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Será otra cosa: La bienvenida despedida

 

Especial para En Rojo

 

Querida universidad de puerto rico,

Te escribo esta carta a ti, en minúsculas, porque eres la de acá abajo, la de a ras del suelo, la que come tierra, la que se enrolla las mangas, la submarina, la que no está, ni ha estado nunca, en las manos del capital ni del partido. Eres la desacreditada de las agencias reguladoras, la evadida del anodino régimen de comités y reuniones, la que ningún formulario en excel puede contener ni sojuzgar, la ausente en las plantillas de power point, la que, si tiene sangre, es para hervirla de furia contra el poder, la que rebasa la tradición, la que no se somete al uso y costumbre si son sinónimos de daños y perjuicios, la que se fuga de toda directriz del desamor, la que sólo tiene canales de encuentro y nunca de mando, la que, aspirando a la libertad sin concesiones, se enfrenta todos los días a los traficantes de prisiones con doctorado.

Te escribo a ti, aunque concedo que algo hay delirante en escribir cartas a quienes no son propiamente sujetos. Pero, amada mía, lo cierto es que lo eres. Te he mirado a los ojos. He levantado mis puños junto a los tuyos. Nos hemos agarrado las manos, los brazos, las piernas, gritando a boca de jarro, no pasarán. Me he puesto tus camisetas; he pintado tus carteles; y he inventado contigo las consignas. He caminado contigo las calles y el ritmo de tu alegría ha vuelto baile nuestros pasos. En más de un aguacero he combatido junto a ti. Aprendí en tu compañía a estudiar como práctica de vida en vez de como transacción por una cifra. Soy testigo de tu curiosidad, de tus ganas, de tu ímpetu. Sé de tus miedos y de tus luchas. Conozco, desde muy adentro, las tripas de los monstruos que te acechan. Me consta que ningún portón te contiene. Te desparramas por el país como quien no sabe de fronteras, murallas ni límites. Tu vida es la de los sueños por otro futuro, por otro acuerdo, por otro mundo. Tu presupuesto es una educación para la libertad que cuadra su caja cada vez que une estudiante se maravilla, como si recién abriera los ojos al mundo y sólo fuese posible, ante tanta belleza, que se le llenaran de agua.

Te humillan, te saquean, ambicionan ponerte de rodillas, porque conocen bien tu poder. Porque saben que todas y cada una de las luchas por la justicia, la libertad y el bien en este herido archipiélago se deben, no exclusivamente, pero sí en algún lugar y medida, a ti. Porque saben que lo mismo ocurre con todas y cada una de las creaciones, sin importar disciplina, área del saber-sentir, ni currículo establecido, que siguen gestándose contra todo, acá abajo. Porque saben que no hay primaveras ni veranos, escrutinios electorales ni comunidades científicas, insurrecciones energéticas ni defensas de playas, proyectos agroecológicos ni luchas transfeministas, sin ti.

Pretenden no reconocerte, amada mía, pero lo cierto es que te saben capaz de cambiarlo todo.

Por eso, ahora que me marcho de la UPR con mayúsculas, te escribo a ti, indiscutible compañera, para decirte que te llevo conmigo a todas partes. Imagino que los mandamases respirarán aliviados al ver cómo las ruinas que administran siguen vaciándose para que algún campo en el excel del poder “se ajuste y cuadre.” Supongo que quienes se prestan para manejar ese teclado viven la obediencia como experiencia erótica. Pero, amada mía, lo nuestro es otra cosa. A nosotras nos encandila otra vida. Te ofrezco, pues, la bienvenida despedida. Acá abajo te espero siempre, pues sé muy bien que nunca tardas en llegar.

 

 

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