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Sastres para vestir la impunidad

Por Manuel de J. González/Especial para CLARIDAD

Este artículo trata de sastres, pero no de los de la alta costura. Me refiero a otro tipo de costurero o costurera, los que se dedican a cortar telas para ocultar la Dama de la Justicia, esos que ya conocemos como “sastres jurídicos”. 

Puerto Rico tiene – lo he dicho en otras ocasiones – un excelente entramado institucional para combatir tanto la corrupción como la negligencia que desfalca el tesoro público. A lo largo de los años, mientras llueven los casos, se han ido creando mecanismos legales que si operaran como se esperaba, ahora mismo tendríamos una administración pública bastante limpia. Algunas de esas instituciones se crearon cuando la otra falló, pero en su conjunto debieran servir para darnos un mejor país.

Tenemos, en primer lugar, un Departamento de Justicia (DJ) creado en la Constitución de 1952 para que sea el instrumento del pueblo a cargo investigar, perseguir y procesar el delincuente. En la década del ’80, cuando tras el encubrimiento de los asesinatos del Cerro Maravilla quedó demostrado que ante eventos de impacto político ese Departamento podía ser manipulado para encubrir el delito en lugar de esclarecerlo. Entonces se creó la Oficina del Fiscal Especial Independiente (OPFEI), responsable de investigar y procesar a quienes ocupen altos cargos públicos. El vocablo “independiente” sugiere que debe ser una oficina separada de la administración de turno. Finalmente, como se producían muchas violaciones éticas que no necesariamente eran delitos y porque además de acusar también había que educar, crearon la Oficina de Ética Gubernamental (OEG). Como puede apreciarse, es una estructura bastante completa, casi un “dream tream” institucional para la pureza pública. 

Pero como el que hace la ley hace la trampa, la Legislatura del PNP controlada por Thomas Rivera Schatz buscó y encontró la manera de manipular ese entramado institucional para tornarlo ineficaz en cuanto a las acciones de su partido se refiere. En los cuatrienios donde han controlado tanto el poder ejecutivo como el legislativo se las arreglan para manipular los términos de los puestos directivos del OPFEI y la OEG, asegurándose que siempre esté un cuadro fiel del partido a cargo de la entidad. Por diez años tuvieron a Zulma Rosario, penepeísta de armas tomar, a cargo de la OEG y ahora tienen a quien era su subalterno comenzando otro decenio. A cargo de los fiscales “independientes” colocaron a Nydia Cotto Vives, con un historial similar al de Rosario. Del DJ no es necesario hablar porque desde aquellos tiempos oscuros del Cerro Maravilla sólo ha tenido pequeñas ventanas para respirar. 

Durante el presente cuatrienio las tres instituciones se la han pasado chapoteando en el fango y a veces hasta se han puesto a pelear entre sí a dentelladas, como hienas y lobos. Ya es historia el procesamiento criminal que Nydia Cotto y sus fiscales comenzaron contra Wanda Vázquez cuando era secretaria del DJ. Entonces se decía que detrás de aquella intentona estuvo Rivera Schatz, quien a la sazón era enemigo de Vázquez de quien ahora es amigo y promotor. Esta gente sin asomo de escrúpulos y lealtad, que hoy se besa y mañana se muerde, es la que han reducido esas instituciones de “justicia” a meros fantasmas.  No sólo las despojaron de razón de ser – combatir la corrupción – sino que, en el proceso, las utilizan para faenas personales.

Ahora mismo estamos viendo otro paso de comedia que, si no fuera por la corrupción que encubre, sería entretenida. El chat de la ganga que dirigió Ricardo Rosselló estuvo siendo “investigado” por el DJ, pero la actual secretaria, Dennise Longo, soltó bien rápido la investigación mandándola al OPFEI. Ante otra indagación menos compleja, la de los almacenes que involucra a Vázquez, dijo que la tendría “por años”, pero la del chat fue chapuceada a la carrera. En OPFEI la recibió Nydia Cotto, quien todavía anda herida del fiasco en que terminó su montaje contra Vázquez y de inmediato la demonizó. Esas imputaciones mutuas de chapucería a través de largos memorandos entregados a la prensa, además de servir para golpearse unos a otros, preparan el escenario para el resultado que tanto el DJ como el OPFEI quieren. Cuando terminen de rasgarse las vestiduras todos los integrantes del chat delictivo quedarán exonerados. 

Una vez cese el tiroteo de baja costura todos los “sastres jurídicos”, los de las tres instituciones de “justicia” quedarán satisfechos porque habrán cumplido con la tarea asignada. Caminando y muy bien vestido aparecerá otra vez el muñeco de la impunidad. A fin de cuenta para eso existen, para confeccionar los trajes de ese muñeco.

Seguramente alguien habrá pensado que esa sastrería jurídica es de hechura tropical y que como es común escuchar en la colonia “en Washington eso no existe”, porque allí donde actúa el “efebeí” la dama de la justicia de verdad es ciega. Pues ahora mismo está en la portada del New York Times el reclamo de mil cien exfiscales del Departamento de Justicia para que se produzca la renuncia de William Barr, el actual secretario. A este se le imputa haber presionado a fiscales de su Departamento para que cambien la recomendación de sentencia que hicieron contra el ya convicto Roger Stone, amigo de Donald Trump. El fiscal a cargo del caso propuso una sentencia de 9 años de cárcel, pero tras la protesta pública del presidente, Barr intervino para cambiar el pedido. Esta es tan solo una de las muchas ocasiones en que Trump ha traqueteado con su DJ. La primera y más notoria fue cuando forzó la renuncia de un secretario, el antecesor de Barr, quien se negaba a manipular la investigación que se hacía sobre la ya olvidada “trama rusa”. 

Los sastres jurídicos visten el muñeco de la impunidad tanto en la colonia como en la metrópolis. 

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