Ser madre en tiempos de pandemia

CLARIDAD

Una crónica desde Cuba

La Habana, Cuba-Desde una ventana del Hospital Materno Infantil González Coro de La Habana, Laura saluda y lanza besos al aire que caen formando arcos serpentinos en el viento. Siete pisos más abajo, desde la acera opuesta al edificio, su esposo y su madre captan los cariños al vuelo. La dinámica ha sido la misma, día tras día, desde que Laura, madre primeriza de 31 años, fue ingresada en el capitalino centro médico para monitorear la etapa final de su embarazo.

A Laura no se le permite recibir visitas y su contacto con la familia se ha reducido a 15 minutos, mirando desde aquel ventanal al futuro padre de su hijo y a su madre, mientras los tres hablan por Whatsapp. Ellos dos acuden fielmente dos veces al día para llevarle comida, agua, ropa o meras chucherías; ella, pasa el día a la espera de las contracciones que traigan a su bebé, mientras recibe visitas constantes de médicos y enfermeros y le practican ultrasonidos de rutina.

Para Laura es un momento difícil, lo acepta, pero comprende que la salud de su primogénito va primero.

“Cuando no estás con las personas cercanas a ti, te sientes sola y uno entiende las restricciones, pero también te sientes impotente porque no puedes ver a las personas que necesitas para enfrentar lo que viene. Pero en el fondo estás consciente de que es por tu bien y el del bebé”.

Su embarazo ha sido uno de esos que llaman normal y saludable. Sus parámetros y los del feto han estado siempre dentro de lo recomendado por los expertos. Pero al cumplir las 40 semanas, el niño no dio señales de querer salir aún y el líquido amniótico –vital en el proceso de gestación– disminuyó levemente. Los médicos decidieron entonces ordenar su ingreso para monitorearla de cerca. De la institución materno infantil no saldría hasta luego de haber dado a luz.

De no ser por “la cercanía que te brinda la tecnología”, todo sería más difícil, confiesa Laura. Explica que son las videollamadas y los mensajes “el vínculo más cercano que tengo con mi pareja, para hablarnos y contarle cómo me siento”. Le ayuda también pensar “que ya me queda poco tiempo y que en unos días saldré con mi bebé en los brazos”.

La medida, para muchos, podría sonar exagerada –separar a una embarazada de su familia en el momento que más la necesita no suena muy alentador–, pero en Cuba las madres embarazadas y los recién nacidos se toman muy en serio; son casi una cuestión de estado.

Una cuestión de estado

En 1983, el país caribeño implementó el Programa Nacional de Atención Materno Infantil (PAMI), una plataforma destinada a planificar, organizar y controlar en toda la isla las acciones y las atenciones relacionadas con la salud reproductiva y de la infancia y la adolescencia. Hoy se ha convertido en uno de los mayores logros del sistema de salud cubano.

A finales de la década de los ’50, Cuba mantenía altas tasas de mortalidad infantil y materna. Según datos oficiales, para ese entonces, sólo el 10% de la población infantil recibía atención pediátrica y menos del 60% de los partos ocurría en centros de salud. Entre las causas más comunes de muerte infantil sobresalían las enfermedades respiratorias agudas, la desnutrición y las afecciones perinatales. En el caso de las madres, las complicaciones del parto y el aborto, así como la enfermedad hipertensiva del embarazo, solían ser las más recurrentes causas de mortalidad.

Con el fin de revertir este escenario, el país se encaminó, al triunfo de la Revolución, en un ambicioso proyecto de expansión de los servicios de salud a todos los sectores de la población. A partir de 1961 se puso en marcha una campaña de creación de hospitales rurales en todo el país para garantizar el parto institucional. En 1962 llegaron los primeros hogares maternos. No hay que dejar fuera las masivas campañas de vacunación emprendidas sucesivamente en la isla para erradicar enfermedades como la difteria, el sarampión, la rubéola, la tos ferina, la hepatitis B, entre otras.

Los esfuerzos han rendido sus frutos. Cuba tiene hoy cifras de mortalidad infantil que la ubican entre los 35 países con la tasa más baja (5,0 por cada mil nacidos vivos, en 2019). Y los servicios de salud alcanzan prácticamente de forma igualitaria a toda la población, en todos los rincones del país.

El actual ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, enfatiza los logros en ese renglón al explicar que “el desarrollo prácticamente uniforme en las condiciones de salud que se han creado en el transcurso de décadas en el país, pone a todas las provincias en igualdad de condiciones para tener buenos resultados y brindar satisfacción a las familias”.

La Covid-19, una amenaza extra

A la ya de por sí compleja tarea de cuidar a las madres embarazadas y a los recién nacidos, se ha sumado ahora un agente externo. Como en el resto de países del mundo, la llegada de la Covid-19 a Cuba ha supuesto un reto más en los esfuerzos de las autoridades de salud por garantizar el bienestar de la población. Los protocolos sanitarios, en general, han debido extremarse y los cuidados a las embarazadas y a niños en edades pediátricas se han vuelto más estrictos.

Madre con riesgo de cualquier tipo tiene que estar en el Hogar Materno y con atención diferenciada”, sentenciaba a inicios de año el presidente Miguel Díaz-Canel, durante una reunión con las principales autoridades del sector de la salud.

 Cuba ha hecho todo lo que está a su alcance para proteger a sus madres y a sus niños. Tanto así que durante todo 2020, el país logró mantener bajas cifras de contagios en mujeres embarazadas y menores de edad. Pero apenas despuntando el 2021, el descuido y la irresponsabilidad de algunos sectores de la población y el relajamiento de las medidas de cuarentena han intentado revertir esa realidad.

Las cifras que otorga la Doctora Mercedes Piloto, especialista del Programa Materno Infantil, son preocupantes.

“Si bien hasta el momento la evolución de nuestras pacientes ha sido favorable, hay que resaltar que desde el comienzo de la pandemia en marzo de 2020, hasta el 31 de diciembre se habían diagnosticado 110 embarazadas y paridas con la enfermedad y al cierre de enero de este año se han diagnosticado 120 pacientes, es decir, se nos han enfermado 120 pacientes en un mes”.

El 69% de ellas tuvo como fuente de infección el contacto con casos positivos.

En el área pediátrica, el panorama no es muy distinto. En 2020, fueron diagnosticados con el virus 1.282 menores de edad; mientras, sólo en enero de este año se diagnosticaron 1.600 y en la primera semana de febrero, otros mil.

Aún más perturbadora es la cifra de 60 lactantes infectados con la Covid-19 en las primeras seis semanas del año.

Pero a pesar de este escenario, Cuba tiene en su haber un logro no menor en la ardua lucha contra el Sars-Cov-2: a diferencia de otros países de la región, la isla no ha reportado muertes de madres embarazadas o de niños a causa de la enfermedad. No es casualidad.

Para describirlo mejor, las declaraciones de la Dra. Lissette López González, jefa del grupo nacional de Pediatría de Cuba, en una reciente entrevista en el programa Mesa Redonda.

“Los niños están concebidos para vivir en un ambiente saludable y por eso la responsabilidad que tiene el gremio médico y obviamente la sociedad porque esto es un país que tiene todas las garantías institucionales que nos permiten que vayamos por un camino seguro”.

 Por eso y por mucho que duela estar lejos de la familia, madres como Laura, tienen la certeza de que sus hijos nacerán y crecerán con todas las garantías básicas de salud y atención. Tiempo habrá de sobra, cuando todo esto pase, de abrazar a los suyos y mirar juntos desde una misma ventana.

 

 

 

 

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