Refrescante Malayerba en Nueva York

 

Especial para En Rojo

Un oasis apareció en el desértico territorio del teatro latino en Nueva York. Desértico porque a menudo el teatro latino no ofrece la principal razón de ser del teatro: la de entretener. Entiéndase claramente que no estamos diciendo que no existe teatro latino en Nueva York, la capital mundial del teatro como industria, en donde los teatros étnicos, entre ellos el nuestro, se mantienen al margen de la corriente tradicional. Este teatro existe y se da todo el año. Desafortunadamente, son pocas las producciones de teatro que ofrecen un producto en el cual veamos calidad y excelencia que salen del trabajo serio del arte de hacer teatro.

Aclarado el por qué de llamar a la puesta de escena del grupo de teatro del Ecuador Malayerba, como refrescante, es porque lo que presenciamos la noche del lunes 26 de noviembre de 2012, fue una experiencia de entretenimiento, gozo y aprendizaje tanto del tema presentado en la obra Instrucciones para abrazar el aire, de Arístides Vargas, así como también del estilo de poner en escena la obra donde la técnica de actuación y el concepto de dirección del montaje permitió crear por medio de la palabra, el movimiento y el gesto la magia del teatro.

Lo mágico comienza rompiendo el realismo fatigado y repetitivo de las representaciones del teatro latino en Nueva York, en donde las puestas de escenas son una copia infame de la televisión o el cine, en donde el movimiento y el trasladarse en un espacio escénico es limitado. Hay mucha influencia de esos medios en el teatro latino en Nueva York para bien y para mal. En cambio Malayerba, despojó el escenario del Teatro Pregones en el sur del Bronx con tan solo dos actores y una escenografía mínima: una tela tamaño bastidor que estaba en el centro centro del escenario con un árbolde limón dibujado con sus ramas hacia abajo y una mesa rectangular con alimentos y envases en donde preparan fricase de conejos.

Refrescante fue también escuchar un texto que trata un tema trágico sin caer en el melodrama fácil que nos ofrece el realismo. Un texto lleno de poesía, imágenes tan claras como paisajes en el horizonte. Con una estructura dramática que no solemos ver a menudo por estos lares. El autor comienza su fábula con unos personajes ancianos que se establecen como narradores por contarnos al publico directamente su diario vivir en la busqueda de su nieta desaparecida durante la dictadura militar en Argentina para la década de los 70 del siglo pasado. Es una narración presentada como un retablo por la manera como se establecen los personajes ancianos antes de comenzar la escena, durante el dialogo y ya terminada la escena. Sus posturas sugieren estéticamente una imagen en relieve esculpida en la superficie.

Expuesto el tema pasan a la escena de los cocineros que semejaban payasos, cada vez que se ponían su sombrero de cocinero y el pañuelo por el cuello. El cambio de un personaje a otro fue logrado por este cambio en vestuario con tan solo esas dos piezas. Todo el dialogo de las escenas de la cocina es un bombardeo de mensajes en donde la ideología política se mezcla con el arte culinario y el humor. Así disfrazan estos personajes la información que de otra manera resultaría panfletaria y melodramática. Todo se centra en un buen vecindario de ciudad. La casa como símbolo de la vida, de lucha, de resistencia, de hermetismo, del secreto.

Dentro de una de esas casas, dos cocineros hacen la comida que otros comerán y quedaran alimentados tanto en el estomago como en la mente. Pues en la etiqueta de los envases con los conejos en fricase se encontraba un boletín que traía información valiosa para la resistencia. Las escenas parecen un programa de cocina por televisión (aunque los actores estaban sentados el movimiento de sus troncos era fluido, no el estático actor sentado hablando con el otro) comiquísimas escenas en donde el humor se mezcla con la tristeza para dejarnos saber una dolorosa historia de la vida real.

La obra, concebida en escenas en un solo acto presenta a otros personajes que viven en las casas contiguas. Aquí vemos personajes de la clase social alta, la elite burguesa, con sus prejuicios y fobias. En cada una de esas parejas existe el conflicto de la eterna presencia, la rutina entre el hombre y la mujer. Cada pareja en su forma de hablar, de lo que hablan, del trato que se dan, en sus movimientos y gestos presentan la ideología que las define como clase social.

Instrucciones para abrazar el aire, es un testimonio que renueva la denuncia sin caer en los viejos clichés y en la violencia acostumbrada del agite a la lucha. Testimonios que salen de la rutina de contar una experiencia que cambió una sociedad.

Dentro de las actuaciones es imprescindible mencionar la labor destacada de Charo Francés. Esta actriz se desdobla naturalmente haciendo creíble los personajes que magistralmente da vida a través sus interpretaciones trágicas y cómicas. Su manejo y dominio del cuerpo nos permitió ver diáfanamente los cambios entre los personajes que interpretó. Así como también sus mascaras faciales que nos transmitieron a través del gesto preciso y controlado la angustia de la espera, el desprecio por las clases bajas, y la alegría que nos remonta al payaso de circo. Excelente manejo del vestuario, una sola pieza estilo túnica, lo convierte en un diseño de alta costura cuando interpreta el personaje de la vecina burguesa. Dejando la simpleza del vestido de la abuela con un diseño sobrio y sencillo.

El señor Arístides Vargas, en el personaje del cocinero proyecta una conducta violenta y humorística a la vez con su compañera cuando le demuestra a ella el proceso de hacer el plato de comida. Vemos en los otros dos personajes que se manifiestan casi siempre en una manera pasiva. Marcando claramente el cambio sincero de un personaje a otro. Como el abuelo, presenta un ser cansado, rutinario que expresa amor a su pareja, y aunque comparte con ella el afán de encontrar a su nieta, contradice a su esposa cuando ella insiste que él es músico. Como el esposo burgués, conserva la misma parsimonia pero con la diferencia del desdén, la poca atención que le da a las conversaciones con su esposa.

Son estos personajes que a través de escenas nos cuentan la fábula y nos la dibujan en el espacio escénico con sus cuerpos, la escenografía sencilla y provocadora a la imaginación de ese lugar. Junto a la iluminación calculada, que con sus colores y texturas nos permitió ver una historia trágica sin tener que sufrir la catarsis acostumbrada del teatro griego. Es en el juego y ritmo de las escenas una de tras de la otra que se cumple el distanciamiento brechtiano en donde el personaje no llega al máximo de sus sufrimientos cambiando la escena a una humorística o a un cambio añadiendo nuevos elementos escenográficos, así el espectador sigue la fábula sin tener que detenerse en la pena pasada. Hasta en la escena violenta, cuando es tiroteada la casa de los cocineros, los actores hacen movimientos lentos en cámara lenta, cumpliendo así con presentarnos una escena de terror con el mismo sentido de humor establecido destruyendo lo trágico y morboso de una escena macabra.

Esta presentación no pudo realizarse sin el trabajo de los organizadores. Nuestro agradecimiento por ofrecer esta función libre de costos para el público. Estos son: la Universidad de Nueva York, Departamento de Lenguas Modernas, Programa de Maestría en Escritura Creativa en Español, y a su director el Dr. Rubén Ríos Ávila y al Instituto Hemisférico, NYU; a la profesora y teatrera, Dra. Rosa Luisa Marques, a quien le debemos tanto por su compromiso y esfuerzo de mantenernos unidos a ese teatro latinoamericano al cual pertenecemos. A Miguel Villafañe, Juan Fernando Morales, Leticia Robles y al Grupo Pregones que compartió su hermosa sala de teatro e hizo posible esta noche mágica de teatro latinoamericano.

 

 

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