Traición en el Barrio:  Trayectoria de la represión contra el Movimiento Independentista Puertorriqueño en Chicago por parte de Rafael Marrero y el FBI   

Por Red Boricua Pro Derechos Humanos Nacional

Introducción

El FBI tiene una larga y sórdida trayectoria de acciones de represión política.  Mediante el uso de variadas tácticas, ha intentado dividir, destruir y neutralizar los movimientos de liberación nacional y las organizaciones radicales de izquierda.  Uno de los episodios más notables de estas prácticas represivas sucedió en las postrimerías de la década de 1980, cuando infiltraron a un agente/provocador en el Centro Cultural Puertorriqueño de Chicago (CCP). El CCP se fundó en 1973 por un grupo de activistas que incluía a Oscar López Rivera, Carmen Valentín, Carlos Alberto Torres, Ida Luz Rodríguez, José E. López, Rev. José A. Torres, Alejandrina Torres, Dr. James Blaut, y América Sorrentini. Desde sus inicios el CCP era abiertamente pro-independencia de Puerto Rico y el propulsor principal y fuerza vital de las campañas internacionales en apoyo a la liberación de los presos políticos puertorriqueños y prisioneros de guerra.  Impulsada por dichos compromisos políticos e ideológicos, esta organización de base que era el CCP se esforzaba por crear “instituciones paralelas” descolonizadoras que respondieran a las necesidades de los residentes de la comunidad.  El FBI alegó que el CCP y sus líderes eran el frente legal de una organización revolucionaria puertorriqueña, las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

Para “neutralizar” al proyecto radical antes mencionado,  el FBI reclutó – con remuneración muy generosa – a Rafael A. Marrero para que infiltrara la organización comunitaria para ultimadamente criminalizar a sus dirigentes, desprestigiar a las organizaciones comunitarias, y también para reclutar a miembros de la comunidad e inducirlos a cometer actos violentos.  A pesar de que Marrero participó en actos violentos que causaron el encarcelamiento de otros, a él nunca ni se le formularon cargos por estos actos.  En vez de eso, cuando salió del tiempo transcurrido como “testigo” y protegido del “Witness Protection Program” (programa a cargo del gobierno cuya función es proveerle identidades y protección a las personas que servan de testigos en casos criminales y que por ello se colocan en posición vulnerable y en riesgo de sus vidas), consiguió fortuna y prestigio, mientras ocultaba su indecoroso pasado.  Treinta años más tarde, operando desde las entrañas de la conservadora comunidad cubana en Miami, se pregona como consultor experto para que los negocios operados por minorías tengan acceso al mercado federal.

Aunque Marrero crea que ha dejado atrás su pasado, parte importante de la comunidad puertorriqueña en Chicago no lo ha olvidado a él ni su labor como agente/provocador del FBI.  El individuo arruinó muchas vidas, dañó reputaciones y socavó el importante trabajo de organizaciones comunitarias.  No hay duda de que Marrero y el FBI desviaron los esfuerzos y recursos del CCP y sus miembros hacia la auto-defensa, pero también provocaron que se fortaleciera el espíritu de lucha y fuerza de sus convicciones. Hoy día, tras mucho trabajo para deshacer el daño provocado por la nefasta acción de Marrero y el FBI, el CCP prospera y amplía el apoyo de su misión visionaria.

 

Historia de COINTELPRO

En la década de 1950 el FBI comenzó un programa secreto dirigido a dividir, destruir y neutralizar los movimientos de liberación nacional y las organizaciones radicales de izquierda en los Estados Unidos y Puerto Rico, al costo que fuera.  Conocido como Programa de Contra Inteligencia, o COINTELPRO, las tácticas del programa incluía la infiltración en organizaciones políticas y comunitarias de agentes/provocadores; hostigamiento en los foros judiciales; la propagación de rumores falsos y difamatorios en los medios para dañar las reputaciones de los líderes; crear división y discordia en las organizaciones mismas; instigar desconfianza y recelo entre los miembros y alentar el miedo en la comunidad; y movidas mucho más nefastas como el entrampamiento  cuyo resultado era la cárcel y el asesinato. Aunque alegadamente este programa gubernamental ilegal se desmanteló en 1975 – tras una investigación de un Comité del Senado de los Estados Unidos que determinó que el mismo incurrió en abusos rampantes –, el gobierno continúa utilizando las mismas tácticas de espionaje ilegal y disrupción de los movimientos hasta hoy día, como demuestra la persecución a la comunidad musulmana tras el 9/11 y al “Black Lives Matter” contemporáneo.  A este último se le tilda como un movimiento de “extremistas de identidad negra” y sus miembros son rastreados y los capítulos infiltrados por agentes de gobierno o elementos de extrema derecha para hacer su labor de provocadores.  El resumen histórico que se presenta en este escrito se hace con la esperanza de que servirá de recordatorio y advertencia de este caso concreto de represión y el insidioso daño causado, pero también de ejemplo de la subsiguiente lucha y esfuerzos de la comunidad para enfrentar y subsanar ese daño.

El movimiento independentista de Puerto Rico y su diáspora han sido blanco prioritario en la lista de organizaciones políticas del FBI por mucho tiempo.  En Chicago comenzaron a vigilar a los militantes puertorriqueños tras los motines de Division Street en 1966, con el propósito de debilitar y destruír a varias organizaciones, entre ellas los Young Lords, una pandilla politizada puertorriqueña cuyo modelo fue el Black Panther Party (Partido de Panteras Negras).  A mediados de la década de 1970, ya la mayor atención del FBI en Chicago se centraba en el CCP, que allanaron en el 1983.

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Se infiltra un agente en Chicago

En Marrero, el FBI consiguió a un trabajador diligente y a un ser maleable, que sabía congraciarse con las personas, y que comprendía el rol clave que tenia la comunidad puertorriqueña de Chicago en la lucha independentista, sobre todo en la diáspora.  El FBI aspiraba a utilizarlo para dividir, destruír y neutralizar el trabajo que llevaba a cabo esa comunidad.  Usando credenciales falsas, Marrero se mudó de Puerto Rico a Chicago.  Con el tiempo, logró congraciarse con José E. López, Director Ejecutivo del CCP y líder del Movimiento de Liberación Nacional (MLN, organización pro independencia de Puerto Rico).  López estaba en la mirilla del FBI desde hacía tiempo por su posición en el movimiento independentista en la diáspora, y por su férrea resistencia a los intentos del gobierno de destruir al movimiento – incluyendo el ir a prisión en 1977 por negarse a testificar ante un gran jurado federal que investigaba al movimiento.  También porque es el hermano de Oscar López Rivera, que en aquel entonces era buscado por el FBI por sus actividades clandestinas como miembro del FALN.  José E. López también era arquitecto clave de la campaña por la excarcelación de dos generaciones de prisioneros políticos puertorriqueños que cumplían condenas equivalentes a cadena perpetua por conspiración sediciosa, cargo político por conspirar para derrocar o destruir al gobierno de los Estados Unidos en Puerto Rico con el uso de la fuerza.

Marrero no solo se insertó entre el alto liderato de la comunidad, sino que perversamente se posicionó como amigo de la familia Rodríguez, también activistas independentistas.  Se casó con Evelyn, cuyas hermanas Lucy y Alicia eran dos de las prisioneras políticas cuya excarcelación se perseguía, y cuya madre, Josefina, era portavoz de la campaña internacional por la excarcelación de sus hijas y los demás prisioneros políticos.  Como si eso no fuera suficiente, abandonó a su esposa y a su hija sin miramientos, una vez logrado su objetivo de causar gran daño al CCP y a otras organizaciones en las cuales también sembró discordia y desconfianza.

Marrero orquesta el bombardeo de 1992

Marrero estaba al tanto de que la campaña por la excarcelación de los prisioneros políticos puertorriqueños se había ampliado más allá del apoyo inicial de familiares, militantes independentistas y aliados por conciencia.  Para promover disención en la campaña y el movimiento, empezó a incitar a activistas y aliados alegando que el liderato se había tornado “flojo”, que estaba abandonando su política militante y acomodándose al electoralismo.  Marrero engatusó a activistas desafectos con el argumento de que la independencia de Puerto Rico solo se conseguiría por medios violentos.  Totalmente conciente de que el tema de la lucha armada era controversial y afectaría adversamente el apoyo cada vez mayor a la campaña y a la posibilidad de una conmutación presidencial, organizó una seudo célula clandestina, el Frente Revolucionario Boricua.  Entre los que reclutó estaba José Solís Jordán, profesor de la Universidad DePaul con quien había entablado “amistad”, así como a otras personas talentosas y en buenas posiciones.  Por supuesto que ninguna de estas personas estaba al tanto de que Marrero era un agente/provocador del FBI.

En nombre de su seudo-organización, en 1992 Marrero puso dos bombas caseras (“pipe bombs”, en inglés, y en algunos países donde se habla español se coocen como “bombas de tubería”) en un centro de reclutamiento militar en Chicago.  Puesto que lo hizo de noche, no hubo daño a personas, ni muertes.  Años más tarde, a punto de que expirara la posibilidad de formular cargos, Marrero, bajo órdenes del FBI, con el uso de micrófonos escondidos bajo su ropa, grabó a Solís hacienda declaraciones inculpatorias sobre el acto [la colocación de las bombas].  Poco tiempo después, a Solís se le formularon cargos por conspiración, intento de destruir propiedad del gobierno y posesión ilegal de explosivos.  Pero pronto el FBI mostró su verdadera mano: le ofreció a Solís la desestimación de todos los cargos si nombraba a José E. López como el autor intelectual del bombardeo.

Como suele pasar con el uso de informantes del gobierno, el caso de la fiscalía contra Solís se sustentó en el testimonio de Marrero.  Por su testimonio, no solo recibió inmunidad, sino pagos en efectivo ascendentes a sobre $100,000 y otros beneficios, que es de factopagar por su testimonio. Durante el mismo, Marrero admitió su propia participación en la planificación y ejecución de la colocación de las bombas, pero alegó que Solís también participó.  Por su parte, Solís negó con vehemencia haber participado de forma alguna en el acto y retó la aseveración del FBI de que había confesado. Basado casi exclusivamente en la palabra de Marrero — un inflitrado del FBI — el jurado encontró al profesor Solís culpable de todos los cargos; se le sentenció a 51 meses de prisión, con lo que su esposa quedó sola para mantener a sus cinco hijos.

El FBI y el Gran Jurado

El trabajo de Marrero con el FBI no terminó con el caso de las bombas caseras y el encarcelamiento de José Solís Jordán. También asistió al FBI con las convocaciones a unos gran jurados, supuestamente convenidos para investigar las bombas de 1992.  El gobierno de los Estados Unidos tiene un historial largo y vergonzoso de utilizar al gran jurado como arma represiva para coaccionar el testimonio de personas contra los movimientos donde militan o que apoyan, y de encarcelarlos si se niegan a servirle de lacayos a sus estratagemas políticas. Las autoridades estadounidenses, y Marrero, estaban muy al tanto del honroso historial del movimiento independentista puertorriqueño de resistencia a los gran jurados.

Marrero le suplió al FBI los nombres de otros independentistas en Chicago, incluyendo a Juan Marcos Vilar, Diana Vázquez y Rubén Rivera, quienes fueron eventualmente citados a comparecer ante un gran jurado, al igual que otros cuantos. Vilar, un respetado maestro en la Escuela Superior Roberto Clemente, era en aquel entonces el líder del comité nacional de los Estados Unidos a cargo de la campaña por la excarcelación de los prisioneros políticos puertorriqueños.  Por fortuna, nadie fue a prisión, pero las citaciones provocaron coraje y temor entre la comunidad.

La propaganda del Pito

Nuevamente instigado por el FBI, Marrero recurrió a una conocida táctica de COINTELPRO: la publicación y distribución de El Pito, una supuesta publicación anónima, vulgar y estridente, donde se mofaban de y difamaban a José E. López y otros líderes comunitarios que abogaban por reformas en el sistema de educación y participaban en la campaña por la excarcelación de los presos políticos puertorriqueños.  Sus “noticias falsas” (bulos, le llaman en otros países de habla hispana) y caricaturas lascivas intentaban socavar la credibilidad de los individuos y las instituciones mencionadas, y así impedir por miedo o intimidación el crecimiento del apoyo a las causas promulgadas por los susodichos.  Para poner a funcionar esta empresa, Marrero reunió a un grupo que incluía elementos derechistas y anexionistas, corredores de bienes raíces interesados en ampliar el proceso de “gentrificación” del área, y criminales desafectos de la comunidad.

Controversia en la escuela superior Roberto Clemente 

La Escuela Superior Roberto Clemente, situada en el corazón de la comunidad puertorriqueña en Chicago se creó tras una larga batalla de los padres y madres, y de los activistas de la comunidad.  En las postrimerías de la década de 1980 la Reforma del Consejo Local de Escuelas de 1988 le confirió al Consejo Local la autoridad para designar prioridades presupuestarias, desarrollar planes de mejoramiento escolar y, lo más importante, el poder para contratar y despedir a los principales de la escuela. Fortalecidos por la experiencia adquirida cuando se enfrentaron a maestros y maestras racistas en la escuela, el Consejo Escolar Local de la Clemente esbozó un innovador plan de reforma escolar.  Basado en la corriente de pedagogía crítica, el plan tenía cuatro objetivos principales: desarrollar un currículo que atendiera las necesidades y aspiraciones de su juventud; desarrollar un programa que enfatizara la auto-disciplina (con el fin ultimo de no tener que recurrir a la contratación de agencias profesionales de seguridad); la transformación del consejo escolar local a un verdadero instrumento de gobierno democrático; y la transformación de la escuela a una comunidad eficiente de servicios de apoyo.

Usualmente, la propuesta de reformas escolares sería un blanco improbable para ameritar la atención del FBI, pero en esta ocasión el FBI insidiosamente perseguía deslegitimar los ambiciosos planes de la comunidad para su escuela.   En esta fase, nuevamente, Marrero fue pieza clave.  Alegó que el CCP y el Movimiento de Liberación Nacional malversaron fondos anti-pobreza de Título I valiéndose del Consejo Escolar Local. Esos fondos, alegaba él, se utilizaron para subsidiar la campaña y el MLN; también para lo que llamó “un inmenso esquema de fraude por clientelismo”, donde se empleaba a padres y madres para tareas de seguridad en la escuela en vez de oficiales de seguridad y detectores de metales.  Esto le sirvió a un representante estatal local, conservador e ideológicamente opuesto a la independencia de Puerto Rico, para iniciar una investigación y celebrar vistas públicas.

El fiscal de las vistas, otrora fiscal federal adjunto Steven A. Miller, con un historial de persecución contra el movimiento independentista puertorriqueño, no le permitió a Marrero contestar las preguntas sobre su relación con el FBI que le hizo el representante estatal Constance “Connie” A. Howard, única afro-americana del panel de nueve personas.  Miller intervino diciendo la falsedad de que no tenía conocimiento de que Marrero tuviese alguna relación con el FBI – por supuesto que lo sabía – e insistiendo que tal información debía permanecer secreta.  Para mantener secreta la relación de Marrero con el FBI, se suspendieron las vistas.

Ni la investigación ni las vistas públicas, que costaron sobre $1 millón de dólares de dineros del pueblo y que conllevó la formación de cuatro o cinco gran jurados a lo largo de 1992 a 2002, produjeron evidencia de que el Consejo Local Escolar de la Escuela Superior Roberto Clemente violó los requisitos estatales que rigen el uso de los dineros de Título I. Por el contrario, la evidencia mostró que las Escuelas Públicas de Chicago aprobó el uso que hizo el CLE de los fondos, y que el mismo estaba dentro de los parámetros existentes de uso de Título I.   La auditoria a Clemente síarrojó algunas irregularidades en cuanto a la documentación e inventarios de equipo comprado con fondos de Título I , pero no hubo evidencia de actividad ilegal alguna, ni de que las irregularidades antes aludidas fuesen el resultado de una conspiración de independentistas puertorriqueños.  A pesar de este resultado, la investigación y las vistas fueron ampliamente cubiertas por la prensa, con titulares histéricos como “Utilización de fondos escolares para adelantar la excarcelación de terroristas”, y esto arrojó sombra a la reforma escolar, afectó a administradores escolares, maestras y maestros, y líderes comunitarios, y por supuesto minó la reputación del CCP.

Estado actual

Hoy día, tras años de lucrarse de los ingresos provistos por el FBI, Marrero vive cómodamente en Miami, presentándose como el director de operaciones de una reputada compañía consultora de administración de empresas que ayuda a negociantes que pertenecen a grupos de minoría a acceder a fondos federales, y a contratos con agencias federales. Ahora se inserta en una nueva “comunidad” de cubanos Floridianos ultra conservadores, jactándose de haber trabajado directamente con el hijo de Jorge Más Canosa, el mismito que la CIA entrenó para el ataque por Bahía de Cochinos, el que fundó la Fundación Nacional Cubano Americana, y que dedicó su vida a tratar de derrocar la Revolución Cubana.  Para sorpresa de pocos, el lambón Marrero utilizó las plataformas sociales de su compañía para celebrar la muerte de Fidel Castro, y para conseguir fotografiarse con personajes tales como el representante Díaz Balart.

Si bien aparentemente Marrero siguió su camino luego de su aberrante traición a la comunidad puertorriqueña, el CPP y sus dirigentes han trabajado por años para reparar las reputaciones de organizaciones e individuos afectados por la bajeza de Marrero.  Han trabajado para recuperar la confianza, luego de que este individuo infiltrara y trabajara con las autoridades gubernamentales para socavar relaciones y alianzas.  Se movieron para reimaginar a la comunidad y nuevamente ganarse la confianza de las agencias y fundaciones proveedoras de donativos y subsidios, vitales para continuar proveyendo servicios necesarios para la comunidad donde se opera.

 

Estos esfuerzos pos-Marrero para reparar, re-construir y re-imaginar, aunque arduos, han rendido fruto.  La mayor parte de los prisioneros políticos – incluidas ambas ex-cuñadas de Marrero — fueron excarcelados via conmutación presidencial en 1999.  El CCP está más fuerte, con quince programas que proveen servicios a la comunidad, incluyendo a la Escuela Superior Pedro Albizu Campos, (que le sirve a jóvenes que han sido marginados de las escuelas públicas de Chicago); el Centro de Cuido Infantil Consuelo Lee Corretjer; El Rescate, un refugio para jóvenes LBGTQI; VIDA/SIDA, un programa pionero para la prevención del SIDA; y muchos otros programas y servicios.

Hoy día las organizaciones progresistas y radicales están repletas de activistas que aspiran poner fin al racismo colonial y sistémico que define la historia de este país.  Aumentan las falsas noticias, los cargos sin fundamento y la persecución de activistas comunitarios desde los medios sociales y las instituciones legales. En vista de estas nuevas agendas de cambio, y la presencia constante en los medios de las protestas de #Black Lives Mattery#DefundPolice(llegando a ocupar el titular del New York TimesBlack Lives MatterPodría Ser el Movimiento Más Grande de los Estados Unidos”), es seguro que el gobierno aumentará el uso de las infames tácticas de COINTELPRO y la represión contra el activismo comunitario. Por lo tanto, es importante retomar la infrecuente discusión, y para algunos memoria vaga y lejana, del historial represivo del FBI contra el movimiento por la independencia de Puerto Rico en Chicago, porque contiene importantes lecciones para los movimientos de hoy día y puede aportar al futuro colectivo.

 El artículo fue publicado originalmente en ingles la traducción es de Sylvia Solá.

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