Viaje a la ruta del exilio-parte 1

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Por María Cristina/CLARIDAD

 

Varias experiencias me enlazaron con la historia de la 2nda República Española declarada por votación el 14 de abril de 1931, la sublevación del ejército el 18 de julio de 1936 y el derrocamiento de la República con la toma de Barcelona el 26 de febrero y Madrid el 27 de marzo de 1939. Escuchar de mis profesores de la Universidad de Puerto sus encuentros con los artistas, intelectuales y académicos españoles exiliados que fueron sus profesores, amigos y colegas (las investigaciones de la Dra. Matilde Albert Robatto en Puerto Rico y Consuelo Naranjo Orovio en España), sentó una historia hasta entonces desconocida para mi. Viajar a Europa por primera vez en 1975 como parte de un ‘charter’ a Madrid, lleno de estudiantes y algunos profesores, donde cada unx trazaría su propia ruta hasta su retorno a San Juan nueve semanas después, fue una experiencia que cambió mi visión de la vida.

Fue impresionante llegar un 31 de mayo a un Madrid totalmente armado por tropas que portaban fusiles desde el aeropuerto de Barajas hasta la entrada a la ciudad. En ese momento no sabía que este despliegue era la bienvenida del gobierno de Franco al presidente de E.E.U.U., Gerald Ford. Madrid parecía un carrusel con ferias y multitudes en las plazas, una celebración de ser algo importante. Me escapé del frío—tanto de la gente como de la temperatura—viajando en tren hacia el Sur con mi mágico “EuroPass”. Después de pasar unos días y noches muy divertidos en Benidorm, decidí no regresar a Madrid hasta mi partida y visitar a Barcelona donde residía la familia de mi ex compañero de Nueva York. La entrada del tren a la estación me hizo descubrir la otra España: pintado de prisa con letras rojas y negras (como el Pedro Rojas de César Vallejo) “Abajo la dictadura”. El dictador moriría ese mismo noviembre y España, gracias a su resistencia por casi 40 años, se reinventaría con una nueva constitución (todavía con monarquía) y un empeño de rescatar la historia de todos esos años de mutismo y represión.

Y así llego al siglo XXI—sin haber vuelto a España desde 1975—y encuentro en el Metropolitan Museum of Art una exhibición de Picasso, Gaudí, Dalí y Miró de sus dibujos, carteles y pinturas creados durante la Guerra. En el Museo de la Ciudad de Nueva York logro ver el homenaje a los voluntarios de Nueva York de la Brigada Lincoln con cartas, fotos y todo tipo de recuerdos de los que viajaron a España para ser parte del apoyo internacional a la defensa de la República. Mi colega, Alma Simounet, me facilita un hermoso libro que adquiere en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía: Carteles de la Guerra Civil Española. En uno de mis viajes al Festival de Cine de Montreal (Festival des Films du Monde) aproveché mi estadía para ver una exhibición muy especial en la Universidad de Concordia del Dr. Norman Bethune, quien colaboró con el equipo médico durante la guerra llevando al frente de batalla las clínicas movibles para hacer transfusiones de sangre y así los heridos no murieran en camino a los hospitales. Ya unos años antes había visto el filme de Phillip Borsos de 1990, Bethune: The Making of a Hero, con Donald Sutherland y Helen Mirren y quedé fascinada con este médico que luego de España viaja a China y se une al movimiento revolucionario de Mao Zedong. De todos estos encuentros surgen dos proyectos de los que me siento muy orgullosa: el diseño de un curso para el Programa de Honor de la UPR-RP “La cartografía cultural de la Guerra Civil Española: literatura, cine, fotografía y cartel” y “The Interpretation of History through Literature and Film: The Spanish Civil War in European and North American Narrative and Film” para el programa graduado del Depto. de Inglés de la Facultad de Humanidades dentro de mi especialidad de cine y literatura. También tuve la oportunidad de conocer y luego investigar documentos de todo tipo en la biblioteca Tamiment de New York University (NYU) que tiene los archivos de los brigadistas internacionales (alba-valb.org).

Así que después de estas experiencias presenciales, me dedico entonces a leer intensamente desde historia, arte, periódicos y folletos hasta testimonios de historiadores, artistas, intelectuales y participantes de la Guerra Civil Española. Releo For Whom the Bell Tolls de Ernest Hemingway y los ensayos de Virginia Woolf sobre la participación y muerte de su sobrino Julian Bell en España. Incluyo en mis cursos El hombre que amaba los perros de Leonardo Padura y descubro el proyecto de Almudena Grandes, “Episodios de una guerra interminable” de los cuales he devorado cuatro (Inés y la alegría, El lector de Julio Verne, Las tres bodas de Manolita y Los pacientes del doctor García) y pronto comenzaré la recién publicada, La madre de Frankenstein, después que termine Largo pétalo de mar de Isabel Allende. El proyecto que sigue es ver filmes de todo tipo recreando sucesos de la guerra y posguerra—dos excelentes nominados y premiados por los Goya este año—al que luego dedicaré una página especial.

No hace ya tanto, descubro—gracias a mi yerno Edwin Rivera—a Jordi Sierra i Fabra, escritor de novelas detectivescas situadas en la Barcelona franquista que tiene como protagonista a Miquel Mascarell, ex inspector de la policía, arrestado cuando las tropas Nacionalistas toman la ciudad, condenado a muerte, luego conmutada por trabajo en el Valle de los Caídos y ocho años después dejado libre bajo supervisión del nuevo orden de ley en su propia ciudad. Son 10 novelas con fechas muy específicas que son muy difíciles de no hacer “bingeing”. Además, es autor del proyecto “El tiempo del exilio” con tres libros sobre el exilio español en México. Como Sierra i Fabra es tan detallado en sus libros sobre la geografía urbana de Barcelona, decido regresar a España y recrear la ruta del exilio. Me atrevo a pedir la asistencia de este escritor—o de su equipo de trabajo—a través de su página (fundaciosierraifabra.org) y, aunque no pudieron ayudarme directamente, me refirieron precisamente a la página La Ruta del Exilio (coneixerhistoria.cat). Así comienzo a montar mi viaje que ocurrió precisamente hace un año: del 23 al 31 de mayo 2019 y del que escribo la semana que viene.

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