Inicio En Rojo Teresa ‘Bravata’; “Inciertas: espectáculo erosionado”

Teresa ‘Bravata’; “Inciertas: espectáculo erosionado”

 

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Lo que aparece a continuación es una primera lectura de una acción virtual que va a requerir, ahora y en las próximas semanas, meses y años, una diversidad de lecturas para abordar sus complejidades. 2020 y la pandemia de COVID 19 nos han dado “Inciertas . . .” y marcaremos el desarrollo futuro de la expresión performativa-teatral puertorriqueña desde este punto.

Es ella misma; es su cuerpo, y su cuerpo es ella. ¿Suena demasiado sencillo? Pero no necesariamente, porque la mayoría de nosotros vivimos dentro de nuestros cuerpos como si fueron casas demasiado grandes o pequeñas, con cuartos no usados o sobre poblados y balcones frente y atrás que requieren estar renovados o removidos. Siempre se sienten insuficientes o excesivos o incómodos, pero casi nunca harmónicamente nuestro ser.

En este “espectáculo erosionado”, performado frente a cámaras de video y proyectado el 28 de noviembre por Facebook Live del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Teresa Hernández vive (mueve, expresa, crea, piensa, “performa”) su cuerpo y no incómodamente “dentro de” ello. Aquí no se refiere a la isometría o al problema “mente-cuerpo” de la Filosofía 101, sino al cuerpo-ser, ser-cuerpo de Teresa en el gesto expresivo más cautivante e impactante de los últimos veinte años –titubeo un poco si dijera “nunca visto antes” — en el “teatro puertorriqueño”.

Según explica Teresa, “Inciertas” no es teatro, ni actuación, ni drama, ni necesariamente “performance”, aunque aparece digitalmente a través del Festival de Teatro Puertorriqueño e Internacional del ICP (Virtual). La mayoría del “espectáculo” está grabado en el Teatro Francisco Arriví, su escenario, su auditorio y sus espacios tras bastidores y alrededores. Hay excepciones. Un espacio excepcional es una casa abandonada frente al mar donde Teresa mece en un sillón (una acción reflejada por la artista invitada Miosoti Alvarado-Burgos y más tarde la misma Teresa en los pasillos del Teatro Arriví).

El hilo conductor corre desde la desesperación personal y colectiva –los pinches del diario vivir– hacia la consolidación de fuerza y el dominio psico-corporal que vemos al final. El movimiento cuaja un gesto prolongado de auto-revelación que va probando y explotando supuestos estados binarios del ser: débil-dominante, vulnerable-resistente, oprimido-desafiante, callado-expresivo, confinado-liberado, tierna-feroz, eñangotado-erguido. En ninguno existe una separación de lo corporal, de lo emocional, de lo intelectual y de lo espiritual; la sensualidad es el pensamiento y viceversa.

Y es sensual, siempre y continuamente: desde el cuchillo en la boca del principio hasta el cuerpo no vestido que rastrea un sendero de sal mientras entra al ascensor al final. “She is fierce” (Es feroz), Helena dice de Hermia en “Un sueño de una noche de verano” de Shakespeare, y Teresa es feroz, “bravata”, aunque no sin ternura, a través de todo el movimiento.

Vi por primera vez ese cuchillo de desesperación y el baile de piso con lo que parece el cartílago de un pequeño tiburón en su propia boca en Vieques. Porque su performance de “Bravata: el comienzo de un comienzo”, basada en parte en sus talleres de tragedia y la creatividad femenina en Aguada, Culebra y Vieques hace un año y medio, servía como la inspiración para varias de las acciones.

A la misma vez, todo de “Inciertas . . .” se presenta como absolutamente nuevo.  Para hablar de la cotidianidad adhiere “pinches” de ropa –alrededor de veinte yo diría– a su cara, sus orejas, su pello mientras nos relata los golpes, frustraciones y decepciones del diario vivir que crean el vacío remordiente de cuerpos y mentes colonializados. A pesar de que los créditos nos dicen que vienen sugeridas de textosde “Luis Pales Matos, Anayra Santory, Beatríz Llenín Figueroa, Héléne Cixous, consignas, frases robadas y palabras anónimas”, estas palabras “pinchadas” me parecen pura y poéticamente de Teresa Hernández.

Tal vez por esos “pinchazos” continuos de ese vacío colonial, Teresa pone “espectáculo erosionado” como subtítulo. Refleja la lenta pero segura desaparición de Puerto Rico como isla caribeña, como cultura latina-caribeña-americana, como un terreno que está perdiéndose en el mar de otro país; cada día menos Puerto Rico, cada día menos puertorriqueños.

Entra vestida en un traje de azul oscuro — a veces con zapatos, a veces con rodilleras—mientras habla a la cámara, se mueve, se rastrea, se gatea, se mece estrechando cada extremidad de su cuerpo dentro una danza visceral de forjar imágenes táctiles. El piso se convierte en su principal lienzo de formas mientras va pintando, grabando y esculpiendo con su cuerpo. Así abre brechas entre su ser sumiso y su ser cumplido, entre la precariedad y la confianza, en la vulnerabilidad y la resistencia. Moviéndose en el piso encima de y rodeado por una pila de sal, se remueve su vestuario y queda sola- y totalmente ella, su ser-cuerpo no vestido, revelado y no protegido, visible sin intentar de esconderse, vulnerable, des-cubierto y a la vez desafiante, segura de ser ella misma, fuerte y dominante.

No es un desnudo estético, no es un desvestirse erótico; es la transformación de la vulnerabilidad en afirmación, en fuerza, en descubrimiento del ser valiente, resistente y feroz, del poder dominar ella misma y su ambiente inmediato alrededor. Es la consolidación, afirmación y liberación del ser; es enfrentar la vida –vivirla– en vez de solamente aceptarla. Rastreando la sal mientras ella va por frente al cerrar la puerta del ascensor, parece ascenderse.

Teresa no es la única perfomera: Miosoti Alvarado-Burgos comparte espacios y acciones, da reflejos de gestos particulares en contextos diferentes, varía y extiende los múltiples movimientos de Teresa. Ella es como el coro griego y sirve como puente visceral entre las palabras y gestos de Teresa a través de acciones corporales bailados que reflejan gustos más juveniles y callejeros. La segunda presencia es crucial a la recogida de los múltiples fragmentos en la última secuencia de la auto-revelación de Teresa en la transformación de precariedad en fuerza sustentable, en dominio, en la “descolonialización de la mente”, del cuerpo-ser.

El trabajo técnico de la grabación en video por Chiringa Roja y Gabriel Coss y la producción física-teatral de Taller de Otra Cosa y Chiringa Roja son sencillamente excepcionales. Vi la proyección en una pantalla de televisión de 48” y el sentido de performance vivo es impactante. Permite una cercanía y una “manera de ver” no siempre presente desde una butaca en un teatro convencional. Los espacios del Arriví nunca han estado usados tan bien. Pero es la ausencia de un público presencial que permite la complejidad de este proyecto. Tenemos que verlo en pantalla, o tal vez, como un grupo reducido de galería con parte del espectáculo en vivo y parte proyectada.

Repito que este escrito es una primera lectura de “Inciertas”. Merece otras lecturas de mayor profundidad. La complejidad del espectáculo insiste en poder verlo varias veces para poder desenredar a las enlazadas fibras de significados cinestéticos, personales, sociales y últimamente colectivos que surgen entre la desesperación de la crisis (siempre) actual de la puertorriqueñidad y el último gesto femenino afirmativo, no de la tragedia, sino del domino del ser que nos deja las acciones de Teresa “Bravata”.

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