Why I go to the movies with Lillian: El cielo y el infierno en este mundo

 

Por Jan Galligan y Lillian Muler / Especial para En Rojo

Conduciendo hacia el barrio Miramar de San Juan, pasamos por el Fine Arts Cinema Café y el estacionamiento de pago. Llegamos temprano para la proyección de Styx, la primera película de la lista para la 30ª edición anual del Festival de Cine Internacional de San Juan. Doblamos la esquina y subimos la colina, buscando estacionamiento en la calle. “Ve despacio,” dice Lillian, “siempre encontramos algo por aquí.” Tiene razón, hay una justo por delante. Cuando detengo el Jeep, un pequeño automóvil pasa rápidamente y nos interrumpe. El conductor del Subaru se asoma por la ventana mientras retrocede. “¡Ese es mi lugar!”grita el. Seguimos conduciendo. Dos, tres, cuatro cuadras arriba de la colina, giramos a la izquierda en una calle lateral y vemos un espacio, pero la acera está pintada de amarillo y ademas está en una intersección. “Probablemente no deberíamos estacionar aquí, podríamos ser remolcados,” le digo a Lillian. “Nadie es remolcado,” dice ella, mientras que otro auto toma el lugar. Por fin, dos cuadras más allá hay otro espacio. Enseguida meto el Jeep en el lugar, y caminamos cuesta abajo hacia el cine.

Cuando asistimos a un festival de cine, Lillian y yo hacemos planes cuidadosos. Revisamos la lista de películas que se mostrarán, leemos las breves sinopsis, hacemos nuestras elecciones y escribimos un calendario. Por regla, no vemos los trailers ni leemos las criticas. Preferimos un elemento de sorpresa cuando vemos una nueva película. Guardamos la investigación para después de haberla visto y entonces comparar nuestras reacciones e interpretaciones con otras que encontramos en línea.

Lillian tiene una regla estricta: debemos llegar a tiempo para no perder lo principio. Trato de cumplir, pero aunque me aseguro de que ella llegue a tiempo cuando pasan los créditos, yo me desvío. Me detengo a tomar un café de última hora o verifico información sobre otros eventos en el vestíbulo. A menudo no llego a tiempo para los primeros minutos.

Eso sucedió con Styx, una película alemana dirigida por Wolfgang Fisher que fue nominada para el Premio del Público en 2018 en el American Film Institute Festival. Lillian ya estaba en su asiento, cuando llego cinco minutos tarde. “Te perdiste la apertura de nuevo,” susurra Lillian. “La protagonista, que parece ser médico, llega en ambulancia en medio de una ciudad para ayudar la persona herida en un accidente de automóvil,” me dice. “Todo el tiempo fue observada por un grupo de monos encaramados en la cornisa de un edificio cercano, mientras la observamos desde el punto de vista de los monos. Hay algo extraño en esos monos, pero no sé lo que significa.”

Al momento, el personaje médico está cargando cuidadosamente una gran cantidad de suministros en un yate de veinte metros. Claramente, está haciendo un largo viaje por el océano, y aparentemente sola. Observamos cómo traza su rumbo, comenzando en Gibraltar y apuntando a la famosa isla Ascensión de Darwin en la costa de África, a 2500 millas al sur sobre el océano abierto. Mientras zarpa, estamos allí con ella, mirando por encima del hombro o mirándole los ojos mientras navega el velero en aguas relativamente tranquilas, con un buen viento a la espalda. Ella es mas de capaz, está totalmente en control, confiada con una presencia dominante.

Lo que impresiona inmediatamente es el trabajo de la cámara. Estable y sólido como una roca, a pesar del entorno cambiante y el balanceo del velero. Por supuesto, han empleado una Steadicam para este proyecto. Inventado e introducido al cine en la década de 1970, el aparato Steadicam, usado por el director de fotografía, mantiene la cámara en una posición absolutamente inmóvil, incluso cuando el camarógrafo se mueve hacia arriba y abajo. Aquí, vemos el horizonte dividiendo uniformemente la pantalla por la mitad, y cuando el bote se mueve con el viento y las olas, la línea del horizonte no se mueve. Este horizonte inquebrantable indica un presagio para el resto de la historia: el futuro se encuentra en o más allá de ese horizonte.

La película sigue siendo una historia inmersiva y convincente hasta el final, que no te vamos a estropear contando aquí. Luego, comenzamos nuestra investigación. ¿Qué tenían esos monos, que me perdí al principio? Resulta que son los macacos de Berbería, conocidos monos semi-salvajes que dominan las calles de Gibraltar, donde comienza la historia. Los monos pueden ser un presagio para el encuentro con el médico que ocurre en el acto final de la película. Refugiados de África, se congregan en grupos de 20 a 50; los macacos se han adaptado a su nuevo entorno, viviendo por las orillas, mientras a menudo aventuran hasta el centro de la ciudad. Posiblemente representan la naturaleza salvaje e indómita frente a la civilización de la ciudad.

Entrevistado en el Festival de Cine de Cannes, el director Fisher dice que su película “representa el existencialismo en todos los sentidos, lo que plantea tres preguntas: ¿Quiénes somos? ¿Quién queremos ser? ¿Y quién tenemos que ser en el mundo en que vivimos ahora?” El título de la película Styx hace referencia a la deidad de la mitología griega en ese reino entre la tierra y el infierno donde las almas de los recién muertos son transportadas, y donde los coléricos y pecadores se ahogan por toda eternidad.

Investigaciones adicionales nos informan que Fisher eligió deliberadamente, contra todo consejo al contrario, filmar toda la historia a bordo del velero en mar abierto. Filmado durante un período de cuarenta días, cada día la pandilla y la actriz principal, Susanne Wolff, zarparon de su puerto en Malta hasta que estuvieran lo suficientemente lejos del mar como para no ver tierra en el horizonte. En la segunda semana de filmación, Wolff, que no tenía experiencia previa como piloto de un velero, se había convertido en un experto navegante.

Styx tenía un presupuesto de 3 millones de dólares. Modesto en comparación con una película como Pain and Glory de Almodóvar con un presupuesto de producción de $20 millones y ganancias de $ 25 millones. Styx ha ganado hasta ahora menos de $100,000 en todo el mundo, pero con los éxitos del festival y un buen marketing, debería estar en posición de recuperar la inversión y más.

Gustave Doré,Styx, ilustración para Milton’s Paradise Lost,1886

La segunda película en nuestra lista para esta sesión fue Yomeddine, un primer intento por el director egipcio de 34 años Abu Bakr Shawky, quien recibió un gran empujón hacia arriba cuando su película fue seleccionada para el Festival de Cine de Cannes, después de ganar el premio del Public Favorite en el Wisconsin Film Festival 2018, presentado en la universidad de Madison. Yomeddine significa en egipcio, el día del juicio. Los coptos sostienen que el Juicio Final es uno de los principios centrales de su fe, el día en que todas las personas, vivas y muertas, son juzgadas, no físicamente, sino por sus actitudes y acciones, y son recompensadas con el Cielo o arrojadas al Infierno.

Yomeddine cuenta la historia de un hombre de mediana edad, curado de lepra infantil, viviendo una vida indigente en la misma colonia de leprosos donde sus padres lo abandonaron cuando era niño. Se mantiene en la búsqueda de objetos útiles sobe una montaña de basura que tiene un parecido al resultado de un huracán. Los eventos lo llevan a decidir buscar a su familia y esta búsqueda lo lleva cientos de millas en carro de burro, y después que muere el burro, en vagón de tren y por ultimo a pie. Cuando parece que no puede ir más, exhausto y desplomado tirado sobre la acera en una esquina muy ocupada, es asaltado por un hombre impulsado solo por sus brazos ya que no tiene piernas, gritándole: “¡Ese lugar es mío!” exigiendo que se vaya de inmediato. Este parapléjico termina con compadeciendo al protagonista, le salva la vida y le enseña una lección en humildad. Cuando otro paria le pregunta cómo está, el parapléjico responde: “Bueno, tengo las piernas cansadas de estar todo el día parado sobre ellas.”

Yomeddine se destaca por lo que Lillian y yo llamamos el cine de la intimidad, que definimos como películas que utilizan la fotografía de cerca en el extremo en contar la historia. Es principalmente un palabra técnico, basado en el desarrollo de cámaras de video livianas, económicas y de alta calidad que se han hecho disponibles durante los últimos diez años. Nos dimos cuenta por primera vez después de ver Los Tres Mundos de Mark dirigida por Flora Pérez Garay en el Festival de aquí en 2016. Para nosotros, el uso de un acercamiento extremo facilitado por estas cámaras crea una relación entre el actor y el público que sobre pasa lo íntima, resultando en algo mas intruso.

La intimidad se puede medir. Normalmente las personas interactúan a la distancia de un brazo, 30 pulgadas. Cuando te acercas, a una distancia de 15 pulgadas del antebrazo, comienzas a invadir el espacio personal que solo se permite si tienes una relación íntima con esa persona. Si te mueves a lo largo de una la mano, 7 pulgadas, entonces de veras estas encima de uno. Un poco de geometría es útil. Las pantallas de cine son de unos 20 pies de altura. Si te sientas en la primera fila del teatro como a Lillian y yo nos gusta, la imagen nos abruma y estás inmerso en la imagen y la historia igual. Cuando el director usa un acercamiento, ingresas al espacio personal de ese personaje. Hasta el advenimiento de estas cámaras, lo largo del brazo era lo mas cercano que permitía el equipo. Ahora los cinematógrafos pueden moverse a la distancia de la mano si así lo prefieren, en cuyo caso estás a centímetros de la cara, nariz u oreja del personaje. Eso es intimo. Y ese tipo de punto de vista es cada vez más popular en las películas realizadas con estas cámaras. Estás tan cerca y tan íntimo que resulta incómodo sentarse en las primeras filas. Imagine una nariz de 20 pies de altura. Podrías caminar directamente por la ventana de la nariz.

Otro aspecto del algoritmo de éste equipo son las instalaciones para la edición de películas digitales, que tienden a ser computadoras de escritorio o portátiles, asi como en la salida principal para la película que tiende a estar en línea. Durante la producción y la distribución, la película se ve en pantallas de computadora y, a menudo, en pantallas de iPhone, lo que significa que toda esa intimidad se reduce sustancialmente a un tamaño manejable. En un iPhone, no puedes ser demasiado íntimo. Nuestro sentido es que ahora, directores de bajo presupuesto no toman en cuenta la pantalla grande en consideración del formato final de su película.

En el caso de Yomeddine, la mayoría de las escenas se filman en fotagrafía cercana al extremo. Después de los primeros diez minutos, tuvimos que cambiar de asiento y alejarnos, era demasiado incómodo ser tan íntimo con este personaje y su situación. Además, fue difícil leer los subtítulos repartidos por la pantalla. En general, hemos renunciado a nuestro lugar favorito en la parte delantera del teatro en favor de los asientos a medio camino de la pantalla. Eso tiende a resolver el problema de la intimidad para nosotros.

Además de utilizar equipos de bajo costo y alta calidad, Shawky hizo Yomeddine con un presupuesto muy pequeño, caracterizado por una campaña de Kickstarter que recaudó $20,000 para completar la película. Eso sugiere un presupuesto de menos de $100,000 para todo el proyecto. Hasta la fecha, la película ha ganado alrededor de $12,000. Sin embargo, es temprano y el impulso apenas comienza a desarrollarse. Por el momento no hay medios autorizados en línea para su película, pero si Shawky puede llegar a un acuerdo con Amazon, como lo ha hecho Wolfgang Fisher para Styx, entonces Yomeddine podría ser un éxito tanto financiero como artístico.

Lo que nos lleva a nuestra conclusión: para nosotros los cineastas son como artistas. En general, no son impulsados por la necesidad de ganar dinero, sino que el objetivo es contar una buena historia, mientras desafían el status quo y resaltan la condición humana. El resultado es arte, ya sea en una galería de arte o en la pantalla grande.

Los autores son artistas y cronistas que viven en Santa Olaya, PR