Será otra cosa: Monólogo en práctica los días pares y algunos nones con menor o mayor ficción

He visto que las cosas

cuando buscan su curso

encuentran su vacío

–Federico García Lorca,

“1910 (Intermedio)”

“Don’t tell other people about the loop.”

–Nadia, Russian Doll (Netflix)

Casi todos los días hago lo mismo. Me levanto, aseo, desayuno, miro el celular. El orden varía. Voy de cabeza a la computadora y ahí me quedo hasta la una. Leo y escribo, borro, corrijo, edito esta sección interminable de mi capítulo. De nuevo: leo y escribo, borro, corrijo, edito esta sección interminable de mi capítulo. ¿Qué estoy haciendo? Cocino, a veces hago recetas nuevas. Me propongo cosas inalcanzables que no estoy dispuesta a trabajar. Soy consciente de la contradicción, pero me divierte o, mejor, me causa ilusión. Hay días en que hago ejercicio. Comparto con Edgardo. Le meto de nuevo al celular y toco base. “Estoy a la distancia de una llamada … O de un texto” me dice mami, mi prima, Kike, las amistades realengas por ahí. Corrijo: nos decimos de un lado y de otro. No sabemos si es para aliviarnos. O si nos consolamos entre todos o nosotros a nosotros mismo. Sigo y retomo. Vuelvo a refrescar la pantalla de la computadora. A la bandeja de los correos electrónicos. Refrescar las responsabilidades: los guisos por el lado, los otros deberes. Reanudo la labor de escribir con fechas límites, solicitar y pedir chavos, editar (si es posible) mi bio y el gancho de mi trabajo a ver si pasa la prueba. ¿A quién del comité le importarán los archivos y el exilio en Puerto Rico o, según el buzzword, el recorrido transatlántico de unos cuantos españoles hace más de un siglo? No los culpo. Las convocatorias parecen un regaño o que me están perdonando la vida. Hay una retórica loca de urgencia/emergencia/patria o muerte en las solicitudes académicas. “Explain what you do and how would your work contribute to so and such”. Me pregunto si en otras profesiones hay que explicarse o validarse tanto y de manera tan seguida. Violines, por favor. Qué porquería. De todos modos, solicito 1, 2, 3 veces. Ni modo, hay que pagar renta en el verano. Algunas salen. Una amiga me textea. Me dice que colaborar en publicaciones, aunque no me paguen, es bueno para el CV. Difiero, pero no entro en esa disquisición hoy. De todos modos, no es por eso que lo hago. Es por onanismo o sentido de culpa por haberme ido y en el fondo no querer volver. Es para creerme parte de algo intangible, un medio camino entre aquí y allá que no me comprometa ni aquí, ni allá. Bueno, tampoco es tan malo. Igual, estoy bien, estoy segura, sana. Pasar un mes en Puerto Rico me jamaquea mucho. Me tardo en recuperarme. Cojo un break. Me meto a Instagram. Reparto corazones. Mira todo lo que hacen estas muchachas con la impresora. Qué bueno por Luis en su esquinita. Like. Like. Like. La verdad es que Puerto Rico es lindo, mano. Me hace falta. Qué mucha cosa pasando. Cuánta gente cool. Diache. Qué duro. Qué mucha mierda también. Qué triste. Vuelvo al mambo. Delete. Teclado. A ‘esencializar’ como decía la profesora que olía a talco y jazmín en el LPM de la UPR-RP hace diez años. Reinventar la bibliografía. Un par de horas más en esto. Un par y ya. Es decir, dos horas. En fin. Pantalla y documento. Capítulo. Disertación. Falsos fuegos. Una página por día. Una página por día después de la edición. Una página por día es el cometido. La manera en que afirmo la victoria o mido el fracaso. Qué dramática me puse de momento. Estoy casi ahí. Un parrafito más, una cita larga. Interrumpo la oración para dar para atrás: ¿para dónde va esto? Copy/paste, subtítulo. Más o menos. Ya comienza el desenlace, pero lo estiro. Me levanto a limpiar. Ya voy cerrando la página y me acuerdo de Maurer, el sensei gigante de Pennsylvania, la encarnación de Juan Ramón. El único otro gringo que conozco y admiro, además de David Shames. Maurer me acuerda a Lorca, al Poeta en Nueva York, al poeta y a Nueva York, debí decir. Voy cerrando la página. “He visto que las cosas cuando buscan su curso encuentran su vacío”. Pienso en el futuro, round dos, eso no vale la pena, aun así, lo hago. Ni aquí ni allá. Hace frío. La optimista irredenta en mí no permite la queja vacía: “al menos son inviernos soleados”, me digo y le digo a mami y a mi prima, y a Kike y a mis amistades realengas por ahí. Omito actividades. La rutina varía, los pensamientos también, pero ni tanto. La variación misma es parte de la circularidad. Es decir, se asume. La supuesta variación se incorpora a la rutina. Me pregunto muchas cosas: qué estoy haciendo, para dónde voy, para dónde quiero ir. Pero se acabó por hoy. Decido descansar y retomar mañana.