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Una visita al Normandie y algunas batallas en el área

 

CLARIDAD

Mi única visita al Normandie debió ocurrir en 1969 o 1970, cuando, recién salido de la lucha estudiantil, laboraba como “Secretario de Zona” del Movimiento Pro Independencia (MPI) en el área de San Juan. Por conducto de Benjamín Ortiz Beleval llegó el aviso de que don Félix Benítez Rexach, figura ya entonces algo legendaria, quería hacernos un donativo, pero había que irlo a buscar al icónico hotel, que él había construido y todavía poseía. Hasta allí llegué con Benja temprano en la noche a lo que esperaba fuera un saludo y una entrega. El encuentro se prolongó porque el viejo, que estaba solo y quería conversar, nos habló por horas de sus obras y sus hazañas.

Ya ha pasado medio siglo desde aquel encuentro y entonces yo era un muchacho que vivía de prisa, sin conciencia de la historia. Sólo recuerdo que el tema principal de la conversación fue el edificio, que don Félix veía como una contribución a la arquitectura nacional. Estaba seguro de que la estructura sobreviviría por siempre y, mirando hacia edificios vecinos, advertía que no soportarían un terremoto, pero su Normandie sí aguantaría.

Recordé aquella visita porque en estos días de marzo de 2021, a un legislador ocioso se le ocurrió que el Normandie debía ser expropiado, no para su preservación, sino para ser demolido. La propuesta ha generado un mar de respuestas, la mayoría en defensa de la estructura que nació de un encuentro amoroso en alta mar y copió la forma del trasatlántico donde el amor nació.

Los que defienden su demolición se amparan en otro reclamo, tan viejo como el icónico hotel: el rescate de las costas. El edificio cortó la vista hacia el Escambrón y, tras su construcción, la lista de estructuras que tapan el mar siguió creciendo de forma exponencial hasta terminar, ya en siglo XXI, con un adefesio llamado Paseo Caribe. ¿Debe pagar el Normandie, sólo él, por esa larga lista de trasgresiones?

La pregunta me hizo recordar una de las muchas batallas que dio el MPI, que, precisamente tuvo el área del Escambrón como uno de sus escenarios principales. También en 1970 la organización ideó y desarrolló una campaña, cuyos ecos y consignas todavía se escuchan porque el problema no sólo continúa, sino que se agrava con los años: “Playas pal Pueblo”. Reclamábamos que se detuvieran las construcciones costeras y la privatización de playas, y que las ya invadidas les fueran devueltas al pueblo.

El símbolo de la privatización de playas en el área sanjuanera no era el Normandie, sino su vecino, el hotel Hilton, que le quitó un hermoso rincón a la comunidad de Puerta de Tierra. Por eso, el que ya era el principal hotel de San Juan se convirtió en el centro de los actos de desobediencia civil y desafío desarrollados en el verano de 1970. El 19 de julio de ese año se produjo una “invasión” de la playa del Hilton con el propósito de abrirla, aunque fuera por unas horas, a los vecinos de Puerta de Tierra.

La “toma” de la playa privatizada se ejecutó desde dos frentes. Desde el Escambrón un grupo de compañeros y compañeras nadó hasta el hotel, cargando una bandera de Puerto Rico (que creo portaba René Rodríguez), la que sería plantada en la arena como símbolo de su liberación. Otro grupo, que la noticia de CLARIDAD sobre el evento define como “una treintena”, entramos por el vestíbulo del hotel, blandiendo banderas y gritando consignas.

El grupo de nadadores, al que se unieron muchachos de Puerta de Tierra, llegó sin problemas hasta la playa y ejecutó la toma simbólica. Los que entramos por el vestíbulo también llegamos, pero, una vez allí fuimos detenidos a golpes y macanazos por policías y la seguridad del hotel. Varios fuimos arrestados y el resto de la tarde lo pasamos en el Tribunal de Distrito, también ubicado en Puerta de Tierra. (Se me acusó de “acometimiento y agresión”, siendo la alegada víctima uno de los “bouncer” del Hilton, con más de doscientas libras de músculos. De más está decir que, una vez el juez me vio parado de lado del mastodonte, la acusación no prosperó.)

Por aquellos días, en el Condado y el área frente al Normandie, se dio otro desafío del MPI, esta vez contra la prohibición de fijar pasquines en postes y propiedad pública, que se aplicaba de forma discriminatoria. Se acordó que militantes y miembros de la dirección desafiáramos la prohibición colocando el pasquín de la campaña “Playas pal Pueblo” (diseñado por el maestro pintor José Alicea) al mediodía y con anuncio previo.

El desafío tuvo todo el efecto que pretendíamos. Casi todo el grupo fue arrestado, entre otros, Juan Mari Brás, Fermín Arraiza, Florencio Merced y Alberto Pérez, y pasamos la tarde en la Cárcel Municipal de San Juan, más conocida como la de la “Parada 8”, hasta que tras un recurso judicial presentado por los licenciados Enrique “Chino” González y Lorenzo Piñero, entre otros, se ordenó nuestra liberación. Eventualmente el Tribunal Supremo emitiría un dictamen prohibiendo la aplicación discriminatoria del Art. 7 del Código Penal. Aquel desafío fue uno de varios “experimentos jurídicos” ideados por Mari Brás para retar leyes que se aplicaban de forma discriminatoria contra luchadores independentistas.

El problema que pretendía enfrentar la campaña “Playas pal Pueblo”, que comenzamos en 1970, se agravó con el paso de los años. La última agresión al derecho del pueblo a disfrutar las costas fue la construcción del enorme adefesio arquitectónico llamado Paseo Caribe, que ocupó el último espacio libre en el área y tapó el acceso al Fortín de San Gerónimo. Quienes ahora favorecen la demolición del Normandie para lograr mayor vista al mar, debieran plantearse comenzar por las últimas agresiones, no por la primera. ¿Qué tal si comenzamos demoliendo Paseo Caribe que, a diferencia del edificio que construyó don Félix Benítez, carece de valor histórico, a no ser por la batalla épica que, contra su construcción, dio el amigo Tito Kayak?

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