Ricardo Jiménez: luchador incansable

 

Por Ángeles R. Rodríguez Negrón/Especial para CLARIDAD

 

“Yo vivo solo, yo he estado solo toda mi vida. Yo nunca he tenido una relación. Yo nunca me he enamorado y nunca he vivido con nadie en mi vida… Yo estoy solo casi siempre”, rio Ricardo Jiménez Jiménez, momentos antes de finalizar su entrevista telefónica con CLARIDAD. Una vida solitaria usualmente se asocia con una vida desdichada, y más cuando el sujeto sufre de la persecución política, fue convicto durante veinte años y experimentó prejuicios por su orientación sexual. Sin embargo, Jiménez Jiménez, defensor de la independencia de Puerto Rico desde los catorce años y medio, portavoz de los derechos humanos de la comunidad LGBTTIQA+ y activista de las personas con VIH, es una persona que no se rinde fácilmente. La soledad no es una deficiencia en su vida; por el contrario, es una oportunidad para continuar sirviendo al pueblo puertorriqueño. Nacido el 3 de abril de 1956 en San Sebastián, Puerto Rico y criado en Chicago, Illinois, desde los 30 días de nacido, la vida en la diáspora, rodeado por su cultura nacional, pavimentó su destino como luchador incansable de la patria.

En el 1971, tuvo su primera lucha como activista en la escuela superior Tuley High School, una escuela con una población de “65 a 70 por ciento de puertorriqueños”. Allí fue que comenzó a aprender sobre la historia de Puerto Rico, gracias al primer capítulo de ASPIRA, una asociación de educación alternativa para latinos, que dirigió la también exconvicta y miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional Puertorriqueña (FALN) Carmen Valentín.

Luego de enamorarse de la historia puertorriqueña, Jiménez Jiménez abogó por la integración de una clase sobre el tema al currículo escolar. “Pudimos lograr estudios puertorriqueños, mexicanos y africanos americanos en la escuela de Tuley, con el profesor José López”, comentó. Desde ese entonces, “a la edad de 16 ya había dedicado mi vida a la independencia de Puerto Rico”. Dos años más tarde, la institución educativa cambió su nombre a la Roberto Clemente Community Academy, en honor al legendario pelotero boricua.

Arresto por “casualidad”

En un área cercana a la Northwestern University, una mujer observó por su ventana a personas entrando y saliendo de una van estacionada en la calle. Intuyó que eran estudiantes bebiendo y fumando cigarrillos dentro y fuera del vehículo y, preocupada, reportó lo visto a la policía estatal. Los oficiales llegaron al lugar indicado, investigaron, encontraron un revólver junto a otras armas y llevaron a los nueve sospechosos a la estación de policía.

Allí, ninguno aportó información sobre la situación y no fueron identificados por sus huellas digitales. No es hasta que un agente del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) reconoció a Carlos Alberto Torres, quien estuvo en el clandestinaje desde el 1976. “Él FBI dice: ‘Aah, aah’ —como en esa forma que está fatigado— Carlos Alberto Torres, F-A-L-N’”, recordó Jiménez Jiménez. El suceso del arresto de los once integrantes de la organización nacionalista —donde otros dos fueron capturados en una situación distinta— ocurrió el 4 de abril de 1980, día siguiente al cumpleaños #23 de Ricardo Jiménez Jiménez.

El más joven de los miembros de la FALN fue sentenciado por conspiración sediciosa a unos 90 a 98 años de prisión. Este y sus camaradas adoptaron la postura de prisioneros de guerra por ser “combatientes de la lucha armada para la liberación de Puerto Rico”, por lo que no reconocieron a la jurisdicción de los Estados Unidos, por ser colonizador de la Isla del Encanto. Incluso, enviaron un comunicado a las Naciones Unidas para pedir ser juzgados ante un tribunal internacional. Por el contrario, los Estados Unidos enjuició a los capturados como criminales comunes. “El jurado nunca nos vio, especialmente a los once originales; nunca nos vieron, nunca participamos, nunca hicimos ninguna clase de declaraciones. Solamente un openning statement y más nada. […] No hubo defensa, nos declararon [culpables] y nos pusieron sentencias, desde los 55 a 98 años”, recordó.

“Cuando uno toma la responsabilidad de defender la patria, particularmente, es la expresión más grande que uno puede dar. Con la lucha armada, históricamente, nosotros sabemos [que] el que coge estas represalias sabe que lo que [le] va a esperar son dos cosas: either vas a morir o vas a estar en la cárcel por mucho tiempo. Eso estaba totalmente en mi mente. Así que, cuando a mí me arrestaron, ya yo sabía que esto iba a ser una larga lucha o, si no, morir en [la] cárcel”, añadió.

Vida encarcelada

Los FALN boys fueron muy respetados en los penitenciarios por su estatus de luchadores armados por la independencia de Puerto Rico, por lo que los comienzos en la vida carcelaria fue un poco más cómoda para Jiménez Jiménez.  Estuvo en prisión estatal durante ocho años y, luego, “estuve como en cuatro o cinco cárceles durante cuatro años. […] Me enviaron a la federal. Yo fui a un lugar que se llama Odisville, una [institución correccional estatal] de seguridad alta. No duré mucho tiempo porque ellos (los guardias de seguridad) dijeron que yo quería irme temprano, que me quería escapar de mi celda”, manifestó. “Me mandaron para la máxima seguridad de alto riesgo a Lewisburg Penitentiary, [en Pennsylvania], y me pusieron en, lo que era aquello, un little control room que tenía aun más seguridad que el resto del área. Ahí estuve 12 años”. Sus compañeros Edwin Cortes y Alberto Rodríguez llegaron a estar en otros sectores de esta última institución.

Allí mismo, Jiménez Jiménez enseñó clases de inglés y matemáticas para que otros convictos pudieran aprobar el GED o examen de desarrollo de educación general. También, tuvo la oportunidad de realizar diferentes eventos culturales para educar a los latinos en sus propias costumbres, especialmente a los puertorriqueños. “Celebramos el Grito de Lares, les pudimos también cocinar, que son unos eventos en que podemos unir la población latina a pesar de las diferencias de gangas. Pudimos hacer un esfuerzo para ellos reunirse y, también, tener un conocimiento de quiénes son como latinos”.

No obstante, a pesar del buen comportamiento y sus contribuciones como maestro, no logró ganar todas las batallas. Cuando enfermó su madre, Lydia, intentó conseguir los permisos necesarios para visitarla una última vez. Recontó la dolorosa memoria en el que un oficial de la FBI contestó a su plegaria: “Tu mamá está enferma, se va a morir; así que no gastes el tiempo en estar preguntando que si vas a ir a velarla, que si vas al entierro. No vas a hacer absolutamente nada, nada, nada. No te vamos a dejar ir. Ve, haz una llamada y vete de aquí. Adiós, y no nos molestes más nada”. 

“Todavía tengo la fecha grabada en mi mente; fue el 27 de mayo de 1990. Llamo a mami y le digo: ‘Mami, soy yo’. Como a los tres minutos me dijo: ‘Hijo, yo me voy a morir, me voy a morir. Nunca te voy a ver en mi vida. Nunca te voy a dar un beso y un abrazo. Yo te quiero, te quiero; te amo, te amo’… A los diez días murió, en el 7 de junio de 1990”.

Activismo en la comunidad LGBTTIQA+

Aunque hoy Jiménez Jiménez es un hombre homosexual abierta y orgullosamente, por décadas mantuvo su orientación sexual en secreto hasta luego de salir de la cárcel y regresar a Puerto Rico. Trabajó en una discoteca para hombres gais, teniendo que escuchar comentarios homofóbicos dentro de la izquierda como “un héroe nacional es homosexual. Ninguno de sus camaradas supo del dato por miedo, por “los prejuicios que existían especialmente para los gais y el machismo que todavía dominaba, particularmente, en el movimiento independentista puertorriqueño”.

Sin embargo, su salida del clóset le abrió las puertas a oportunidades como las que vive ahora: es activista por los derechos de la comunidad LGBTTIQA+ y trabaja en el Centro Cultural Puertorriqueño (Puerto Rican Cultural Center) en Chicago, en el departamento de Salud Pública, donde dirige el programa Vida/SIDA. El proyecto ofrece servicios de prevención médica del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) y ayuda a pacientes con VIH dentro de la comunidad latina y otros grupos minoritarios. Además, el centro, fundado en 1973, cuenta con otros designios dirigidos a personas transgénero, transexuales y para hombres que tienen sexo con hombres (MSM, por sus siglas anglosajonas).

Vida/SIDA “ya tiene 30 años. Yo he estado aquí diez años y, en esos diez años, se han dado grants de millones de dólares para hacer servicios de la comunidad latina, que mayormente aquí es mexicana”, recalcó el director del programa desde el 2016.

Con pasión en su voz, Jiménez Jiménez sostuvo que, para él, es una prioridad incluir a la comunidad LBGTTQA+ en la sociedad puertorriqueña y “cambiar la definición de lo que es una familia a que sea una mujer-un hombre, un hombre-un hombre y una mujer-una mujer”. Además, “está involucrada con la situación de VIH en nuestro país. Algo que se ha negado completamente en estos días en Puerto Rico es que, todavía, Puerto Rico [es] la población número uno. Y si yo pongo [una lista de] las mujeres latinas en Estados Unidos que tienen VIH, [las] número uno son las puertorriqueñas”, indicó el defensor de derechos humanos.

El paso de la antorcha

A pesar de no estar físicamente en su patria, Jiménez Jiménez no ha despegado el ojo ni el oído de las noticias más recientes en Puerto Rico. Se llenó de orgullo patriótico y de esperanza al ver como el pueblo puertorriqueño se unió en impresionantes marchas masivas en contra del gobierno de Ricardo Rosselló Nevares. Reconoció lo orgánico que fue la unión multisectorial, que no se basó en ideologías políticas, sino en el empoderamiento de los boricuas para “combatir lo que no les guste.  “Lo que me molesta mucho más es que el puertorriqueño tiene una memoria muy corta. Espero que esa memoria se les quede con ellos en estos siguientes tiempos que está pasando Puerto Rico, tener la suficiente educación para saber que hay que botar a esa Junta [de Control Fiscal], y saber que Puerto Rico tiene que tener una dirección y un camino diferente por la cual camina hoy en día”, puntualizó.

Es fiel creyente de que su tiempo y el de sus compañeros ex prisioneros políticos se les terminó. Ahora, le toca a la juventud dictar el futuro de Puerto Rico y continuar la lucha por la liberación del coloniaje puertorriqueño y arrojar luz a las faltas por los derechos humanos en la nación. 

Hace dos semanas visitó la isla e hizo énfasis en la necesidad de mejoras en las instalaciones médicas y en la educación pública, especialmente la enseñanza de la historia desconocida del país. “La historia de Puerto Rico es enseñada desde los indios taínos, después brincan al ELA (Estado Libre Asociado) y se terminó. […] Antes que nosotros [los ex prisioneros políticos] nos vayamos de este mundo, yo creo que es algo sumamente importantísimo que esta historia sea escrita para que [haya] una base de sabiduría, de conocimiento y de perspectiva política para los que vayan a seguir este movimiento, para la siguiente generación, que ya se les debe entregar a ellos”, recalcó Jiménez Jiménez, consciente que, a sus 63 años y luego de una vida de luchas, le toca prepararse para el retiro. “A ver dónde estaré. A lo mejor, yo ni sé”, rio. “Estaré viviendo cada día, me imagino”.