores de la ciudad a la comunidad puertorriqueña y sus reclamos. Chicago fue instrumental en lograr la liberación de los prisioneros políticos pertenecientes a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), la mayoría de los cuales provenían del mismo vecindario. Las sentencias de los primeros 12 fueron conmutadas por el Presidente Clinton en 1999 y luego Oscar López fue indultado por el Presidente Obama en 2017. Cintrón apunta a la organización ocurrida alrededor del caso de López, en particular, como emblemático en cuanto al tipo de poder que los activistas en Chicago han ejercido en servicio de la causa.

Chicago también fue un bastión de apoyo al movimiento que puso fin al bombardeo militar en Vieques. Y buena parte de la comunidad puertorriqueña también ha establecido fuertes vínculos y se ha convertido en parte del Partido Demócrata en Chicago, incluyendo al excongresista Luis Gutiérrez, al ex asambleísta de la ciudad Billy Ocasio – quien organizó la exhibición Repatriación – y otros numerosos oficiales electos locamente.

La comunidad de puertorriqueños en Chicago también se ha convertido en un sólido recurso para boricuas impactados por la crisis de la deuda y, más recientemente, por los huracanes Irma y María.

Un éxodo y una afluencia 

El 25 de septiembre de 2017, un avión de carga de la compañía United lleno de suministros de emergencia aterrizó en San Juan procedente de Chicago. Fue el primer vuelo privado de ayuda que llegó a la Isla después del huracán María; regresó a Chicago ese mismo día con 300 pasajeros que se habían quedado varados en la Isla. En los próximos meses, otros vuelos cargados de suministros fueron enviados desde Chicago a Puerto Rico.

Esos vuelos fueron una de las múltiples formas en que los puertorriqueños de Chicago contribuyeron – con la ayuda inmediata y en la reconstrucción a largo plazo – después de los huracanes Irma y María. Entre otras cosas, la organización Puerto Rican Agenda ha otorgado micro-donativos de algunos miles de dólares cada uno, a 40 municipios distintos. El Puerto Rican Cultural Center ha otorgado donativos a instituciones que incluyen una escuela de arte y diseño en San Juan, mientras que el Segundo Ruiz Belvis Cultural Center y el Puerto Rican Arts Alliance también han ayudado a que artistas puertorriqueños se presenten en los Estados Unidos, después de Irma y María.

Inmediatamente después de los huracanes del 2017, los puertorriqueños en Chicago también vieron la necesidad de coordinar ayuda para los puertorriqueños que fueron evacuados y que llegaron a Chicago, muchos de ellos con niños y algunos con poco más de una maleta llena de ropa de verano.

El 2 de noviembre de 2017, la ciudad abrió un centro temporero de recursos en el pabellón del Humboldt Park, parque que le da su nombre al vecindario. El centro ayudó a las personas a llenar solicitudes de asistencia individual de FEMA y a lograr acceso a servicios, desde vacunas hasta vivienda temporera. Este centro permaneció abierto hasta principios de mayo de 2018 y la ayuda a los damnificados continuó hasta aún después del cierre del local. Encontrar vivienda asequible ha sido una lucha continua y muchos descubrieron que las promesas de las autoridades de vivienda pública de la ciudad no fueron cumplidas.

Roberto Maldonado, asambleísta del distrito 26 de Chicago, que incluye Humboldt Park, dijo que los migrantes post-María todavía, en diciembre de 2018, acudían a su oficina buscando ayuda. 

“Algunas personas siguen viniendo solamente para socializar”, dijo, “pero otros vienen por que necesitan mejor acomodo de vivienda. Ese es el problema principal. Las personas quieren vivir cerca de su familia y de la comunidad – quieren escuchar el idioma español hablado y la música de salsa – pero la mayor parte de la vivienda que se les ha provisto está al sur o al norte, en las zonas más lejanas. Vienen a nosotros pidiendo nuestra intervención, pero la vivienda es muy limitada en Humboldt Park – simplemente no hay espacios vacantes”.

De octubre a diciembre de 2018, el Puerto Rican Cultural Center (PRCC por sus siglas en inglés) llevó a cabo contacto a 978 personas que permanecían en Chicago y que pasaron por el pabellón en los meses siguientes al huracán María. La organización habló con 403 de ellos sobre vivienda, empleo, salud y otros temas. Natasha Brown del Centro, indicó que mucha gente todavía necesitaba ayuda con los beneficios básicos de Medicaid y cupones de alimentos, confirmando lo dicho por Maldonado.

“Vemos mucha inestabilidad de vivienda. Ha pasado más de un año y todavía hay personas en refugios. Pueden haber firmado un contrato de arrendamiento, pero no han podido mudarse a un apartamento”. 

El PRCC continúa trabajando con los recién llegados a base de su necesidad. Estos esfuerzos pueden ayudar a determinar el futuro de la comunidad de puertorriqueños en Chicago – una diáspora con profundas raíces y un flujo y reflujo constante entre el medio oeste estadounidense y la Isla que queda a 2,000 millas.