Testimonios en la pandemia:La nota

Por Omar Torres Molina*

   Vivo en un edificio donde las paredes se han ido afinando. Se escucha todo. Lo que antes pasaba desapercibido ahora estápresente. No sé si es el exceso de tiempo libre o el desarrollo de poderes extrasensoriales, la cosa es que hoy todo suena sin pudor. Asíque he aprendido a conocer a mis vecinos por sus sonidos. No sé ni sus nombres, pero los imagino.

         En el techo de mi cuarto llevo noches, madrugadas y días escuchando una guerra. Mis ventanas vibran hasta despertarme. Bombas, metralletas y personas hablan a lo lejos. Abro la ventana, me quedo quieto y el sonido aumenta. Vietnam sobre mí. Salgo, el sonido crece y veo que por la venta del vecino de arriba, sale una luz que prende y apaga constantemente, como las luces de emergencia del carro. Me percato que el combate bélico es mi vecino con un video juego de guerra o policías, o lo que sea. Así continuó por días, matando el tiempo y personas con piel de pixeles. Hay gente que se desahoga de maneras extrañas. Algunas noches trae una amiga, ella sube con risas, se manifiesta con quejidos de sexo estridentes-extra-large, son gritos de aquí estoy; él en silencio absoluto y ella como porno de VHS. Hablan lo mínimo, termina y se va. Lo mínimo puede ser suficiente.

         Las otras noches cansado de los bombardeos, decido subir, toco la puerta, no me escucha, bajo, hago una nota, subo, intento meter la nota por la puerta, se queda encajada, logro meter la mitad del papel, salgo corriendo medio asustado, llego, me rio, hace tiempo que las únicas notas que escribo son las de la compra, me pongo los audífonos e intento dormir. Los ruidos siguieron por tres días más, ese ser no sé si humano, nunca salió, ni vio la nota, lo sé porque subí todos los días y allíseguía en el mismo lugar. Preferí no hablarle, hay incomodidades que se expresan mejor por escrito. Al tercer día, gracias a su amiga que lo visitó, encontró mi nota. Esa noche, a diferencias de otras, escuchaba fuetazos de mano, pero fuertes y ella más gemía. Admito que no se si escuchaba maltrato o amor, para algunos es lo mismo, bienaventurados los que usan el dolor a su favor. Gracias a la vida que me ha dado algo, desde ese día no lo he vuelto a escuchar matarficcionalmente.

         Sobre mi sala-comedor-cocina, o sea todo junto en un 8×11, vive otro. Ese no hace casi ruidos, sólo pone reggaetón muy esporádicamente y fuma marihuana diariamente, esa no la escucho, tampoco tengo un súper poder subnormal, se huele. Considero que el apartamento, que ahora vivo, antes solo lo alquilaba, es muy pequeño. Intento imaginar cómo dos personas, en apartamentos distintos, que caben sobre mi espacio alquilado, puedan llevar sus vidas en espacios tan pequeños. Lo simple es bueno, también complejo. Observar lo mismo hasta al hastio hace deformar.

         Al otro extremo de la ventana de mi sala, hay una verja donde caen los mangos maduros a cualquier hora. Ahívive mi otro vecino, el más consistente en dejarse notar. Descubrióel mundo de las pesas en estos días, así que decidió hacer ejercicios entre 9pm y 11pm. A esa hora se ejercita escuchando bachata, merengue y perico ripiao a todo volumen, también las canta. Día y noche dialoga con su familia que estáen la República, les aconseja todo los días lo mismo: dile a Guille que no puede salir, que no se vaya a jaranear que allá la gente no se está cuidando, que no me mienta porque los otros días lo vi jugando dominó por una video llamada que le hice a un vecino, que el gobierno no les está diciendo la verdad, que los italianos estaban en los hoteles hasta los otros días, que ellos están mayores. Todo esto bajo las interrupciones de la mujer con quien vive.  

         n no logro saber qué son, si fuera por las discusiones, podría asumir que son, eso mismo. Él hace ejercicios, ella le compra pizzas. Sólo discuten, nunca un gesto parecido amor, ni a cantazos como el vecino de arriba. Ella discute por todo, dicen que los clichés no existen, ujum, visítenme. Muévete eso de ahí, cuidado que se cae, ahí no va, ponlo acá, ponlo acá mientras barro, siempre haces lo mismo, regrésalo que ya terminé, un lagartijo, sácalo, ay me va brincar encima, sácalo. Déjame quieto, le contesta. Él tiene la absoluta capacidad histriónica, de ripostarle y seguir riendo con quien habla. Ella busca atención en su insistencia. La mayor parte del tiempo que él usa su celular ríe, por el tono suena feliz. No sési maneja esa felicidad como arma. Los domingo limpian, que mucho se limpia. Creo que él es comediante, así que cada cierto tiempo veo en su cordel pelucas, un lasito rojo, ropa extraña que goterea agua. Y al fondo de todo eso, sobre foam, la imagen a tamaño humano de una quinceañera con su traje rosa hiriente. A ella nunca la he visto en persona.   Ella siempre los observa vestida de fiesta.

Hace años que no tengo televisor, comprendo que las paredes y ventanas se han vueltos monitores. Ahora esas vidas que no sentía, de un día para otro se hacen presente. Me entretienen, molestan, invaden, las escucho, las imagino, las juzgo, las veo y me veo. Acompañan. Todo esto ayuda, para no mirar adentro.

 

El autor hace lo que haya que hacer en el teatro y lo hace bien.

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