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Simón Bolívar y Puerto Rico: Acercamiento a una expedición (conclusión)

La oposición al proyecto de Bolívar: los Estados Unidos

El Proyecto de Bolívar y Valero, sin embargo, tuvo sus opositores externos. La expedición no se llevó a cabo porque a ella se opusieron Inglaterra, Rusia y, especialmente Estados Unidos, a quien le preocupaba la futura independencia de Cuba y Puerto Rico, y la liberación de las masas esclavas que esa independencia traería como consecuencia. La política de Bolívar en relación con las Antillas chocaba, de hecho, con los intereses expansionistas norteamericanos.

En 1825, el Secretario de Estado, Henry Clay, señalaba a Joel R. Poinsett, Ministro de Estados Unidos en México, que no era improbable que Bolívar pensara en la conquista de Cuba y Puerto Rico y en ese sentido se concertaría una operación con Colombia y México.

“Los Estados Unidos – le decía en marzo de aquel año – no pueden permanecer indiferentes a tal movimiento. Su comercio, su paz y su seguridad están íntimamente vinculados con la fortuna y la suerte de la Isla de Cuba que no se puede permitir cambios en su condición y relaciones políticas…” 18

Algunos meses más tarde, en mayo del mismo año, Clay decía a su ministro en Rusia, Henry Middleton:

“Debido a la vecindad de Cuba a los Estados Unidos, su valioso comercio y la naturaleza de su población, su gobierno no puede ser indiferente a cualquier cambio político destinado a esa isla. Gran Bretaña y Francia también tienen grandes intereses que deben tenerlas de cualquier cambio.” 19

Estados Unidos desarrolló una serie de gestiones contra el proyecto de Bolívar sobre la independencia de Puerto Rico y Cuba. La correspondencia diplomática de Estados unidos da cuenta de los pasos dados en ese sentido por su representante en México, Colombia y otros países de nuestra América, y de las diligencias de sus agentes en Rusia, España, Inglaterra, Francia y otros países europeos.

El 11 de marzo de 1826 el ministro de Estados Unidos en Rusia envió una nota al Secretaria de Relaciones Exteriores de ese país, Conde de Nesselrode, en la que le informaba que su gobierno había empleado su influencia para perturbar cualquier empresa contra la isla de Cuba y Puerto Rico. El 20 de mayo de ese mismo año, Alexander H. Everett, ministro de Estados Unidos en España, envió una nota al primer secretario de Estado de ese país, en la que exponía lo siguiente:

“Su Excelencia comprenderá que él, propósito de esta comunicación es aconsejar a los gobiernos de Colombia y Méjico no poner en ejecución en estos momentos sus planes de ataque

sobre las islas españolas y de los inconvenientes que podrían resultar de una empresa de esa naturaleza.” 20

Everett, por supuesto, adjuntaba a aquella nota las que el secretario de estado de Estados Unidos había enviado a los gobiernos de Colombia y México.

En efecto, antes de la celebración del Congreso Anfictiónico de Panamá, el gobierno de Washington pedía al de Colombia que suspendiera toda acción libertadora sobre Puerto Rico y Cuba, a lo que este contestó:

“Queremos dar prueba de deferencia en un negocio en que Colombia no puede decidir por si sola, no acelerará , sin grave motivo, operación ninguna de gran magnitud contra las Antillas españolas, hasta que sometida la proposición al juicio del Congreso Americano del istmo (convocado por el Libertador), se resuelva sobre ella por los aliados en la presente guerra.” 21

Más de cuatro meses invirtieron en la discusión los congresistas norteamericanos. Las discrepancias existentes entre los grupos socioeconómicos representados en el senado y la cámara hacían difícil una decisión. Sin embargo, nada golpeaba más a los congresistas que las intenciones de Bolívar de liberar a Cuba y Puerto Rico.

H. Growinshield, quien dirigía el Comité de Relaciones Exteriores, se pronunciará sobre ese punto:

“Si la guerra se continuara, esta isla (se refiere a Cuba) sería invadida por las recién independizadas Repúblicas. Los Estados Unidos tienen comunicación con esas Antillas en conexión con todas las ramificaciones de la industria norteamericana. El morro puede considerarse como una fortaleza en la boca del Misisipi. Si el gobierno norteamericano rehusase concurrir a la Conferencia de Ministros que representan a las Naciones que proyectan dicha invasión, en ese caso él sería el responsable de desastrosas consecuencias, las cuales se hubieran retardando o evitando por medio de nuestra intervención amigable.” 22

En los propios debates se ampliaría la importancia de no permitir cambio alguno en los últimos reductos del Colonialismo español en América. John Holmes, Senador por Maine, preguntaba airado:

“ ¿Podemos permitir que las islas de Cuba y Puerto Rico pasen a manos de esos hombres embriagados con la libertad que acaban de adquirir? ¿Cuál tiene que ser nuestra política? Cuba y Puerto Rico deben quedar como están.” 23

El gobierno de Columbia acordó, finalmente, por medio de su ministro en México, Miguel Santa María, atacar a los españoles en Cuba y Puerto Rico, pero la Cámara Mexicana no aprobó el acuerdo y se desistió del plan. La escuadra colombiana era inferior a la española en las Antillas, que mandaba don Ángel Laborde.

En realidad, Bolívar, después de su vuelta del Perú, nunca tuvo las manos libres para ejecutar cosa alguna a favor de la libertad de las Antillas españolas. Había perdido ya casi todo su prestigio en Colombia, y Colombia demostraba entonces, demasiado evidentemente, su próxima disolución.

El Congreso Anfictiónico de Panamá abrió sus sesiones el 22 de junio de 1826 con la concurrencia de Colombia, Perú, Guatemala y México. No estuvieron presentes por diversas razones Chile, Argentina, Brasil y Estados Unidos. Llama la atención el hecho de que, en las instrucciones dadas a Pedro Gual, ministro plenipotenciario de Colombia, no se incluían los antes dichos propuestos referentes a Puerto Rico y Cuba. Por lo tanto cuando el Congreso terminó sus labores en México, el 9 de octubre de 1828, el importante asunto se había olvidado.24

La historiadora Loida Figueroa se pregunta por qué no se llevaron al seno del Congreso los artículos programados por Bolívar en 1825, cuando ya el presidente James Monroe había proclamado unilateralmente su “Doctrina”, que en uno de sus ítems contrariaba los propósitos enunciados en los antedichos artículos. A renglón seguido se contesta que era conocido que la declaración de Monroe no se hizo por miedo a planes que tuviese la Santa Alianza, sino para congelar la situación de las Antillas hasta tanto pudiese su nación apoderarse de ellas, como Lord Canning, de Inglaterra, que llevaba implícita la prohibición de que Estados Unidos interviniese en Cuba, Monroe se apresuró a proclamar su propia versión en consonancia con sus propios intereses. Monroe no quería, además, que se llevase a cabo la gestión Bolivariana, porque en modo alguno era conveniente que las codiciadas piezas se agregasen a Colombia o a México, ni que fueran tampoco independientes, porque entonces caerían bajo la provisión de no intervención en los asuntos de las naciones libres de América. La doctrina Monroe le dio a España un formidable apoyo a su dominio sobre Cuba y Puerto Rico, que pudo prolongar hasta 1898. 25

Ese mismo año de 1826 había dicho Bolívar, con pesaroso acento, a la comisión de cubanos que le visitó en Caracas, las siguientes palabras:

“No podemos chocar con el Gobierno de los Estados Unidos, quien unido al de Inglaterra, está empeñado en mantener la autoridad de España en las islas de Cuba y Puerto Rico. No obstante, esa determinación nos ha de mantener en constante alarma y nos causará gastos crecidos, a fin de repeler cualquiera tentativa desde esas islas por nuestro tenaz enemigo”. 26

Entendemos nosotros que Bolívar necesariamente se replegó ante el hecho de que la tensión parabélica que existía entonces entre España y Gran Bretaña se desvanecía; y estimó que el empeño era imposible sin apoyo inglés. Así lo relata Mariano Abril basándose en el Dr. Vicente Dávila, Archivero Nacional de Caracas:

“En 1827, ya en Caracas, cuando Bolívar pensó en expedicionar a Puerto Rico, con ánimo de contribuir a su emancipación, se fijó en Valero, que sería uno de los libertadores de su país natal…. ?Por qué fracasó esta segunda intentona de Bolívar? Con fecha de 5 de marzo, escribía al general Urdaneta: ‘No creo, pues, que tenga lugar la guerra, y por lo mismo, tampoco tendrá lugar la expedición de Puerto Rico’ “ 27

Empero, que ese era el plan del Libertador Bolívar, lo comprueban sus manifestaciones a lo largo del periodo de 1824 a 1827 a Izaga, Arango, a los generales Briceño Méndez, Montilla, Padilla, Santander y Sucre. A José Aniceto Iznaga la reitera, a fin de de 1824, lo que le había

dicho en Lima al camaguense José Agustín Arango: “que tenía resuelto echar a los españoles de las Antillas y extinguir para siempre su dominación en América, como se había prometido con su amigo el inolvidable coronel cubano José Rafael Hevas, que heroicamente sucumbió en las filas del ejército colombiano.” 28

En enero de 1827, meses después del Congreso de Panamá, Bolívar desarrolló una febril actividad en sus planes de conquistar la independencia de Cuba y Puerto Rico. Le escribe al general Pedro Briceño Méndez, al general Andrés de Santa Cruz le dice que “parece llegado el momento en que hagamos la deseada expedición a La Habana y Puerto Rico, pues que ninguna ocasión se presenta más favorable”. 29

Ya de regreso en Caracas, Bolívar tuvo noticia de que iba estallar la guerra entre España e Inglaterra, y trato de organizar la expedición a Puerto Rico. El 25 de enero le escribe al general Briceño Méndez:

“La noticia que acabo de recibir de la guerra entre Inglaterra y España, me ha determinado a llevar a efecto la resolución de expedicionar sobre Puerto Rico, y ya comienzo a tomar mis medidas para llevar a cabo esta empresa, útil para el país y gloriosa para nuestras armas. Así usted no debe disponer de Ceres sino ponerla inmediatamente en carrera para que pueda servir en la expedición. El batallón Granaderos debe también ponerse en el mejor pie posible, aumentarse y disciplinarse. Esta expedición nos va a dar la ventaja de hacer más fuerte y duradera la reconciliación en que trabajamos. Aunque no podemos tomar a Cuba, una expedición a Puerto Rico puede y debe hacerse fácilmente”. 30

Dos días después, el 27 de enero escribía a los generales Montilla y Padilla:

“Esta mañana hemos tenido oficialmente la noticia de la guerra entre España y la Inglaterra declarada por ésta a consecuencia de que España no ha querido reconocer la constitución de Portugal. Esta operación de parte de la Gran Bretaña va a tener por fruto el reconocimiento de Nuestra independencia. Es, pues, llegado el momento de que nosotros salgamos al mar y llevemos la guerra a los españoles, arrancándole la isla de Puerto Rico, que no servirá de escala par ir a la Habana, si acaso nos conviene. Pero de todos modos, yo estoy resuelto a hacer una expedición a Puerto Rico que nos dará inmensas ventajas en el interior y en el exterior”. 31

A esas cartas le contestó el general Santander, vicepresidente de la República:

“Magnifico y oportuno proyecto de expedicionar a Puerto Rico. Por la memoria de la guerra se comunica todo lo que pienso ordenar inmediatamente para cooperar a la proyectada expedición. Dispongo de preferencia del batallón Girardot. Aquí está el general Valero, que es puertorriqueño. Cuando lo vea pienso aguijonearlo para que pueda ir”. 32

Ya Valero había recogido en Panamá al batallón Girardot marchando a Cartagena para organizar la expedición (lo cual corrobora lo que Santander dice a Bolívar) y donde debía ser

reforzado con tropas de la guarnición de aquella plaza para seguidamente llevar la guerra a las Antillas españolas.

El 5 de febrero 1827, escribe a Antonio José de Sucre, escribe a Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, que con él es el más ardiente partidario de una expedición para libertar a Puerto Rico y Cuba, y le dice:

“Después de las primeras noticias que sea recibido aquí sobre la guerra entre Inglaterra y España no hemos tenido ninguna otra…Estos son, pues, los momentos que debemos aprovechar para enviar una expedición a Puerto Rico…Después veremos qué es lo que se puede hacer sobre La Habana”. 33

Lo cierto es que esas proposiciones de Bolívar recibieron la más tenaz oposición de los Estados Unidos. En realidad, las había recibido desde el momento mismo en que Bolívar sometió al Congreso de Panamá la propuesta de expedición a las Antillas. Los enviados de Estados Unidos a ese Congreso llevaron instrucciones terminantes de ponerse a toda acción sobre Cuba, haciendo fracasar el propósito de Bolívar.

Por intereses encontrados, tanto los Estados Unidos como Inglaterra se oponían a toda agresión sobre Cuba. Inglaterra había propuesto a España, que si reconocía la independencia de sus antiguas colonias, se respetaría su dominio en Cuba y Puerto Rico, labor que el ministro inglés Canning venía realizando desde el Congreso de Verona, pues temía que los Estados Unidos, una vez independizados Cuba y Puerto Rico, se apoderaron de esas islas. Los Estados Unidos, a su vez temían que todos esos manejos de Inglaterra no tuvieran otra finalidad que apoderarse de esas colonias o ejercer en ellas su protectorado, siendo preferible para los estadistas norteamericanos que continuasen bajo el dominio de España hasta que el tiempo resolviera el problema.

Resulta claro, pues, que esas naciones se temían las unas a las otras, siendo la base de ese temor la independencia de Cuba y Puerto Rico. Indirectamente todos laboraban para que España conservará su dominio en esas islas. Todas esas causas fueron el motivo poderoso por el que Cuba y Puerto Rico no se independizan al mismo tiempo que las demás provincias de América.

Hay que concluir, forzosamente, que quedó frustrada tan magna empresa de redención libertaria por la acción de Estados Unidos, dirigida por su presidente John Quincy Adams, de oponerse a la expedición y boicotear el Congreso Anfictiónico de las recién liberadas repúblicas convocado por el libertador Simón Bolívar.

Debe ser aceptado también el hecho de que la idea del Congreso de Panamá no fue apoyada por Estados Unidos ya que partía de la necesidad de la federación de repúblicas sudamericanas. No quería verse comprometido ya que era el único país de América que tenía ambiciones territoriales dentro de la misma.

No obstante, aunque parezca que el Congreso de Panamá culminó en un total fracaso, quedaron establecidos dos precedentes en el derecho internacional americano: la reunión de los

Estados, y el concepto de un Liga de Estados entre las naciones libres e independientes del hemisferio. Fue además precursor de las Conferencias de la Haya y de la Liga de las Naciones, fundada después de la primera Guerra Mundial. Los países latinoamericanos se reunieron desde el 1826 hasta el 1889 siete veces, pero sin crear un órgano permanente como había vislumbrado Bolívar.

En 1822, James G. Blaine, de Estados Unidos, se tomó la iniciativa de convocar un congreso con sede en Washington. Debido a conflictos entre algunos estados de América del Sur, la así llamada Primera Conferencia Internacional Americana se vino a celebrar en la capital de Estados Unidos del 2 de octubre de 1889 al 19 de abril de 1890. Antes de dispersarse se había constituido un órgano permanente que se conoce como la Unión Panamericana. Dada la disparidad en el peso específico de las dos Américas, esta liga no correspondía al ideal anfictiónico de Bolívar.

La decisión más importante de esa conferencia fue la proscripción del derecho de conquista del derecho público americano, siempre que estuviese en vigor el tratado de arbitraje suscrito por las naciones allí reunidas. El primer consideración de la resolución declaraba que no existían en América territorios abiertos a conquista. No se dio el paso ulterior de que no debían existir territorios bajo conquista. A esa fecha Cuba había peleado dos veces por su independencia y en Puerto Rico se había levantado en armas en 1868, Grito de Lares, y existía un movimiento separatista. Las naciones latinoamericanas, que ya no tenían que temer represalias de parte España, no hicieron pronunciamiento alguno sobre las dos naciones hermanas que, por su condición colonial, no podían estar presentes en el cónclave. No habiendo dado ese paso a tiempo había que esperar a que, en la Segunda Conferencia Internacional, celebrada en México del 22 de octubre de 1901 a 31 de enero de 1902, no se mencionase en absoluto que Estados Unidos había usado el derecho de conquista al obligar a España a cederle a Puerto Rico, ni que todavía Cuba no había podido proclamar su independencia porque estaba ocupada por fuerzas militares de ese país. No cabe duda de que ese silencio era elocuente manifestación del temor existente hacia Estados Unidos en las dos naciones latinoamericanas. Por no poner las barbas en remojo, dos años más tardes, una de las naciones independientes, Colombia, perdió parte de su territorio, aunque convertido en nación independiente, fue sometido a un tratado injusto que violaba la recién adquirida soberanía. 34

Lo cierto es que la independencia de las Antillas no era realmente una prioridad para el Libertador Simón Bolívar y su gente durante los años de convivencia y colaboración con el General Valero. La prioridad en aquel momento era la Independencia de Perú, no la de Puerto Rico. Puerto Rico y Cuba pasaron a ser simples fichas en el juego de ese dominio político, meras piezas en el ajedrez político de aquellos años.

No obstante, si algo resulta claro, es que Simón Bolívar tuvo en su agenda libertadora la realidad colonial de nuestra Isla y abrigó proyectos para emancipar las Antillas. Las ideas que

acarició el Libertador de liberar a Puerto Rico deben verse como una prolongación de su gloriosa gesta emancipadora de América.

*El autor es profesor universitario

NOTAS Y REFERENCIAS:

1. “Carta de Jamaica”, Kingston, Septiembre 6 de 1815, en Tres Documentos de Nuestra América. Colección Pensamiento de Nuestra América. Ediciones Casa de la Américas, Cuba 1979, 13.

2. Archivo Histórico Nacional, Ultramar, Estado Legajo 5637; y Guerra Sánchez, Pérez Cabrera, Ramos y Santovenia, Historia de la Nación Cubana. La Habana: Editorial Historia de la nación cubana, La Habana, 1952; 41-42, citado en Loida Figueroa: El Caso de Puerto Rico a Nivel Internacional. Rio Piedras: Edit. Edit., 1979, 7.

3. Aurelio Tío, “Simón Bolívar y las islas de Puerto Rico”, en El Mundo, 29 de julio de 1970, 15-B. Véase, además: Juan Augusto y Salvador Perea: Bolívar en Vieques. Sociedad Bolivariana de Puerto Rico, 1970, 3-7. Loida Figueroa, “Puerto Rico y el sueño bolivariano respecto a la América Latina”, Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Año XXIV, 87, enero-marzo, 1985:40.

4. Aurelio Tío, Op.cit.

5. Demetrio Ramos Pérez, Bolívar en las Antillas: una etapa decisiva para su línea política. Madrid: Real Academia de la Historia. Madrid, 1986, 47. El documento en cuestión se encuentra en el Fondo de Gobernador Españoles, caja 232. Archivo General de Puerto Rico.

6. Antonio del Castillo, Antecedentes del Panamericano. Bogotá, Colombia Editorial Iqueima, 1956, 15.

7. Véase Jorge Quintana, “El Plan para la independencia de Puerto Rico del General Antonio Valero de Bernabé”. Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Año VI, No. 18, San Juan, Puerto Rico, enero-marzo, 1963, 6-11.

8. José Enrique Ayoroa Santaliz, Disertación leída el 25 de octubre del 1998, en el Paseo de los Próceres, en la ciudad de Fajardo, en ocasión de la conmemoración del natalicio del General Antonio Valero.

9. Mariano Abril, Antonio Valero: un Héroe de la Independencia de España y América. San Juan, Puerto Rico: Instituto de Cultural Puertorriqueña, 1971, 146.

10. Ibid. Véase además “Bolívar y la Emancipación de Cuba y Puerto Rico”. El Águila de Puerto Rico, Vol. XXVII, 3, 6, 7. No. 8, 066, 4 de enero de 1930.

11. Véase en Mariano Abril, Op.cit., el capítulo “Valero y la Independencia de Puerto Rico”, 141-152.

12. La circular convocando a los Gobiernos de la Repúblicas de Américas, la firmaba Bolívar en Lima, Dic 7/24 -, y la dirige a Guatemala, Buenos Aires, Chile y el Brasil. “Proyectos Panamericanos” (1894). Véase: Emilio Roig de Leuchsenring,

13. Bolívar el Congreso Interamericano de Panamá y la Independencia de Cuba y Puerto Rico. La Habana, 1956.

14. Conferencias Internacionales Americanas. Washington, D.C. Dotación Carnegie para la paz internacional, 1938, XXVII citado en Loida Figueroa. Op.Cit.

15. Bolívar, “A los señores ministros y Plenipotenciarios de Colombia en el Congreso de Panamá”, en Hispanoamérica en Luchas por su Independencia México, 1950,

67. Véase, además: Daniel Florencio O’Leary, El Congreso Internacional de Panamá en 1826. Madrid: Editorial América, 1920; y Edgardo Pratts Rivera, “El Congreso de Panamá, 1826: Estados Unidos contra la libertad”, Suplemento En Rojo, Claridad, 1976, 8-9.

16. Emeterio S. Santovenia y Echaide, Bolívar y las Antillas Hispanas. Madrid: Espasa-Calpe, S.A., 1935-36.

17. Carta de Bolívar al general Santander, vicepresidente de Colombia, fechada en Lima, a 20 de diciembre de 1824, en la que da la noticia de Ayacucho. En, Cartas del Libertador, No. 1.142, IV, 220-224.

18. Manuel Pérez Vila, ed., Bolívar y su época, cartas y testimonios de extranjeros notables. Caracas, 1953, Vol. 2, 153-156.

19. Isidro Fabela, Los Estados Unidos contra la libertad. Barcelona, España: Estudios de Historia Diplomática Americana, 1950, I: 26.

20. Ibid.

21. Ibid., 27-28.

22. Ibid., 32. Véase, además: Ezequiel Ramírez, Monroísmo y Bolivianismo en América Latina. Buenos Aires: Ediciones Atahualpa, 1957, 106.

23. Isidro Fabela, Op.cit., 33

24. Ibid., 34.

25. Ibid., XXVII-XXXIII.

26. Loida Figueroa, OpCit.

27. Emilio Roig de Leuchsnring,Op.Cit., 196.

28. Mariano Abril, Op.cit., 149.

29. Ibid.

30. Ibid., 148

31. Ibid.

32. Ibid., 149.

33. Ibid.

34. Emeterio S. Santovenia y Echaide, Op.cit., 39.

35. Loida Figueroa. Op.Cit. 11-12.

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