Terminal B: “Un reguero”

 

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD

gvazquez@claridadpuertorico.com

Tal vez el capitán Morris (nombre ficticio sacado de un relato fantástico*) no me pueda hablar en detalle, a pesar de esconder su identidad por razones obvias. Ciertos aspectos comentados desde su posición pudieran dejarlo al descubierto y perjudicarlo en su trabajo. Lo cierto es que aquí proponemos una mirada superficial sobre el protocolo que se ha llevado cabo en el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín durante la emergencia del COVID-19.

Los temas de aviones, barcos, islas y viajeros están casi siempre asociados a cuentos y relatos fantásticos. Recuerde siempre mantener los pies sobre la tierra porque en esta Isla del Encanto uno puede encontrarse de repente sobrevolando sus cielos surreales. Sin más preámbulos vayamos a los hechos más recientes.

La noticia inmediata con relación a los casos positivos en el Luis Muñoz Marín International Airport(corrección) reportaba que los casos positivos por prueba rápida sumaban a 326, mientras que 36 habían dado positivos por prueba molecular. Por lo que se sabe —uno siempre tiene que dudar de lo que sabe, lo que ve y lo que dice—, del 12 de abril al 16 de mayo, han llegado a la Isla 28,988 pasajeros. La Guardia Nacional ha realizado la prueba rápida de coronavirus al 15% de los viajeros.Se han dicho muchas cosas sobre el aeropuerto desde que empezó la cuarentena. El capitán Morris aclaró que, si bien había llegado uno que otro turista a la isla, “la mayoría de los que llegan son locales. Gente que tal vez entiende que acá está mejor, gente que se fue luego del huracán”.

Obviamente, la cantidad de vuelos se ha reducido. Jet Blue, American Airlines, Delta, South West, se mantienen haciendo dos o tres vuelos diarios, según dijo el capitán. Todos llegan a la primera planta del Terminal B, donde el protocolo es un poco extraño. Recientemente, en un programa de TV compararon al aeropuerto con un hospital. Sin embargo, personas que han llegado a la isla recientemente han reclamado que, si bien se les ha tomado la temperatura al salir del aeropuerto, en la fila para hacerse las pruebas rápidas no se mantienen los seis pies de distancia; que unos llevan mascarilla y otros no.

Además de la conversación con el capitán Morris, a vuelo de pájaro pude hablar con un empleado cuyo nombre pidió no fuera revelado y al cual no atribuiré ningún tipo de identidad ficticia, por aquello de que me invente yo un nombre y haya alguno que se llame así. Les recuerdo que esta es la Isla del Encanto, y todo puede suceder. (Anuncio no pagado por DMO**). El empleado fue contundente al afirmar: “No se están tomando las debidas precauciones en la salida”. Además criticó el que se les esté tomando la temperatura a los pasajeros al salir del aeropuerto y no cuando se bajan del avión.

“Me acerqué al segundo nivel. No quise estar mucho tiempo allí. Vi un montón de pasajeros y todos estaban unos encimas de los otros”.

El Terminal B es con mucha probabilidad un grave foco de infección. Allí se están llevando a cabo todas las operaciones, poniendo en riesgo la salud de los empleados del aeropuerto y la salud de los pasajeros, principalmente, de los que llegan. Estos últimos tienen que escoger entre comprometer su salud en la fila para saber si están contagiados o salir del aeropuerto, posiblemente asintomáticos, y exponer a sus familiares. Valga recordar que hacerse la prueba no es obligatorio. Tomarse la temperatura sí; pero si estaban contagiados al llegar al Terminal B y no se hicieron la prueba o si se la hicieron, pero el protocolo de atención a los viajeros no es el más eficiente y estuvieron en la fila sin mantener los seis pies de distancia…  Por otra parte, los primeros tienen que asegurarse de dar un buen servicio no matter what en el Luis Muñoz Marín International Airport. Nuestro entrevistado describió que el Terminal B es “un reguero”.

 

*El relato es La Trama Celeste, de Adolfo Bioy Casares

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