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Será Otra Cosa: Comerío, montaña en flor

Especial para En Rojo

 

0.Indecisión

No sé si es el cambio de temperatura o el verde de las montañas la primera noticia del retorno al origen. Bajar la ventana del auto, tocar la brisa con las manos, oler y sentir el fresco del viento en la cara son reacciones casi inconscientes, quizás, reflejos infantiles al paisaje. Luego la represa, el cementerio y la curva de La vuelta del Dos. De camino a ese referente familiar y lejano, Comerío, el pueblo de mi madre, de mi padre, de mis abuelas y abuelos, me pregunto si es posible orillar la nostalgia y establecer otra relación con el lugar. La nostalgia pinta con sepia, folkloriza, debilita, convierte en postalita la ruralía. La nostalgia enferma.

1.La montaña mágica

Quizás el pueblo mismo me ofrezca la cura. Gracias a la gestión municipal de transformar el Hotel Media Luna en un centro de aislamiento para enfermos de Covid-19, Comerío se convierte en la montaña mágica. No debe extrañar que ese pueblo, montaña en flor, ayude en la recuperación de enfermos, así como Davos, el pequeño pueblo de La montaña mágica (1924), la clásica novela de Thomas Mann. La apuesta es urgente: solventar la crisis hotelera con los necesarios servicios de aislamiento de pacientes contagiados. No imagino mejor camino para la recuperación: los provocadores verdes de las montañas que bordean el lugar, el trino y belleza de las aves, la temperatura apacible, el silencio y, quizás, con suerte, la neblina de la madrugada. El tiempo se hará otro en la contemplación de la naturaleza; se aprenderá a esperar.

2.Una visita es una visitación.

Es Lunes Santo y voy a la Exposición Permanente Fotográfica y Cinematográfica en el Centro Comunal El Cielito. Allí, en la falda de uno de los barrios más pobres del pueblo, se exhiben la clásica película Los peloteros (1951) y el documental Luchando por la Vida (1985), así como fotografías del proceso de producción de las películas y de la industria tabacalera en Comerío. Nos esperan Carmelo Pérez Vega, voluntario y gestor político-cultural, y Edelfina Nieves, empleada municipal, quienes nos permiten recorrer el museo/centro comunal cerrado en tiempos de pandemia.

Todo museo es un altar: las fotos en blanco y negro de Landrón Ramírez, Toro Romanache, E. Roskam y Jack Delano, entre otros, dan cuenta del Puerto Rico rural de la primera mitad del XX.  Reconozco todos los lugares comunes del álbum familiar: los cerros poblados de casitas de madera y zinc, la represa, el río La Plata, los niños descalzos, las siembras de tabaco con sus paños blancos, los ranchones, los salones poblados de despalilladoras en el proceso de clasificación, despalillaje y pesaje de la hoja. Me interesan las fotografías de la producción de los peloteros: en unas Jack Delano está entre el equipo de la producción; en otras, entre la gente del pueblo, incluso, hay una en donde aparece vestido de sacerdote. Y voy reconociendo los actores profesionales, Diplo y Miriam Colón; los actores naturales, José Manuel, Celso, Daniel y los otros niños; y las escenas de la película: el cafetín, el juego de pelota, el circo.

 Los peloteros, la película más famosa de Jack Delano, y una de las de mayor trascendencia de la División de Educación para la Comunidad, se filmó casi por completo en Comerío. Con gente del pueblo como actores, guión de E. Roskam y música original de Delano, la estupenda película participó del propósito de organización de las comunidades del país que procuró el proyecto de la DIVEDCO división adscrita al Departamento de Instrucción y creada por Ley en 1949.

Luchando por la vida, por otro lado, documental de José Artemio Torres, presenta a través de entrevistas, fotos y películas antiguas el desarrollo de la industria del tabaco durante las primeras décadas del siglo XX y el lugar protagónico de las despalilladoras en dicha industria. Comerío, famoso por la calidad de su hoja desde el siglo XIX (Tapia y Rivera y Bird, entre otros), fue un importante enclave tabacalero. La Porto Rico Leaf Tobacco Co (La Colectiva), sucursal de uno de los emporios tabacaleros del momento, la American Tobacco Co, se estableció en el pueblo durante los primeros años del XX, adquirió unas 860 cuerdas y construyó tres grandes almacenes para el procesamiento de la hoja de tabaco en el casco urbano (Torres, 17). El cuerdaje dedicado a la siembra del producto en haciendas y vegas del pequeño pueblo, la construcción de grandes almacenes para el procesamiento y venta de la hoja en el casco urbano, la existencia de grandes talleres para la elaboración de tabacos y cigarrillos, así como la fundación de cooperativas y sindicatos de tabaqueros, confirman que la industria del tabaco transformó la historia de la comunidad comerieña, sobre todo la historia de las mujeres y del movimiento sindical de la primera mitad del siglo XX. La industria del tabaco en Comerío, como en todo el país, incorporó significativamente a las mujeres como asalariadas que llegaron a constituir el 53% de su fuerza trabajadora (Azize, 48). Como sembradoras, recolectoras, despalilladoras, escogedoras, hiladoras, trabajadoras en el fileteo de cajas y anillado de los tabacos, las mujeres puertorriqueñas participaron activamente de la fuerza laboral. Además, su impronta en la vida económica del país solidificó también su participación en el movimiento sindical, y, desde allí, en la historia política del país.

Nuestros gentiles guías no saben -no tienen por qué saberlo-, que he visto muchísimas veces ambas producciones. Tampoco que el interés de mi visita es medir la trascendencia de ambos hitos: la industria del tabaco y la película de la DIVEDCO, en la historia del pueblo. Además, quería asomarme al Cielito actual para corroborar si sigue siendo un cerro lleno de casas, ahora de cemento.

Me dejo guiar. Me emociona la emoción de mis guías. Las historias son refundiciones de relatos de camino, pues ninguno de ellos había nacido para entonces.  Los cuentos de la inauguración de la película el 29 de mayo de 1951, día del cumpleaños de Diplo, acaparan por un momento la conversación. Imagino el parque de pelota abarrotado de comerieños: niños, niñas, mujeres y hombres que se buscan en el reflejo de la pantalla improvisada de un parque vuelto anfiteatro.

El orgullo por la historia de Luchando por la vida, eclipsa el interés en Los peloteros. Los guías se vuelven obsequiosos en palabras para contarnos de las tabaqueras: sus abuelas, sus tías, sus vecinas. Nos muestran la gavilla que guardan como tesoro de un pasado que deciden escoger. Nos refieren, divertidos, sobre la producción del documental de Torres. Supimos de la vitalidad de Carmen Figueroa, alias La Changa, tabaquera protagonista de la película. Recordaba vivamente su entrevista, fue la que cantó el himno de la Internacional Socialista.  Antes de que acabáramos el recorrido, Carmelo me señala: “Delano no incluyó a Juana Colón en su película”. Delano no tendría por qué incluir a la legendaria líder obrera Juana Colón en un largometraje sobre unos niños peloteros que se organizan para recaudar el dinero de sus uniformes, recuerdo pensar entonces. Lo que me pareció en ese momento un comentario descabellado, se transformó en una brillante observación.  Al comentario, siguió nuestra visita a la Casa Juana Colón, Centro de Apoyo y Orientación a la Mujer ubicado en la misma calle del Museo. A tres pasos, la respuesta.

El recorrido, como la historia, es una suma de silencios. Carmelo tiene razón, el rescate de la fuerza de las tabaqueras, organizadas en el referente Juana Colón, es una trama necesaria. Ante el encuadre de postalita, el relato de resistencia. El paisaje puede ser engañoso; será porque el futuro no lo podemos ver.

 

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