Vitico

 

 

Por Chiqui Vicioso/ Especial para En Rojo

La última vez que conversé extensamente con Vitico fue en el almuerzo que organizó Cornelia Margarita, para  su promoción de la escuela NEXA, o Salvador Cucurullo, de Santiago.

Un autobús repleto con los y las viejos compañeros llegó desde Santiago, con Liliana Martínez, Rosita Fadul, Nonnora Fondeur, Mayerlig Bonnelly, Miriam Girbes, Luchy Rodriguez, e innumerables otros y otras de un tiempo cuando en la Calle El Sol, por la mañana, izábamos la bandera cantando “Ya empezó su trabajo la escuela y es preciso elevarte al azul”… Orlando y yo rememorábamos nuestro paso por las aulas, donde ambos éramos absolutamente tímidos, y “nerds”. Tan tímidos que  nos relajaban diciendo que éramos novios.

Todos nos celebrábamos, algunos ya tenían canas, otros habían engordado demasiado (entre ellos Vitico, que en su tiempo era el más buen mozo de todos nosotros). Cornelia Margarita estaba espléndida.  Después del almuerzo vino la sesión de fotos y el video, y su afán de colocarnos como se debía. Todos nos reíamos a mares, recordándole que ella no era  la Señorita  Monegro.

Miriam Girbes, la infante terrible de esos tiempos, una verdadera rebelde, planteaba que debíamos escribir una obra de teatro colectiva, y comenzar a inventar los diálogos. Vitico seria el mismo galán, el que conquistaba a las muchachas más bonitas de la escuela, porque aunque aún no cantaba sabía como encantar con su verbo libre de ataduras y mojigaterías. Aún no había escrito Mesita de Noche; aún no violentaba las reglas sociales de la provincia, diciéndole al objeto de su amor que no le prometía el cielo sino una casita chiquita y bonita, algo impensable en el Santiago de esa época.

Aún no era el Sancho de Sonia Silvestre, ni recorría la isla de Cuba  y otras islas haciendo dúo con ella en múltiples escenarios y ganándose la nacionalidad cubana a fuerza de puro lirismo, de pura canción con contenido social, de pura militancia artística.

Aún no era el paladín de la bachata, y defensor de los cantautores populares de ese género, como el autor de “Luna, dime tú si ella me quiere…como yo la quiero a ella, como tan solo se quiere una sola vez”.

Aún no había puesto a circular su disco entre amigos, con Serrat, Ana Belén, Sabina, hermanos  que forjó en 7 Días con el Pueblo,  y sus compañeros de siempre, José Antonio y Manuel Jiménez.

Y, aún no había vuelto a los escenarios, esta vez acompañando al Quijote Freddy Ginebra, para que antes de que este “perdiera la memoria” pudiera contar sus anécdotas llenas de ingenio y alegría.

Porque así era Vitico, por encima de todo un compañero de sus amigos y amigas, un hombre tierno a su manera..