Un plebiscito indecoroso

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La senadora María de Lourdes Santiago ha sido, en términos generales, una legislatura leal a la independencia, talentosa y eficiente en sus funciones de portavoz de la minoría independentista. por eso me complace haber votado por ella para ocupar el escaño senatorial y haber firmado la petición de reinscripción del partido, tras la perdida de la franquicia en las elecciones pasadas, de manera que se le reconozca legalmente su carácter de portavoz de un partido minoritario. No dudo que sus actuaciones como mi legisladora y la de más de cien mil puertorriqueños que votamos por ella en noviembre del 2004, han sido siempre inspiradas en la mejor  buena fe  y su creencia de que las mismas responden a su propósito de hacer avanzar la causa de la independencia patria.

Naturalmente, María de Lourdes, como cualquier otro ser humano, suele equivocarse en sus pronunciamientos y actuaciones políticas en algunas ocasiones. Unas son en asuntos de poca monta, y otras de mayor significación.

La que voy a señalarle ahora, con tan buena fe como la suya, es de alguna trascendencia. Por eso me aventuro a hacerlo, en la esperanza de que la mueva a rectificar el equívoco.

En el Senado de Puerta de Tierra, se aprobó un proyecto de Resolución Concurrente favoreciendo el llamado plebiscito que ha solicitado al Congreso de Estados Unidos para que se efectúe en Puerto Rico, el Representante Serrano, del Bronx, y el Comisionado Residente Luis Fortuño. No tengo razón alguna para esperar que ni Fortuño ni los miembros de la mayoría senatorial de Puerta de Tierra vayan a rectificar su equivocación de enfoque. Sí creo posible que en el caso de Serrano se pueda dar el cambio de enfoque, por su identidad puertorriqueña y su condición de congresista del Bronx, en Nueva York, que es probablemente el barrio más habitado por puertorriqueños en el mundo entero. Y en el caso de María  de Lourdes, su indiscutible identidad, no solo de puertorriqueña, sino también de independentista, me alientan la esperanza de una rectificación. Ella se unió a la mayoría anexionista en el Senado de Puerta de Tierra para favorecer  el proyecto de Resolución Concurrente aludido. Para mí, eso es inconcebible en un independentista, sin importar la visión táctica, estratégica o partidista que pueda tener cualquiera de nosotros.

Tal plebiscito, como el que dijo favorecer la senadora pipiola con su voto afirmativo, es indecoroso y no tiene ni razón de ser, ni validez alguna en el mundo de hoy. Se trata de consultar a un pueblo —cuya identidad como nación latinoamericana y caribeña ha sido reconocida tanto por las grandes mayorías de aquí como por la casi unanimidad del mundo entero,— si quiere ser soberano o si prefiere permanecer como colonia.

Eso tiene la misma significación que hubiera tenido en los tiempos de la esclavitud la consulta a los esclavos de si querían ser libres o mantener su condición de esclavos. Ya la humanidad se ha desarrollado suficientemente en la comprensión de lo que son los derechos de todas las naciones, grandes, medianas o pequeñas, para ejercer a plenitud su plena soberanía y libertad. Por eso es que todos los proyectos aprobados por Naciones Unidas sobre Puerto Rico, se reitera el “derecho inalienable a la libre determinación y la independencia de conformidad con la Resolución 1514(XV) de la Asamblea General. “Inalienable quiere decir irrenunciable. Ningún pueblo, por niveles bajos de comprensión de sus derechos que puedan tener unas generaciones, precisamente por consecuencia de su sumisión al colonialismo por un larguísimo período —como es nuestro caso—, tiene derecho a decidir que prefiere ser colonia.

La pregunta que se hace en el plebiscito aludido, tanto en el proyecto ante el Congreso de Wáshington como el que aprobó el Senado de Puerto de Tierra, es precisamente esa, porque la alternativa que se da a mantener el statu quo es que “se encamine hacia un status no territorial y no colonial.” Ni siquiera los Populares se han dejado caer en esa trampa. No permita la senadora Pipiola que los anexionistas la utilicen como ficha inconsciente para sus maniobras politiqueras. Todavía tiene tiempo para rectificar. Hágalo ahora, y todo el independentismo boricua se lo agradecerá.

20 de marzo de 2007

 

 

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