Unidas por la descolonización

El mensaje que subraya la inmoralidad del coloniaje,
ha calado hondo en la conciencia de aquellos que reconocen la injusticia que ello representa. Por ello continuaremos en ese esfuerzo arduo y sacrificado, pero a su vez, alentador que nos conducirá a allegar aliados a nuestra lucha, en las esferas de
poder político estadounidense.

Por María de Lourdes Guzmán 

Especial para CLARIDAD

Una de las experiencias mas edificantes y provechosas que he vivido durante los últimos años de mi vida, ha sido formar parte del Junte de Mujeres M–18. Este proyecto, que nace de la visión de la querida amiga y veterana periodista Wilda Rodríguez, logró unir a seis mujeres del espectro político puertorriqueño comprometidas con la soberanía y la justicia social para nuestro país. Convocadas hace cerca de un año, nos propusimos luchar contra la Junta de Control Fiscal, la Ley Promesa, las leyes de cabotaje, por la auditoría de la deuda y la descolonización de Puerto Rico. Todos estos asuntos tienen como eje principal, la situación colonial del país, que luego de más de 120 años, exige la más decidida concertación de esfuerzos, por encima de aquello en lo que podamos discrepar. La Lcda. Mariana Nogales, presidenta del Partido del Pueblo Trabajador (PPT), la Lcda. María de Lourdes Santiago, Vice-Presidenta del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), la Lcda. Wilma Reverón, co-presidenta del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH), la Lcda. Alexandra Lúgaro, candidata independiente a la gobernación en las elecciones del 2016, la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz y la que escribe, como presidenta del Movimiento Unión Soberanista (MUS), hemos demostrado por medio de este esfuerzo, cuan necesaria, urgente y posible es la unidad de propósito, a pesar de las diferencias que puedan existir entre nosotras si, sobre todo, queremos alcanzar estos objetivos que atentan contra la existencia misma de nuestro país. 

Entendiendo que, de todos los asuntos que nos han unido como Junte, la situación colonial es la más transcendental, nos hemos dado a la tarea de hacer llegar nuestro mensaje a las esferas de poder político en los Estados Unidos, con la colaboración de hermanos y hermanas de la diáspora, que continúa creciendo, debido a la situación de empobrecimiento y falta de oportunidades que enfrenta nuestro país. Contrario a lo que muchos pudieran pensar, numerosos sectores de nuestra diáspora/exilio, abrazan su puertorriqueñidad y están totalmente comprometidos con la justicia que merece nuestro país y con el fin del coloniaje. Así, desde el pasado año hemos comenzado a visitar oficinas de congresistas estadounidenses, haciéndoles saber que, distinto a lo que es y ha sido por los pasados años el mensaje del anexionismo, el pueblo no respalda mayoritariamente la estadidad y que resulta urgente encaminar un proceso serio de descolonización. En ese sentido, les hemos hecho saber que no puede seguir siendo pretexto para la inacción del gobierno federal, la alegación de que los puertorriqueños “no nos pongamos de acuerdo”, discurso detrás del cual se escuda la indolencia que ha caracterizado a ese gobierno ante la situación de coloniaje y subordinación política que es, cada vez más, insostenible. Hemos trasmitido el mensaje de que el gobierno estadounidense tiene que asumir la responsabilidad que le corresponde tras haber invadido y ocupado militarmente nuestro país hace 120 años, socavado nuestro desarrollo económico y social y condenándonos a la pobreza y a la ignominia. La ocupación de nuestro suelo ha producido una sociedad que menosprecia su capacidad, potencial y talento, minando así nuestras posibilidades de alcanzar la soberanía e independencia que es derecho inalienable de todos los pueblos del mundo. 

Este esfuerzo cuyo principal motor es el amor a nuestro país, pretende llenar el vacío que, lamentablemente y por muchos años, hemos dejado los independentistas y soberanistas en ese espacio político tan importante. Gracias a nuestro trabajo, como al de muchos otros que se desarrollan en la capital federal, los políticos estadounidenses están conociendo lo nefasto que ha sido para nuestro pueblo la imposición de la ley Promesa y de la Junta de Control Fiscal, la aplicación a Puerto Rico de las leyes de Cabotaje, que encarece nuestros productos de manera exorbitante y la inmoralidad que representa mantener a  nuestro archipiélago como colonia del país más poderoso del mundo que se proyecta, internacionalmente, como el paladín de los derechos humanos. Así, planteamos firme y reiteradamente, diferenciándonos del discurso anexionista que nos tilda de ciudadanos americanos residiendo en un territorio estadounidense, que somos un país, una nación latinoamericana y caribeña, con su propia cultura, historia, idioma, identidad e idiosincrasia. Contradecimos, decididamente, la narrativa de aquellos que pretenden que nuestro pueblo sea absorbido por el que nos sojuzga, bajo el pretexto de alcanzar la igualdad, en el país con la distinción de ser el de la mayor desigualdad en el mundo.  

La receptividad de los asesores de congresistas a quienes hemos visitado ha sido sorprendentemente positiva. Estos, mostrando una inusitada empatía, han agradecido recibir el mensaje de un sector importante de nuestro pueblo que reclama respeto a su identidad, a su soberanía, a su derecho a la autodeterminación, en fin, a ser lo que en realidad somos: puertorriqueños. No cabe reclamar la igualdad, porque no somos sus iguales. Asimismo, hemos recalcado que este no es un asunto de derechos civiles, derecho que atañe, particularmente, a los individuos. Se trata del derecho a la autodeterminación, que pertenece a todos los pueblos y que nos ha sido injustamente negado por la potencia colonizadora. Un día adicional en que los Estados Unidos nos mantenga como colonia es un día más en que se nos niega el ejercicio del derecho fundamental a la autodeterminación. Un día adicional en que los Estados Unidos nos mantenga como colonia, es un día adicional en el que ese país, continúa cometiendo un crimen contra la humanidad. El mensaje que subraya la inmoralidad del coloniaje, ha calado hondo en la conciencia de aquellos que reconocen la injusticia que ello representa. Por ello continuaremos en ese esfuerzo arduo y sacrificado, pero a su vez, alentador que nos conducirá a allegar aliados a nuestra lucha, en las esferas de poder político estadounidense. Ese espacio no puede abandonarse y trabajarlo nos recompensará y nos ayudará a labrar el camino hacia la victoria final. 

La autora es Presidenta del Movimiento Unión Soberanista